Acusan a 3 empleados de Super Micro por desviar a China servidores de IA por al menos 2.500 millones

"Estamos trabajando codo con codo con el Gobierno de EEUU"

28 de marzo de 2026 a las 12:07h
Acusan a 3 empleados de Super Micro por desviar a China servidores de IA por al menos 2.500 millones
Acusan a 3 empleados de Super Micro por desviar a China servidores de IA por al menos 2.500 millones

En el mundo del silicio y los algoritmos, donde cada transistor puede pesar más que una decisión diplomática, las líneas entre comercio, seguridad nacional e inteligencia artificial se han vuelto tan finas como un circuito integrado. A principios de marzo de 2025, una noticia sacudió el ecosistema tecnológico global Singapur había identificado a los responsables de una operación clandestina para desviar servidores con GPU de alto rendimiento hacia China. No cualquier hardware estas máquinas, fabricadas por Dell Technologies y Super Micro Computer, llevaban dentro los cerebros artificiales más potentes de NVIDIA, diseñados para impulsar modelos de IA que están definiendo el futuro de la computación.

El contrabando del silicio

Estos servidores no estaban destinados a China. Desde 2022, el Gobierno de Estados Unidos prohíbe la venta de las GPU más avanzadas de NVIDIA y AMD al gigante asiático, por temor a que alimenten capacidades militares o de vigilancia de estado. Pero la ley no ha detenido la demanda. China, urgida por su ambición de liderar la IA, ha buscado vías indirectas. Y según reveló Reuters, varias universidades chinas adquirieron en el último año equipos de Super Micro con GPU restringidas. Dos de esas instituciones, además, tienen vínculos directos con el Ejército Popular de Liberación. Una coincidencia demasiado conveniente para ser casual.

La empresa implicada, Super Micro, con sede en San José, California, enfrenta ahora acusaciones graves tres de sus empleados, uno de ellos su cofundador, habrían facilitado el envío ilegal de tecnología de IA por valor de al menos 2.500 millones de dólares. La trama parece orquestada servidores fabricados en suelo estadounidense, con componentes de NVIDIA, desviados a través de terceros como Singapur o Malasia, y redirigidos clandestinamente a China. Super Micro, por su parte, ha asegurado que su dirección no tenía conocimiento de estos actos. Pero la sospecha ya está en el aire y también en los salones del Congreso estadounidense.

La respuesta política más controles, menos confianza

Dos senadores de Estados Unidos han pedido al secretario de Comercio que suspenda todas las licencias de exportación de GPU avanzadas hacia China y sus intermediarios en el sudeste asiático. La advertencia es clara si no se refuerzan los controles, el flujo de tecnología seguirá filtrándose. "Cada chip que llega a manos equivocadas acerca a un rival estratégico a la paridad tecnológica", parece resonar entre los pasillos del Capitolio. Mientras tanto, NVIDIA insiste en que coopera estrechamente con las autoridades estadounidenses. Sus voceros han señalado que la empresa cumple "a pies juntillas" con todas las regulaciones de exportación, actuales y futuras. Pero la realidad es más compleja la cadena de suministro global es un entramado de socios, distribuidores y acuerdos que escapan al control directo de cualquier fabricante.

"Estamos trabajando codo con codo con el Gobierno de EEUU para cumplir a pies juntillas las regulaciones de exportación vigentes y futuras" - Portavoces de NVIDIA

El giro chino del deseo a la obligación

Mientras Washington cierra el grifo, Pekín impone su propia lógica. En octubre de 2024, el Gobierno chino transmitió una recomendación sutil a sus empresas de IA que intentaran usar, "en la medida de lo posible", chips fabricados en territorio nacional. Diez meses después, esa sugerencia se convirtió en mandato. Ahora, los centros de datos estatales deben integrar al menos un 50% de circuitos integrados chinos en sus servidores. Es más que una política industrial es una declaración de autarquía tecnológica. China no quiere solo acceder al silicio de otros; quiere fabricar el suyo propio, sin depender de San José ni de Taiwán.

Este doble movimiento restricciones en Estados Unidos, autarquía en China coloca a empresas como NVIDIA en una encrucijada. Por años, el mercado chino representó una parte decisiva de sus ingresos por GPU para IA. Pero ese puente ahora se estrecha. Las sanciones, los contrabandos, las respuestas regulatorias… todo apunta a una fragmentación tecnológica global. Ya no hablamos de una sola red de innovación, sino de dos ecosistemas que se alejan uno liderado por Estados Unidos y sus aliados, otro centrado en China, con reglas propias, chips propios y ambiciones propias.

El caso de los servidores desviados no es solo un escándalo de espionaje industrial o de violaciones a las exportaciones. Es un síntoma de una guerra más amplia, silenciosa, que se libra en fábricas de silicio, en centros de datos y en las aulas de universidades vinculadas a ejércitos. No hay explosiones, pero el futuro se está decidiendo ahí. Y mientras tanto, el mundo mira cómo dos superpotencias tiran de la cuerda del progreso tecnológico, cada una hacia su lado, con el riesgo de que, al final, todos perdamos altura.

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