Adela Cortina lleva setenta y nueve años observando el mundo desde Valencia. Su mirada, afilada por décadas de docencia en la Universidad de Valencia, no se limita a los libros. Esta filósofa, creadora de la Fundación Ética de los Negocios y las Organizaciones (Étnor), ha dedicado su carrera a descifrar cómo vivimos juntos.
Su trayectoria incluye hitos como el Premio Nacional de Ensayo 2014 o obras fundamentales como Aporofobia, el rechazo al pobre. Ahora, con ¿Ética o ideología de la inteligencia artificial?, analiza una nueva frontera ética donde la tecnología choca con la conciencia humana.
La transición silenciosa
A menudo recordamos la Transición española como un proceso político, pero Cortina matiza que antes hubo un cambio moral profundo. "La Transición fue política, pero antes habíamos vivido una transición ética". Este giro cultural sentó las bases para lo que hoy llamamos democracia consolidada.
Sin embargo, esa concordia parece haberse fracturado. La filósofa señala que el orden democrático ya se ha roto hace bastante tiempo. No es solo Estados Unidos quien lo desestabiliza, sino una gran cantidad de países que cambian de alianzas según convenga.
El miedo al otro
En este contexto de inestabilidad, la xenofobia encuentra terreno fértil. Cortina identifica un patrón claro "No nos molestan los extranjeros futbolistas o turistas, solo los pobres". El rechazo no va hacia la cultura, sino hacia la precariedad económica.
Esta aversión se refleja en políticas migratorias que ella califica de error grave. "Se dejó y ahora se aborda de golpe y porrazo para 500.000 personas. Ha sido un error". Además, considera una barbaridad hablar de prioridad nacional cuando se trata de derechos humanos básicos.
Tecnología y libertad
Ante la irrupción masiva de la inteligencia artificial, Cortina mantiene una postura crítica pero no alarmista. Defiende que el periodismo es imprescindible, forma conciencias, y eso la IA nunca lo tendrá. La máquina puede procesar datos, pero no generar empatía ni juicio ético.
Ella misma practica esta desconexión digital. Aunque admite que ahora se arrepiente, decidió no usar móvil porque le da sensación de libertad. Para ella, la dispersión constante es dañina para el pensamiento; hay que focalizar la atención para reflexionar de verdad.
Esperanza en la aporía
Pese al pesimismo generalizado sobre el futuro de los jóvenes, Cortina se niega a aceptar que van a vivir peor que sus padres. "Pero no es verdad, no tienen por qué vivir peor". Cree en la capacidad de agencia individual frente a estructuras rígidas.
También vislumbra posibilidades de reconciliación política entre PSOE y PP actuales. Con los materiales que tenemos, sí es posible volver a la concordia. Lo contrario, levantar muros entre unos y otros, solo fragmenta aún más la sociedad.
Su deseo final es sencillo pero complejo sociedades democráticas libres y abiertas. Donde importe la justicia y la compasión, y donde podamos expresar nuestras opiniones sin miedo. Es una utopía necesaria para seguir construyendo humanidad.