El año pasado desaparecieron 245.000 empleos en el sector tecnológico a nivel global. Un número frío, pero con un eco profundo. Detrás de cada cero hay centenares de historias, de equipos que se desmantelan, de oficinas que se vacían y de carreras que se redefinen. No es una crisis del sector, como algunos temen, sino una transformación que está reconfigurando el mapa del trabajo digital. Y esta vez, la inteligencia artificial no es solo una herramienta, sino el motor que acelera el cambio.
El estallido y la resaca
Durante la pandemia, el mundo se conectó como nunca. Pantallas en lugar de aulas, videollamadas en vez de reuniones presenciales, plataformas como única ventana al exterior. Las empresas tecnológicas crecieron a un ritmo desbocado. La demanda de productos digitales se disparó, y con ella, el número de empleados. Pero esa explosión no podía mantenerse indefinidamente.
Como explica Adolfo Corujo, CEO global de Marketing Solutions en LLYC, el sector está pagando ahora el precio de ese crecimiento súbito. "El primero tiene que ver con la pandemia, que generó un altísimo consumo de productos digitales". Ahora, con la normalidad recuperada, las compañías se detienen a respirar. Y a recalcular.
El resultado es una oleada de despidos que ha sacudido gigantes como Amazon, que en octubre realizó un gran recorte de profesionales y ha comenzado 2026 con otro más. Microsoft e Intel también han anunciado reestructuraciones. Las empresas apuestan por la eficiencia, la rentabilidad y la productividad, y la inteligencia artificial está en el centro de esa estrategia.
La inteligencia artificial, cómplice y juez
La IA no está solo siendo adoptada está redefiniendo los procesos internos. Myriam Blázquez, directora general de Experis, lo tiene claro la inteligencia artificial "actúa como catalizador de este proceso, porque impulsa una revisión profunda de funciones, procesos y prioridades estratégicas".
Y no se trata de ciencia ficción. Hoy, sistemas de IA generativa pueden escribir código con una velocidad y precisión que supera a muchos programadores junior. "Las máquinas son sorprendentemente buenas", reconoce Corujo. "Son extraordinarias a la hora de tirar código, de desarrollar código".
Esto afecta directamente a ciertos perfiles, especialmente aquellos cuya materia prima es el conocimiento. El ingeniero de Telecomunicación, por ejemplo, está en el ojo del huracán. Pero no todos por igual. Inmaculada Sánchez Ramos, presidenta de AEIT-Madrid, distingue entre el ingeniero con seis años de formación y el graduado de cuatro. "Creo que el estratega de la parte de la tecnología no corre peligro", asegura. El que diseña, el que piensa el sistema, el que entiende la red como un todo, sigue siendo indispensable.
De la pérdida al reajuste
Francisco Hortigüela, presidente de Ametic, la asociación que representa a la industria digital en España, insiste en un matiz clave "Lo que estamos viendo es una fase de ajuste tras años de crecimiento extraordinario. No estamos ante una crisis del sector tecnológico".
Y añade "La tecnología no se está contrayendo; está evolucionando". Esa evolución implica que algunos perfiles pierden protagonismo, pero otros emergen con fuerza. Datos, cloud, ciberseguridad, sostenibilidad tecnológica. La inteligencia artificial redefine procesos y perfiles, pero también genera nuevas oportunidades y actividad económica.
En este nuevo escenario, la clave no es resistir el cambio, sino gestionarlo. "La clave es gestionar la transición con visión estratégica", subraya Hortigüela. Y una parte esencial de esa visión es la formación continua. "Estamos en un momento en el que todavía no se han definido los nuevos perfiles", admite Sánchez Ramos. Pero también ve una ventaja "Pero no es una novedad, porque en esta profesión siempre estamos aprendiendo. Y ahora, que es obligatorio, es una ventaja para nosotros".
España, a su ritmo
En España el impacto está siendo más gradual y contenido, pero claramente perceptible. A diferencia de Estados Unidos, donde los grandes gigantes globales concentran empleo tecnológico, aquí el tejido empresarial es más diverso y menos dominado por superempresas. "Nuestro mercado tecnológico tiene una estructura distinta", explica Blázquez. "No se están produciendo esas grandes reestructuraciones, pero sí que en general hay más contención en las contrataciones".
Y sin embargo, la demanda de talento no desaparece. Todo lo contrario. "Tenemos una elevada demanda de perfiles tecnológicos que no logramos cubrir en su totalidad", advierte Hortigüela. "Necesitamos más ingenieros, más especialistas en datos, más expertos en ciberseguridad, más talento digital en general".
La paradoja es evidente mientras algunas empresas despiden, otras no encuentran a quien contratar. La solución no está en más graduados, sino en una mejor alineación entre formación, innovación y necesidades reales del mercado. "Necesitamos innovación, talento y estabilidad regulatoria", insiste.
El futuro no es lineal
Las trayectorias profesionales ya no siguen una línea recta. Hoy se cambia de sector, de rol, de especialidad con más frecuencia. "Trayectorias profesionales menos lineales, mayor movilidad entre sectores, más colaboración y trabajo por proyectos", describe Blázquez. Y sobre todo, una preocupación creciente la empleabilidad a largo plazo.
Para ella, el reskilling y el upskilling han dejado de ser una opción para convertirse en una responsabilidad compartida. "El "reskilling" y el "upskilling" han dejado de ser una opción para convertirse en una responsabilidad compartida entre empresas, trabajadores e instituciones".
Las "soft skills" van a jugar un papel aún más importante que el que ya estaban teniendo. Por eso, invertir en el desarrollo de competencias (técnicas, digitales y humanas) es la mejor palanca para garantizar transiciones laborales exitosas y minimizar el impacto social de estos cambios - Myriam Blázquez, directora general de Experis de ManpowerGroup
La revolución tecnológica no es solo técnica. Es humana. Y también geopolítica. Como señala Sánchez Ramos, estamos inmersos en una "revolución geopolítica" que acelera la carrera por la soberanía tecnológica, por controlar los chips, las redes, los datos. En ese contexto, la formación de ingenieros no es un lujo, sino una necesidad estratégica.
El sector tecnológico no se está desinflando. Está cambiando de forma. Y quienes logren adaptarse no solo sobrevivirán liderarán. Porque al final, detrás de cada algoritmo, sigue haciendo falta una persona que lo entienda, lo dirija, lo humanice.