Julien Blanc-Gras descubrió que alguien había publicado en Amazon un libro generado con inteligencia artificial usando su nombre real.
La obra llevaba por título Guía completa de aventuras manual de supervivencia del viajero moderno y se vendía por 17,05 euros, unos 15 dólares. La ficha además lo presentaba como un autor aventurero, un detalle que encajaba con su perfil público y hacía la suplantación más verosímil.
Amazon retiró el libro cuando la denuncia llegó
Entonces apareció una frontera nueva en el viejo problema de las falsificaciones culturales. Ya no se trataba solo de textos fabricados por máquinas, sino de un libro colocado en un gran escaparate comercial con el nombre de un escritor vivo en la portada.
"Julien Blanc-Gras soy yo. Y, en efecto, soy un escritor que viaja. El problema es que nunca he escrito ese libro". - Julien Blanc-Gras, escritor francés
Blanc-Gras ya ha acudido a un abogado para estudiar acciones legales y presentó una denuncia contra Amazon. La plataforma retiró la obra después de esa reclamación, aunque el caso no terminó ahí.
Fuera de Amazon, el libro sigue a la venta en plataformas de Estados Unidos, Dinamarca y Corea. Esa persistencia convierte la retirada en una corrección parcial, no en el cierre del problema.
El nombre robado pesa tanto como el texto inventado
Aquí no solo entra en juego qué escribió una máquina. También importa quién aparece como supuesto autor, porque el engaño se apoya en una identidad reconocible y en una biografía que el lector puede creer sin demasiado esfuerzo, igual que ocurre en la protección legal de la voz.
"Yo no soy ficticio. Es realmente mi nombre el que aparece en la portada. Se ha superado una etapa la usurpación de identidad de un escritor". - Julien Blanc-Gras, escritor francés
Su denuncia va más allá de ese volumen concreto y señala una práctica más amplia. Los gigantes de la tecnología saquean nuestro trabajo para alimentar sus modelos de IA, sostiene el autor, que también denuncia el uso de voces, imágenes y nombres en estafas.
De fondo asoma una contradicción incómoda. La misma tecnología que promete producir textos en segundos también abarata la apropiación de una firma ajena y multiplica una confusión que ya venía creciendo con las citas falsas multiplicadas fuera del mercado editorial.
El caso deja una imagen difícil de ignorar. Un libro que nunca escribió llegó a venderse por 17,05 euros con su nombre en portada y, aun después de la retirada en Amazon, sigue circulando en Estados Unidos, Dinamarca y Corea.