¿Qué tienen en común un ingeniero en Eslovaquia, un cocinero en Grecia, un programador en Tokio y un logístico en Bélgica? Pues que todos son piezas casi imposibles de encontrar para muchas empresas. No es una coincidencia. Es un fenómeno global que se está acelerando a un ritmo que nadie previó hace apenas una década. Un informe reciente de Manpower, basado en datos de 41 países y más de 39.000 empleadores, revela una realidad incómoda alrededor de 7 de cada 10 empresas no logran contratar a las personas que necesitan. Y ese número no solo es alto. Es histórico.
Una escasez que no para de crecer
En 2006, poco más del 40 % de los directivos mundiales decían tener dificultades para cubrir puestos de trabajo. Hoy, en 2026, ese porcentaje ha saltado hasta el 72 %. Eso no es una evolución. Es una explosión. Y el detonante fue la pandemia de COVID-19, que no solo cambió la forma en que trabajamos, sino que descolocó por completo los mapas del talento. Millones de personas reconsideraron sus prioridades, muchos abandonaron sus empleos, otros se reubicaron geográficamente o cambiaron de sector. La economía se reactivó con fuerza, pero el tejido laboral no fue capaz de seguir el ritmo. Las empresas se encontraron con vacantes que no podían cubrir, y desde entonces, el problema solo ha ido a más.
Europa, el epicentro de la escasez
Si hay una región donde este fenómeno se siente con más intensidad, es Europa. No es casualidad que los países con mayor dificultad para contratar estén todos allí. Eslovaquia lidera la lista con un 87 % de empresas que no encuentran personal. Le siguen Grecia y Japón con el 84 %, Alemania con el 83 % y Portugal con el 82 %. Son cifras que rozan la paradoja economías avanzadas, con sistemas educativos sólidos, con infraestructuras modernas, y sin embargo, paralizadas por la falta de personas que hagan ciertos trabajos. ¿Por qué? Porque la demanda ha cambiado más rápido que la oferta. Lo que se necesita ahora no es solo más gente. Es gente con habilidades muy específicas, muchas veces inexistentes en los planes de estudio tradicionales.
Los sectores más afectados
No todos los sectores sufren por igual. Los más afectados son aquellos que combinan alta demanda tecnológica con una base de talento limitada. La informática encabeza la lista con un 75 % de empresas con problemas para contratar. Junto a ella, la hostelería y la sanidad, ambas con el 74 %, y los servicios científicos y técnicos, con el 73 %. Son sectores clave para el funcionamiento diario de cualquier sociedad. Imagina un hospital sin médicos, un hotel sin personal de cocina, o una empresa sin nadie que gestione sus sistemas. No es una crisis futurista. Es la realidad de ahora.
Y dentro de esos sectores, hay necesidades concretas que se repiten como un eco. En el Reino Unido, por ejemplo, un 19 % de los empleadores busca personal capaz de utilizar modelos de inteligencia artificial. Otro 17 % necesita desarrolladores de aplicaciones y otro 17 %, profesionales con conocimientos tradicionales en TI y datos. En Francia, la IA también está en el 19 %, pero llama la atención la demanda de perfiles en fabricación, otro 16 %. Y ese interés por la fabricación no es solo francés. Alemania, Italia y España también señalan esa necesidad. Es como si, tras años de deslocalización, Europa estuviera tratando de reconstruir su base industrial, pero no tuviera suficientes ingenieros para hacerlo.
Los países que respiran un poco más
No todo es desolación. Hay países donde la situación es algo más manejable. China, por ejemplo, reporta solo un 48 % de dificultades para contratar. Polonia está en el 57 %, Finlandia en el 60 % y la República Checa en el 61 %. ¿Qué los diferencia? Probablemente una combinación de políticas educativas más alineadas con las necesidades del mercado, sistemas de formación profesional robustos y, en algunos casos, una mayor movilidad laboral. En Eslovaquia, por cierto, el 31 % de las empresas buscan ingenieros. En la República Checa, la cifra es idéntica. No es solo una necesidad. Es una carrera contrarreloj.
América Latina ventas sí, pero también IA
En América Latina y el Caribe, el mapa cambia. La mayoría de los empleadores en Colombia, Costa Rica, Chile, Perú y Panamá buscan perfiles de ventas y marketing. Tiene sentido. Son economías emergentes donde la expansión comercial sigue siendo una prioridad. Pero hay excepciones notables. Brasil, Argentina y México están apostando fuerte por la inteligencia artificial. Allí, la demanda de talento en IA crece a un ritmo que empieza a igualar al de Europa. No es solo una moda. Es una señal de que la transformación digital está llegando a todos los rincones del planeta, con desigualdad, pero con inevitabilidad.
Lo que las empresas están haciendo al respecto
Ante esta situación, las empresas no se quedan cruzadas de brazos. La medida más popular, elegida por el 27 %, es mejorar y reciclar las cualificaciones de sus empleados actuales. En lugar de buscar fuera, deciden invertir en lo que ya tienen. Es una estrategia con sentido más económica, más rápida y más fiel a la cultura organizacional. Le siguen la mayor flexibilidad de horarios (20 %), los salarios más altos (19 %) y el reclutamiento externo (18 %). Curiosamente, ofrecer más flexibilidad en cuanto a la ubicación del trabajo también suma un 18 %, lo que confirma que el teletrabajo ya no es un privilegio, sino una herramienta de atracción de talento.
Las habilidades que nunca pasan de moda
Y aquí viene algo interesante. Por mucho que avance la tecnología, hay competencias humanas que siguen siendo insustituibles. Los empleadores de todo el mundo coinciden en que lo que más valoran, además de los conocimientos técnicos, son las habilidades sociales. Trabajo en equipo y colaboración, ética laboral, adaptabilidad, resolución de problemas y gestión del tiempo son las cinco grandes demandas. No son habilidades que se puedan programar en un algoritmo. Son cualidades profundamente humanas. Y, paradójicamente, justo ahora que la IA avanza a pasos agigantados, son más valiosas que nunca.
La escasez de talento no es solo un problema de recursos humanos. Es un reflejo de cómo el mundo del trabajo está cambiando. No se trata de llenar puestos. Se trata de reimaginarlos. Y tal vez, de volver a preguntarnos qué significa trabajar, qué valoramos en una persona y cómo queremos construir el futuro. Porque al final, detrás de cada porcentaje, hay una persona que no encuentra trabajo, o una empresa que no encuentra a la persona adecuada. Y entre medias, un sistema que aún no ha aprendido a conectarlos.