178.500 millones en financiación de centros de datos en EE.UU. en 2025

En 2025 se movieron 178.500 millones de dólares en financiación de centros de datos solo en Estados Unidos. Es casi el triple que el año anterior. La fiebre por la inteligencia artificial ha convertido estos centros en infraestructura estratégica.

06 de enero de 2026 a las 07:15h
178.500 millones en financiación de centros de datos en EE.UU. en 2025
178.500 millones en financiación de centros de datos en EE.UU. en 2025

Cuando hablamos de inteligencia artificial, solemos imaginar algoritmos invisibles, conversaciones con chatbots o imágenes generadas en segundos. Pero detrás de cada prompt que lanzamos a una máquina hay algo muy concreto un edificio enorme, lleno de servidores que no duermen, que consume tanta electricidad como una ciudad mediana. Estos centros de datos son los nuevos templos de la tecnología. Y ahora, los grandes bancos que los financiaron empiezan a mirarlos con desconfianza, como si el altar pudiera derrumbarse.

El boom de los templos de la IA

En 2025 se movieron al menos 178.500 millones de dólares en financiación de centros de datos solo en Estados Unidos. Es casi el triple que el año anterior. La fiebre por la inteligencia artificial ha convertido estos centros en infraestructura estratégica. Compañías como CoreWeave, especializada en ofrecer capacidad de cómputo a empresas de IA, han crecido a ritmo vertiginoso. Pero su crecimiento no está sostenido por ganancias, sino por deuda. Mucha deuda.

CoreWeave acumula 25.000 millones de dólares en pasivos frente a unos ingresos estimados de 5.350 millones. Pierde cientos de millones cada trimestre. Y a pesar de eso, sigue recibiendo préstamos millonarios. ¿Por qué? Porque los bancos, en su entusiasmo inicial, apostaron fuerte. Deutsche Bank, Morgan Stanley, Goldman Sachs, JP Morgan y MUFG han estado entre los principales financiadores de proyectos como Stargate, un ambicioso complejo de datos en Michigan valorado en 10.000 millones de dólares.

La deuda que no duerme

Pero ahora, el entusiasmo empieza a dar paso a la cautela. Los mismos bancos que impulsaron la expansión ahora buscan protegerse de la burbuja que ayudaron a inflar. Morgan Stanley y Deutsche Bank analizan una herramienta conocida como transferencias sintéticas de riesgo. Es una especie de seguro financiero venden el riesgo de impago de un préstamo a otros inversores, pero mantienen el crédito en sus libros. Así se protegen sin tener que reconocer públicamente que están retirándose.

SMBC ya dio un paso similar vendió transferencias de riesgo ligadas a deuda privada en abril y diciembre. Blue Owl Capital, otro actor clave, se retiró del proyecto Stargate en diciembre. Su justificación fue clara preocupación por el aumento de la deuda y el gasto desmedido en IA. El dinero que una vez fluía como río crecido ahora busca canales más seguros.

Goldman Sachs, por su parte, pausó en diciembre una emisión de bonos hipotecarios para CyrusOne, otro operador de centros de datos. No es una señal menor. Detener una emisión es como frenar un tren en marcha. Algo no cuadra.

El círculo vicioso de la capacidad no utilizada

El problema no es solo la deuda. Es que muchos de estos centros están construyéndose con la esperanza de que la demanda de IA siga creciendo sin límite. Pero, ¿y si no lo hace? NVIDIA, el gigante de los chips para IA, firmó un contrato de 6.300 millones con CoreWeave se compromete a comprar la capacidad que CoreWeave no logre vender hasta 2032. Es una garantía. Una apuesta de gigantes sobre un mercado que aún no existe por completo.

Y hay más. En octubre, NVIDIA también anunció que garantizaría 860 millones de dólares en obligaciones de arrendamiento de un socio, a cambio de warrants. 470 millones ya están depositados en una cuenta de garantía. Es como si el fabricante de motores tuviera que asegurar el funcionamiento de las fábricas que los usan.

La factura llegará

CoreWeave ha ofrecido a OpenAI condiciones de pago neto 360. Es decir, tiene un año desde la factura para liquidar. Un plazo inusual en un sector donde el flujo de caja es vital. Y OpenAI, por su parte, necesita recaudar 100.000 millones de dólares para seguir operando. La escala es tan enorme que ya no se trata de startups o innovación. Es una batalla por la supervivencia financiera de la IA tal como la conocemos.

En el balance de CoreWeave del tercer trimestre aparece una partida llamativa efectivo restringido no corriente por 477,5 millones de dólares. Dinero que no puede tocar. Como si tuvieras una cuenta bancaria llena, pero con una cadena alrededor.

"El riesgo de impago en este sector está creciendo rápidamente" - Ed Zitron, analista financiero

El precio de la promesa

La inteligencia artificial prometió un futuro más rápido, más eficiente, más inteligente. Pero no nos dijo cuánto costaría construirlo. Detrás de cada modelo de lenguaje hay una cadena de deuda que se extiende desde los servidores hasta los salones de juntas de Wall Street. Los bancos que una vez vieron solo oportunidad ahora ven también peligro. Y cuando los prestamistas empiezan a retroceder, es señal de que algo en el sistema está empezando a crujir.

La pregunta no es si la IA seguirá avanzando. Eso es inevitable. La verdadera pregunta es quién pagará el coste cuando el entusiasmo se enfríe. Porque los centros de datos no desaparecerán. Pero los préstamos, sí podrían volverse tóxicos. Y entonces, el futuro de la inteligencia artificial podría depender no de la tecnología, sino de la solvencia de unas pocas empresas con balances al límite.

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