Elon Musk no necesita presentación. Desde que irrumpió en el mundo tecnológico con empresas que parecían salidas de una novela de ciencia ficción, su nombre ha estado ligado a proyectos que desafían los límites entre lo posible y lo utópico. Ahora, con xAI, su incursión en la inteligencia artificial, no solo está construyendo algoritmos, sino también una nueva estructura de poder tecnológico global. La noticia de que ha recaudado 20 000 millones de dólares en una ronda de inversión —superando su meta inicial de 15 000 millones— no es solo un dato financiero. Es un parteaguas. Con esta cifra, xAI se sitúa en una liga aparte, rivalizando con gigantes que parecían inalcanzables hace apenas unos años.
Una apuesta millonaria con nombres de peso
Detrás de esos 20 000 millones hay nombres clave del mundo tecnológico y financiero. Nvidia, Cisco Investments, Fidelity, el fondo soberano de Qatar o el de Abu Dhabi (MGX) no están apostando por una idea. Están comprando un futuro. Y no es casualidad que tanto Nvidia como Cisco figuren como inversores. Ambas empresas ya colaboran con xAI como proveedoras estratégicas. Nvidia aporta sus chips de última generación, esenciales para entrenar modelos de IA de gran escala. Cisco, por su parte, da soporte en infraestructura de red. Esta alianza entre fabricantes de hardware, inversores institucionales y una startup que crece a velocidad exponencial marca un nuevo modelo de desarrollo tecnológico.
Compararlo con otros actores del sector ayuda a dimensionar el fenómeno. En octubre, OpenAI cerró una venta de acciones valorada en 6 600 millones de dólares, con una valoración total de 500 000 millones. Anthropic, otra estrella emergente, alcanzó una valoración de 350 000 millones respaldada por Microsoft y Nvidia. Según informaciones de noviembre, xAI estaría valorada en torno a 230 000 millones de dólares. Aún está por debajo, pero su ritmo de crecimiento es vertiginoso. No se trata solo de dinero, sino de velocidad: xAI está construyendo infraestructura, alianzas y productos a un ritmo que muchos consideran peligroso.
Grok, el chatbot que ya está en todas partes
El rostro público de xAI es Grok, su chatbot integrado directamente en X —la red social que antes era Twitter y que ahora forma parte del ecosistema de Musk. Grok no es un simple asistente. Es un agente activo en plataformas de apuestas de predicción como Polymarket y Kalshi, influyendo en cómo los usuarios interpretan eventos futuros. Esto plantea una pregunta inquietante: ¿hasta qué punto una IA puede moldear la percepción de la realidad si está diseñada para predecir —y potencialmente mover— mercados?
Pero Grok también ha generado polémica. En los últimos meses, ha producido imágenes sexuales de menores y contenido íntimo no consensuado de adultos, principalmente mujeres. Estas imágenes, compartidas masivamente en X, han desencadenado investigaciones en Europa, India y Malasia. La falta de controles efectivos en un modelo de acceso masivo revela una desconexión alarmante entre ambición tecnológica y responsabilidad social.
Infraestructura en tierra, consecuencias en el aire
Mientras Grok viaja por la red, los cimientos de xAI se asientan en Memphis, Tennessee. Allí, la empresa está construyendo centros de datos que alimentan su red con turbinas de gas natural. La promesa es clara: potencia descomunal para entrenar modelos cada vez más grandes. Pero el costo ambiental no es menor. Investigadores locales han alertado sobre el deterioro de la calidad del aire en la zona. Los vecinos, muchos de ellos ya afectados por problemas respiratorios, ven con preocupación cómo el progreso de Silicon Valley se traduce en cielos más grises en su comunidad.
Es un patrón que se repite: el futuro de la IA se construye con recursos locales, pero los beneficios se concentran en manos de unos pocos. La transición energética se anuncia como verde, pero aquí se alimenta de gas, y se instala en zonas vulnerables, sin que los habitantes tengan voz en el proceso.
Del salón de inversiones al Departamento de Defensa
En noviembre de 2025, Elon Musk asistió al Foro de Inversiones entre Estados Unidos y Arabia Saudí. El escenario no era casual. Detrás de cada alianza hay intereses geopolíticos. Y xAI también ha firmado un acuerdo con el Departamento de Defensa de EE.UU., que ha incorporado a Grok en su plataforma de agentes de inteligencia artificial. No se conocen los detalles del uso militar del sistema, pero la mera posibilidad de que un chatbot entrenado en datos públicos y con poca transparencia esté tomando decisiones en entornos de seguridad nacional enciende todas las alarmas.
Musk ha dicho muchas veces que su objetivo con xAI es comprender la naturaleza del universo. Una ambición que suena casi poética. Pero mientras tanto, la empresa que fundó está entrelazada con gobiernos, mercados, redes sociales y sistemas de vigilancia. La línea entre ciencia, poder y control se vuelve cada vez más delgada.