La inteligencia artificial avanza a paso de gigante y con ella crece la promesa de una nueva era de eficiencia, productividad y transformación del trabajo. Pero como suele ocurrir en cualquier revolución tecnológica, no todos ganan por igual. Detrás de los algoritmos y los sistemas automatizados, hay una realidad incómoda que empieza a perfilarse con claridad la transición digital podría dejar a muchas mujeres al margen del sistema laboral, especialmente en sectores clave como las finanzas, la tecnología y los servicios profesionales.
Una brecha que se agranda con cada línea de código
En el Reino Unido, donde la City de Londres sigue siendo un epicentro global del poder financiero, un informe de la City of London Corporation ha lanzado una alerta. Si no se toman medidas urgentes, en la próxima década podrían desaparecer alrededor de 119.000 puestos administrativos en servicios financieros, profesionales y tecnológicos. Lo preocupante no es solo la cifra, sino a quién afecta. Estas funciones las desempeñan mayoritariamente mujeres. Y la IA, con su capacidad de automatizar procesos repetitivos y estructurados, las convierte en blanco fácil.
Este fenómeno no es un accidente, sino el resultado de una combinación tóxica automatización sesgada y estructuras laborales que no han evolucionado lo suficiente. Las mujeres con más de cinco años de experiencia en estos sectores están siendo descartadas con más frecuencia para puestos digitales. ¿La razón? Sistemas de selección automatizados que no consideran las interrupciones en sus trayectorias, muchas veces motivadas por el cuidado de hijos o familiares.
Es irónico. La tecnología promete neutralidad, pero reproduce los prejuicios humanos. Un currículum con lagunas temporales, sin contexto, se descarta en frío. La rigidez de los algoritmos no entiende de maternidad, de responsabilidades familiares, de equilibrios invisibles que muchas mujeres mantienen a diario. Y así, se pierde talento. Mucho talento.
El costo humano y económico del abandono
El informe estima que cada año hasta 60.000 mujeres abandonan sus trabajos en tecnología en el Reino Unido. No porque no quieran seguir, sino porque no ven futuro falta de promoción, falta de reconocimiento, falta de una remuneración justa. Esto no es solo injusto. Es también un despilfarro económico.
Recualificar a estas trabajadoras, aquellas en puestos administrativos más expuestos a la automatización, podría ahorrar a las empresas británicas hasta 757 millones de libras en indemnizaciones por despidos. Esa cifra no es solo dinero ahorrado, es la posibilidad de retener experiencia, de mantener equipos estables, de construir una transición digital más humana.
Un problema global con rostro de mujer
El Reino Unido no está solo. Un estudio conjunto de mayo de 2025 de la Organización Internacional del Trabajo y el Instituto Nacional de Investigación del Ministerio de Asuntos Digitales de Polonia revela una desigualdad global. En países de renta alta, casi el 10% de los empleos mayoritariamente ocupados por mujeres podrían ser reemplazados por automatización. En los dominados por hombres, esa cifra baja al 3,5%.
¿Por qué esta diferencia? Porque los roles tradicionalmente femeninos asistentes, gestores administrativos, personal de soporte son precisamente los más susceptibles de ser digitalizados. En cambio, los puestos técnicos, directivos o especializados, mayoritariamente masculinos, requieren habilidades más complejas, más difíciles de replicar por una máquina… al menos por ahora.
Europa, entre el miedo y la escasez
Mientras tanto, en el otro extremo del espectro, Europa enfrenta una paradoja. Entre el 42% y el 66% de los trabajadores están preocupados por el impacto negativo de la IA en sus empleos, según la agencia Verian. Pero al mismo tiempo, el continente sufre una escasez crónica de talento tecnológico. Cada año, entre 500.000 y 800.000 vacantes en tecnología permanecen sin cubrir. Se espera que esta brecha se mantenga hasta 2035.
Es un contrasentido por un lado, miedo al despido por automatización; por otro, puestos que nadie puede llenar. La solución no está en frenar la IA, sino en redirigirla. La clave está en la recualificación, en la formación continua, en integrar a quienes están en riesgo de quedarse fuera.
Un llamado a la acción con nombre de mujer
La City of London Corporation no se limita a identificar el problema. Insta a las empresas a priorizar la recualificación de sus trabajadoras. No como una medida de caridad, sino como una estrategia inteligente. Retener, formar, promover. Evitar que la transición digital se convierta en una máquina de exclusión silenciosa.
Las revoluciones tecnológicas no son neutras. Siempre redistribuyen el poder, el trabajo y las oportunidades. La pregunta es ¿quién decide a quién se lleva el cambio de tren? Si no actuamos, el próximo mapa del empleo digital podría estar trazado con una sola huella la masculina.