'A2RL' en Imola estrena la carrera europea sin pilotos: Kinetiz gana con monoplazas SF23 autónomos

Imola acogió el estreno europeo de la Liga de Carreras Autónomas de Abu Dhabi con cinco equipos y monoplazas SF23 sin volante, pedales ni interfaces de piloto. Kinetiz ganó tras completar las 12 vueltas.

09 de septiembre de 2026 a las 14:22h
'A2RL' en Imola estrena la carrera europea sin pilotos: Kinetiz gana con monoplazas SF23 autónomos
'A2RL' en Imola estrena la carrera europea sin pilotos: Kinetiz gana con monoplazas SF23 autónomos

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Imola puso a prueba una idea que hasta hace poco sonaba más a laboratorio que a parrilla de salida. El circuito italiano acogió el estreno europeo de la Liga de Carreras Autónomas de Abu Dhabi, la A2RL, con cinco equipos compitiendo sin pilotos al volante.

La escena tenía algo desconcertante. Los monoplazas SF23, desarrollados por Dallara para la Super Formula japonesa, conservaron la silueta de un coche de carreras de toda la vida, pero perdieron los mandos que definen esa tradición.

Volante, pedales e interfaces de piloto desaparecieron por completo.

Cada equipo corrió con su propio cerebro digital

Ahí estaba la verdadera carrera. Todos los equipos partían de una base mecánica común, pero cada uno desarrolló su propio software para controlar el vehículo, de modo que la diferencia ya no dependía de las manos del piloto, sino de la calidad de los algoritmos.

El 5 de septiembre llegó la prueba más visible con la competición de un robot autónomo como antecedente reciente en otro terreno muy distinto. En Imola, esa lógica saltó al automovilismo con varios monoplazas autónomos compartiendo pista en una carrera de 12 vueltas.

No era una exhibición aislada.

Imola convirtió una prueba técnica en una carrera real

Cuando varios coches autónomos ruedan a la vez, el desafío deja de ser solo mantener el trazado. También entra en juego la convivencia en pista, porque cada sistema debe interpretar el circuito y actuar en tiempo real frente a rivales que toman decisiones con un software distinto.

Esa es la parte menos visible para el espectador y quizá la más interesante. Donde antes uno buscaba una frenada tardía o una trazada agresiva, ahora la pregunta cambia y pasa a ser qué programa lee mejor el entorno sin volante ni pedales de por medio.

En el fondo, la carrera enfrentó dos herencias a la vez, la de un circuito histórico y la de una categoría concebida para pilotos humanos. Los SF23 nacieron para la Super Formula japonesa, pero en Italia aparecieron convertidos en máquinas completamente autónomas, una mutación que dice mucho sobre cómo cambia la idea misma de competir.

El equipo emiratí Kinetiz ganó la carrera tras completar las 12 vueltas.

Ese dato cierra una imagen difícil de ignorar. En uno de los templos europeos del motor, cinco equipos alinearon monoplazas sin volante y el vencedor no fue el más valiente en la curva, sino el que logró que su software entendiera mejor la pista.

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