300 universitarios: solo hablar con otro estudiante redujo la soledad; chatear con IA no

"La soledad lleva al uso de IA, y el uso de IA, a la larga, profundiza la soledad"

20 de marzo de 2026 a las 11:09h
300 universitarios: solo hablar con otro estudiante redujo la soledad; chatear con IA no
300 universitarios: solo hablar con otro estudiante redujo la soledad; chatear con IA no

El primer año de universidad suele ser un torbellino nuevas caras, nuevas rutinas, una ciudad desconocida. Para muchos, también es el primer golpe fuerte de soledad. Lejos de casa, sin redes consolidadas, algunos estudiantes buscan compañía donde pueden a veces, donde menos se esperaría en una pantalla, en una inteligencia artificial. Pero ¿puede una IA llenar ese vacío emocional? Un estudio reciente de la Universidad de British Columbia sugiere que, aunque la respuesta parezca tentadora, el alivio es más efímero que real.

Conversar con una máquina no sustituye la conexión humana

Los investigadores reclutaron a 300 estudiantes de primer año y los dividieron en tres grupos. Uno debía chatear a diario con un estudiante desconocido. Otro, con un chatbot basado en ChatGPT-4o. El tercero, simplemente escribir un diario. Todos debían escribir al menos un mensaje al día y completar encuestas, entre ellas la escala de soledad de UCLA, un estándar en psicología.

Los resultados fueron claros solo quienes hablaron con otro estudiante mostraron una reducción significativa en los niveles de soledad. No así los que interactuaron con la IA ni los que escribieron en su diario. "El primer año universitario es un momento muy vulnerable", explicó uno de los líderes del estudio a un medio local. "A menudo los estudiantes están lejos de su familia y no conocen a nadie. Buscan conexiones, pero no todas las conexiones son iguales".

Y aquí está el matiz el grupo que usó el chatbot sí notó una leve mejora. El ánimo negativo disminuyó, pero la soledad, no. Era como si la IA ofreciera un calmante emocional, un alivio momentáneo, como tomar un té caliente en una noche fría reconfortante, pero insuficiente. No transformó la sensación de estar solo. Y al terminar el experimento, mientras un 33% de los estudiantes que hablaron con humanos mantuvieron el contacto, solo un 14% siguió interactuando con la IA.

Un círculo vicioso de aislamiento

Este hallazgo se amplifica con un segundo estudio de la misma universidad, que siguió a más de 2.000 adultos durante un año. Aquí, la tendencia fue aún más preocupante las personas que se sentían más solas tendían a recurrir más a los chatbots. Pero, lejos de reducir esa sensación, el uso continuado de IA para compañía parecía intensificar el aislamiento emocional.

"Sugiere un bucle de retroalimentación negativa", señaló uno de los autores del estudio. "La soledad lleva al uso de IA, y el uso de IA, a la larga, profundiza la soledad". La metáfora que usó otro investigador fue contundente los chatbots son como comida basura social. Satisface el hambre de conexión a corto plazo, pero carece del valor nutricional emocional que solo una relación humana auténtica puede ofrecer.

Amigos de silicona el auge de la compañía artificial

Mientras tanto, en otros rincones del mundo, la frontera entre compañía real y simulada se desdibuja. En Corea del Sur, robots con IA ya están siendo enviados a personas mayores para acompañarlas en el día a día. En Nueva York, hospitales y residencias experimentan con asistentes robóticos que mantienen conversaciones, recuerdan anécdotas y hasta "reaccionan" con empatía programada. Aplicaciones como Replika o Character.ai permiten crear compañeros virtuales con personalidades únicas, con quienes hablar, confiar secretos, incluso mantener relaciones románticas o íntimas.

Hasta OpenAI estaría trabajando en un "modo erótico" para ChatGPT, una opción que, de confirmarse, ampliaría aún más el espectro de lo que estamos dispuestos a pedirle a una máquina. Y Mark Zuckerberg no duda para él, los amigos de IA no solo son viables, sino necesarios. Cree que pueden llenar el vacío que deja la desconexión social moderna.

Pero estos nuevos desarrollos no responden a la pregunta más incómoda ¿estamos usando la tecnología para conectar, o para evitar el riesgo de hacerlo de verdad? La comodidad de una respuesta inmediata, sin juicios, sin malos entendidos, sin el miedo al rechazo, es poderosa. Pero también peligrosa. Porque cada interacción perfectamente pulida por un algoritmo es una oportunidad perdida para aprender a navegar la imperfección humana esa misma que, al final, nos hace sentir verdaderamente acompañados.

Quizá el problema no sea que las IA no puedan consolarnos. El problema es que, al hacerlo, nos ofrecen una salida fácil que, con el tiempo, puede convertirse en una trampa la de creer que estar acompañado es lo mismo que no estar solo.

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