190 GW prometidos, pero solo 5 GW en obra: la IA choca con un límite más físico que digital

"Los nuevos electrones no pueden llegar a la red con la suficiente rapidez"

05 de abril de 2026 a las 15:04h
190 GW prometidos, pero solo 5 GW en obra: la IA choca con un límite más físico que digital
190 GW prometidos, pero solo 5 GW en obra: la IA choca con un límite más físico que digital

En los cálculos invisibles de la inteligencia artificial, hay una factura muy tangible la energía. Detrás de cada respuesta instantánea, cada imagen generada, cada decisión automatizada, late un apetito creciente por electricidad. Y ese apetito está poniendo a prueba los límites de las redes eléctricas, las promesas climáticas y hasta la geografía de la inversión global. Lo que comenzó como una revolución digital está convirtiéndose, rápidamente, en una crisis de infraestructura.

La burbuja de los centros de datos

Sightline Climate ha rastreado 190 gigavatios (GW) de capacidad de centros de datos anunciada para 2026. Parece una cifra descomunal. Pero solo 5 GW están realmente en construcción. Hasta el 50% de los proyectos anunciados podrían retrasarse, no por falta de interés, sino por falta de luz. La paradoja es brutal el mundo quiere construir más centros de datos, pero no puede alimentarlos. Goldman Sachs lo cuantifica sin rodeos la IA elevará el consumo de energía de estos centros un 175% de aquí a 2030. Y Open Energy Outlook va más lejos entre centros de datos y criptominería, la demanda eléctrica conjunta crecerá un 350% en esta década.

Esto no es solo un problema técnico. Es un terremoto económico. En la región PJM, que abastece a 13 estados del este de Estados Unidos, los precios de capacidad lo que pagan las empresas para garantizar suministro en momentos de pico pasaron de 30 a 270 dólares por megavatio en una sola subasta el año pasado. El coste de la certeza energética se ha multiplicado por nueve. John Ketchum, CEO de NextEra Energy, lo resume con la contundencia de quien mira las cifras de frente "Es la era dorada de la demanda energética. Pero los nuevos electrones no pueden llegar a la red con la suficiente rapidez".

El vuelco geográfico

En Europa, el mapa de la digitalización se está redibujando. Tradicionalmente, los centros de datos se concentraban en los llamados mercados "FLAP-D" Fráncfort, Londres, Ámsterdam, París y Dublín. Pero esa hegemonía se tambalea. En Dublín, los centros de datos llegaron a consumir casi el 80% de la electricidad de la ciudad, según datos de Greenpeace. La presión sobre la red fue tal que Irlanda impuso una moratoria. Hoy, ya nadie puede construir un nuevo centro de datos sin demostrar que no colapsará el sistema.

El resultado es un éxodo estratégico. Proyectos que antes se ubicarían automáticamente en el centro de Europa ahora miran al norte y al sur países nórdicos con clima frío y energía barata, y regiones como España, Grecia o Italia, que ofrecen mayor disponibilidad de red y acceso a megavatios verdes. Se prevé que, para 2035, la cuota de mercado de las capitales tradicionales caiga drásticamente. La geografía del poder digital ya no se define por la conectividad, sino por la capacidad de suministro energético.

El renacimiento del gas y los fantasmas del pasado

Para mantener el suministro ininterrumpido, las empresas vuelven a lo conocido el gas natural. No por preferencia, sino por necesidad. La falta de almacenamiento masivo de energía baterías a gran escala que puedan sostener el flujo durante horas obliga a recurrir a centrales de respaldo. Esto explica el aumento de emisiones las de Google han subido un 48% en cinco años; las de Microsoft, un 31% desde 2020.

El mercado responde con ironía histórica. Hace apenas tres años, directivos de Siemens Energy declaraban "muerto" el mercado de turbinas de gas. Hoy, la demanda es tan alta que los plazos de entrega se alargan hasta siete años. Y no es solo el gas. Los transformadores eléctricos esos gigantescos bloques de hierro y cobre basados en una tecnología de 140 años se han convertido en otro cuello de botella. En los centros de datos de nueva generación, el equipo eléctrico tradicional podría ocupar el doble de espacio que los propios servidores.

Innovación bajo presión

Ante esta presión, nace una nueva ola de innovación. Startups como Amperesand o DG Matrix desarrollan transformadores de "estado sólido" basados en silicio, más compactos y eficientes. Google apuesta por la energía nuclear de próxima generación firmó un acuerdo con Kairos Power para desarrollar siete reactores modulares pequeños (SMR) hacia 2030. Amazon intentó conectar directamente un centro de datos a la central nuclear de Susquehanna, aunque reguladores bloquearon temporalmente la iniciativa. En Minnesota, Google colabora con Xcel Energy y Form Energy para instalar baterías capaces de descargar energía durante 100 horas una eternidad en el mundo de la electricidad.

En España, la CNMC ha establecido "permisos de acceso flexibles" los centros de datos deben aceptar cortes programados en situaciones de emergencia para evitar colapsos. No es una medida de emergencia; es el nuevo modelo. La era del suministro ininterrumpido se derrumba frente a la realidad de una red saturada.

La paradoja de la eficiencia

Y sin embargo, hay una ironía profunda en todo esto. La misma IA que consume más energía también puede salvarnos de su exceso. Deloitte estima que el uso de IA para optimizar sistemas industriales y redes eléctricas ahorrará más de 3.700 TWh a nivel mundial para 2030. Ese ahorro equivale a casi cuatro veces la energía que consumen todos los centros de datos del planeta juntos. En el Sudeste Asiático, Ember calcula que integrar IA en la gestión de redes evitará casi 400 millones de toneladas de CO2 y ahorrará más de 67.000 millones de dólares.

El sector también genera riqueza. En Países Bajos, los centros de datos atraen ya el 20% de toda la inversión extranjera directa. En Alemania, se prevé que aporten más de 23.000 millones de euros al PIB en 2029. Pero la clave está en el cambio de paradigma. La expansión de la IA está desplazando el foco desde el software hacia la energía, la red eléctrica y la infraestructura física. Ya no basta con tener el mejor algoritmo hay que tener el mejor acceso a la electricidad. Y eso, al final, redefine quién controla el futuro.

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