32.500 compartieron en TikTok un vídeo falso del «espray de jamón serrano» contra un joven árabe

«Las redes sociales están generando un espejismo de información»

07 de abril de 2026 a las 15:25h
32.500 compartieron en TikTok un vídeo falso del «espray de jamón serrano» contra un joven árabe
32.500 compartieron en TikTok un vídeo falso del «espray de jamón serrano» contra un joven árabe

Circula por TikTok un vídeo que no existe, aunque miles ya lo han visto. Una anciana, pelo canoso y bata floreada, empuña un bote de aerosol y lo pulveriza frente a un joven de apariencia árabe. "¡Vete de aquí, cabrón, espray de jamón serrano!", grita, triunfante. El clip, claramente generado con inteligencia artificial, ha sido compartido por más de 32.500 personas. Nadie parece preguntarse si el invento es posible, si el jamón repele a alguien, si tiene sentido. Solo importa la risa fácil, el guiño cómplice, el chiste que sabe a odio disfrazado.

El humor como arma

El "espray de jamón serrano" no nació aquí. Lleva tiempo pululando por los bajos fondos de internet en todo tipo de formatos y variantes camisetas con lonchas de jamón serrano estampadas, turistas presumiendo de pata de ibérico como si fuera un talismán, memes que viralizan la burla. Se trata, en su mayoría, de contenidos inventados, pero que usan con eficacia el código del humor para asentar en las neuronas y los corazoncitos de los usuarios una idea troncal del ideario ultra el rechazo al musulmán.

El chiste no es inocente. Detrás del supuesto "espray" late una lógica que convierte la religión en un estigma, la cultura en una amenaza. Y no queda en la pantalla. Durante un partido amistoso de fútbol en el estadio del Espanyol, en Cornellà de Llobregat, una nutrida grada entonó a voz en grito "musulmán el que no bote". El rival era Egipto, un país mayoritariamente musulmán. El guiño al humor racista ya no necesitaba el espray bastaba con el coro colectivo.

El espejismo de lo real

Y sin embargo, Lamine Yamal, el jugador estrella de la selección española, profesa también la religión musulmana. Juega con la camiseta roja y amarilla, y millones lo vitorean. ¿Dónde queda entonces el rechazo cuando el ídolo lleva el mismo credo? La contradicción no inquieta al ideario que fabrica estos contenidos. Porque no se trata de coherencia, sino de selección. El musulmán no es real es un fantasma, una caricatura, un enemigo simbólico que sirve para cohesionar a un "nosotros" imaginario.

Las redes sociales están generando un espejismo de información que se adueña de los mecanismos con los que millones de ciudadanos forman sus opiniones. Un reciente informe del Instituto Reuters revela que las plataformas se han consolidado como la principal puerta de acceso a la información, especialmente para los más jóvenes. Pero no son puertas son espejos deformes. Lo que ven no es el mundo, sino una versión distorsionada, acelerada, emocionalizada.

La democracia en estado líquido

Como adelantó el sociólogo Zygmunt Bauman, todas las estructuras de nuestras sociedades se han vuelto líquidas. También la verdad. También la identidad. También el odio. Ya no se construye sobre dogmas pesados, sino sobre gotas un meme, un audio, un vídeo de 15 segundos. En democracia, la opinión es la materia prima sobre la que se construyen las decisiones, los consensos y también se dirimen los conflictos. Si se debilita, si pierde densidad y se construye a golpe de reacción, no se deteriora solo el debate público sino todo el sistema.

Las redes sociales, a diferencia del periodismo, no han sido creadas para formar o informar a los ciudadanos, sino para ganar dinero a cambio de secuestrar nuestra atención. Cada risa, cada enfado, cada indignación generada por un "espray de jamón" alimenta un algoritmo que premia el extremo, el simplón, lo que divide. Y así, lo falso se vuelve más real que lo real.

Igualmente líquidas, reactivas y adaptables, deberán ser ahora las estrategias con las que los responsables públicos y los medios deben responder al desafío de una conversación más frágil, más volátil y más vulnerable a la manipulación. Nunca fue tan apremiante la tarea de preparar a los ciudadanos para este nuevo paradigma del caos informacional como crucial la misión de un periodismo desafiado. Perseguir la verdad y contarla al mundo, también en las redes sociales, donde los ciudadanos equivocadamente o no pretenden mantenerse informados.

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