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La inteligencia artificial ya ha entrado en los deberes antes de que la escuela haya decidido cómo convivir con ella.
Common Sense Media encuestó el 18 de agosto a más de 1.000 adolescentes estadounidenses de entre 13 y 17 años y encontró que el 70% ya usa inteligencia artificial en sus tareas escolares. No hablamos de una costumbre marginal, sino de una rutina bastante extendida en plena adolescencia.
Ahora bien, usarla no significa usarla igual. Un 25% copia las respuestas sin cambios, un 31% las reescribe y un 35% las trabaja con conocimiento propio.
Las tareas mejoran rápido, pero el aprendizaje no siempre acompaña
En Reino Unido aparece una escena parecida. El National Literacy Trust publicó el 18 de agosto una investigación que sitúa en el 79% el uso de herramientas generativas entre jóvenes de 13 a 18 años, mientras el 60,1% del profesorado dice sentirse preocupado por ese uso y el 62% de los padres cree que sus hijos deberían recibir formación sobre inteligencia artificial en la escuela.
Solo el 27% de los adolescentes ha recibido orientación de un profesor sobre cómo usar estas herramientas. Ahí asoma una contradicción incómoda, porque la tecnología ya está en la mochila de la mayoría y las reglas todavía llegan a cuentagotas.
Desde fuera, el efecto puede parecer práctico. Los deberes salen antes, la página en blanco pesa menos y una respuesta inmediata da la sensación de avance.
David Strömberg, Victor Lei y Yanhui Wu siguieron durante treinta meses a más de 26.800 estudiantes de secundaria en China en el working paper The Generative AI Learning Penalty. Tras seis meses de uso de inteligencia artificial en las aulas, las notas de los deberes subieron un 18% y el tiempo de realización cayó de 64 a 45 minutos.
Pero el examen contó otra historia.
Las calificaciones en los exámenes mensuales bajaron un 20% y en las pruebas de acceso a bachillerato y universidad la caída fue del 24%. La penalización tampoco se repartió igual, porque llegó al 27% en ciencias sociales, al 22% en STEM, al 17% en inglés y al 9% en chino.
El cerebro también deja rastro cuando delega demasiado
En junio de 2025, el MIT publicó el estudio Your Brain on ChatGPT sobre escritura de ensayos con asistencia de inteligencia artificial. Los electroencefalogramas mostraron que los estudiantes que usaron ChatGPT presentaron hasta un 55% menos de conectividad neuronal en zonas ligadas a memoria, procesamiento del lenguaje y pensamiento crítico.
Después vino el dato más delicado. Esa menor actividad cerebral no se recuperó por completo en una sesión posterior sin la herramienta, un efecto que los investigadores denominaron deuda cognitiva.
También los propios estudiantes perciben esa pérdida.
El 38% de los adolescentes reconoce que la inteligencia artificial reduce sus ideas propias y el 39% admite sentir que pierde aprendizaje. No es una discusión abstracta sobre pedagogía, sino una sensación que ya aparece dentro del proceso de estudiar.
El estudio en China añadió un matiz decisivo. La penalización en las notas solo aparece cuando el estudiante usa la inteligencia artificial para terminar las tareas en menos tiempo.
Visto así, la cuestión no parece ser la presencia de la herramienta, sino el tipo de relación que el alumno establece con ella. Cuando acelera el trabajo sin sustituir el esfuerzo mental, una cosa ocurre en el cuaderno; cuando reemplaza ese esfuerzo, ocurre otra muy distinta en el examen.
Entre el 70% de uso en adolescentes estadounidenses, el 79% detectado en Reino Unido y ese 27% que ha recibido orientación docente, la imagen final no habla de una escuela del futuro, sino de una escuela actual donde la ayuda llega antes que el criterio.