El éxito arrollador de Titanic en la taquilla mundial ocultó durante años una controversia ética que afectaba directamente a los familiares de las víctimas reales. James Cameron, director de la película, admitió finalmente que su enfoque prioritario era el drama cinematográfico y no la precisión histórica.
La familia del oficial William Murdoch se sintió ofendida por la representación ficticia de sus últimos momentos en la cubierta del barco.
James Cameron reconoce su falta de sensibilidad histórica
En el documental Titanic: 20 años después, el cineasta escocés reflexiona sobre las consecuencias de sus decisiones narrativas. Confiesa que no actuó con la delicadeza necesaria hacia los supervivientes y sus descendientes.
"No estaba pensando en ser historiador, y creo que no tuve sensibilidad con el hecho de que su familia, sus sobrevivientes, pudieran sentirse ofendidos por eso. Y así fue" - James Cameron, director de cine
Esta admisión llega décadas después del estreno inicial, ocurrido el 9 de enero de 1998. La cinta, con una duración de 3 horas y 14 minutos, lanzó al estrellato a Leonardo DiCaprio, Kate Winslet y Billy Zane.
Los testigos contradicen la escena del suicidio
La ficción muestra al personaje de William Murdoch, interpretado por Ewan Stewart, aceptando un soborno del villano Cal Hockley. El oficial dispara a dos pasajeros antes de quitarse la vida.
Los registros históricos pintan un cuadro radicalmente distinto. Los testigos del hundimiento de 1912 y el segundo oficial Charles Lightoller aseguraron que Murdoch trabajó incansablemente para subir a personas a los botes salvavidas.
Ningún testimonio lo identificó como autor de disparos o de un suicidio. La discrepancia entre la realidad documentada y el guion cinematográfico generó un conflicto legal y moral inmediato.
La disculpa pública llegó tras una denuncia familiar
El sobrino de Murdoch, quien tenía 80 años en aquel momento, encabezó una denuncia en la localidad de Dalbeattie. La presión social obligó a los productores a emitir disculpas públicas por el daño causado a la reputación del oficial.
A pesar de esta polémica, la industria premió masivamente la producción. La película obtuvo 11 premios Oscar en 1998.
Este logro igualó el récord establecido por Ben-Hur en 1959. Posteriormente, El señor de los anillos: El retorno del rey igualaría esta cifra en 2003.