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Wall Street no castigó una caída de ingresos. Castigó el precio de perseguir la inteligencia artificial.
Alphabet perdió un 12,6% en una sola sesión tras presentar sus cuentas, Meta cayó un 7% y Amazon llegó a dejarse más de un 7% un viernes. Intel, por su parte, se hundió cerca de un 29% en los primeros compases de esa misma jornada.
No hablamos de empresas pequeñas ni de tropiezos aislados. ServiceNow se desplomó un 27% y Fortinet perdió un 20% después de publicar resultados que no cumplieron las expectativas, en una secuencia que dejó una idea incómoda para el sector. Ingresar más ya no basta cuando el mercado sospecha que la factura de la infraestructura crece más deprisa que el negocio.
Alphabet ganó caja, pero gastó todavía más
Alphabet generó 42.290 millones de dólares de caja operativa en el tercer trimestre, pero destinó 51.355 millones a inversiones en inmovilizado.
Esa resta dejó una señal difícil de maquillar, porque Alphabet registró un flujo de caja libre negativo de 9.065 millones de dólares en el tercer trimestre. Para una compañía acostumbrada a convertir tamaño en liquidez, el dato explica mejor el nerviosismo bursátil que cualquier titular sobre ingresos.
Algo parecido asoma en la presión del gasto en TPU, donde el problema no era vender menos, sino sostener el coste físico de la carrera por capacidad de cómputo. Ahí está una de las contradicciones del momento, porque la IA promete eficiencia mientras obliga a levantar infraestructuras cada vez más caras.
Amazon facturó más, pero tampoco escapó al agujero
Amazon cerró el tercer trimestre con unos ingresos de 201.944 millones de dólares, un 12% más.
Sin embargo, la otra cifra pesa más cuando llega la hora de valorar resistencia financiera. Amazon acumuló un flujo de caja libre negativo de 42.400 millones de dólares en los últimos doce meses, una magnitud que recuerda que crecer puede salir muy caro cuando la nube, los centros de datos y la logística tiran del gasto al mismo tiempo.
Mientras tanto, Meta contempla un gasto de capital de entre 135.000 y 145.000 millones de dólares este año. La compañía también anunció la emisión de una nueva clase de acciones sin derecho de voto para facilitar la captación de recursos, una decisión que retrata hasta qué punto la financiación se ha vuelto parte del relato tecnológico y no solo una nota al pie contable.
La factura no afecta solo a una empresa
JP Morgan estima que la inversión mundial en inteligencia artificial podría alcanzar los 5,5 billones de dólares hasta 2030.
Esa escala ayuda a entender por qué el castigo bursátil aparece incluso cuando los ingresos aguantan. Si el mercado descuenta que la próxima fase exige gastar hoy cantidades gigantescas para defender cuota mañana, cada balance pasa a leerse como una prueba de respiración financiera y no solo de crecimiento.
State Street Investment Management añadió otro elemento a esa presión al contar seis modelos relevantes lanzados por DeepSeek, Moonshot, Alibaba y Z.ai en apenas ocho semanas. La velocidad importa porque comprime los plazos de reacción. Lo que antes daba margen de varios trimestres ahora obliga a decidir inversión casi a contrarreloj.
La guerra de precios ya llegó al software de IA
Tres céntimos cambian una discusión entera.
Una prueba con DeepSeek V4-Flash costó 0,03 dólares frente a los 1,86 dólares de un modelo de OpenAI y los 3,15 dólares de uno de Anthropic, según Artificial Analysis. La distancia de precio multiplica por más de 60 el coste frente a OpenAI y por 100 frente a Anthropic, con una consecuencia fácil de imaginar para cualquier empresa que use millones de consultas.
Ese abaratamiento conecta con la guerra de la IA barata, donde ya no basta con tener un buen modelo. También cuenta cuánto cuesta ponerlo a trabajar miles o millones de veces al día.
Intel quedó atrapada en otra variante del mismo problema. La compañía condicionó sus previsiones para el cuarto trimestre por la debilidad del negocio de ordenadores y sus problemas industriales, y esa mezcla ayuda a entender por qué el mercado llegó a empujar su acción cerca de un 29% a la baja en los primeros compases de un viernes.
Al final, la tensión cabe en una escena muy terrenal. Nunca hubo tanta urgencia por invertir en inteligencia artificial y, al mismo tiempo, pocas cifras resultan tan ásperas como un flujo de caja libre negativo de 9.065 millones en Alphabet o de 42.400 millones en Amazon.