El dinero se ha convertido en el nuevo combustible de la inteligencia artificial y las grandes tecnológicas están quemando sus reservas a una velocidad que no se veía desde la burbuja puntocom. Amazon, Microsoft, Google y Meta han anunciado un gasto de capital de 725.000 millones de dólares para 2025, una cifra que supera en un 77 % a los 410.000 millones invertidos el año anterior.
Esta carrera armamentística financiera tiene un coste inmediato para la salud contable de estas corporaciones. El flujo de caja medio, que se mantuvo en 45.000 millones de dólares desde el inicio de la pandemia, sufrirá una contracción drástica hasta situarse en apenas 4.000 millones en el tercer trimestre de 2025.
La liquidez se desploma mientras sube la apuesta
La situación varía ligeramente entre los gigantes, pero la tendencia es uniforme hacia la escasez de efectivo libre. Alphabet alcanzará su nivel de flujo de caja más bajo en una década y Microsoft podría registrar números negativos en al menos un trimestre debido a la presión inversora.
Andy Jassy, director ejecutivo de Amazon, ya ha trazado la hoja de ruta para el siguiente ejercicio con una inversión prevista de 200.000 millones de dólares en 2026. Esta decisión provocará una reducción adicional de unos 10.000 millones en el flujo de caja de la compañía durante el presente año.
Microsoft ha visto cómo sus necesidades de inversión aumentaban en 25.000 millones de dólares solo este año. El motivo no es solo la expansión, sino el encarecimiento imprevisto de los componentes necesarios para mantener los centros de datos operativos.
Las empresas han suspendido sus programas de recompra de acciones por primera vez en casi diez años. Alphabet ha optado por emitir 48.000 millones en bonos para financiar su operación, mientras que Meta ha acumulado 55.000 millones de deuda en tan solo seis meses.
"Quedarse atrás no es una opción" - Mark Zuckerberg, director ejecutivo de Meta
Los líderes del sector justifican esta sangría financiera comparándola con la apuesta por la computación en la nube hace dos décadas. Consideran que la infraestructura actual definirá la jerarquía tecnológica del futuro inmediato y que cualquier duda en la ejecución supone un riesgo existencial.
La deuda externalizada protege los balances oficiales
Para evitar que estos gastos masivos destruyan la percepción de solvencia ante los inversores tradicionales, las compañías han recurrido a vehículos de inversión especiales. Estas estructuras permiten atraer capital externo para la infraestructura de inteligencia artificial manteniéndola fuera de sus balances convencionales.
Los analistas financieros observan esta maniobra con escepticismo. Lejos de ver una estrategia orgánica de crecimiento, la interpretan como una respuesta forzada por la competencia feroz que obliga a gastar independientemente de la rentabilidad inmediata.
El mercado observa ahora si esta acumulación de deuda y la caída libre del flujo de caja encuentran un retorno tangible o si, por el contrario, las tecnológicas han iniciado una espiral de gastos sin freno visible.