Anna Mouglalis: «No quiero que mi voz sea copiada, no quiero que me reproduzcan cuando muera»

En 'La residencIA', el arte es vigilado y gestionado por algoritmos que dictan cada creación

05 de febrero de 2026 a las 09:10h
Anna Mouglalis: «No quiero que mi voz sea copiada, no quiero que me reproduzcan cuando muera»
Anna Mouglalis: «No quiero que mi voz sea copiada, no quiero que me reproduzcan cuando muera»

Anna Mouglalis camina entre dos mundos. El de la interpretación, donde su mirada intensa y su presencia imponente la han convertido en una figura reconocible del cine francés desde hace más de dos décadas. Y el de la resistencia, donde su voz ya no solo sirve para recitar diálogos, sino para alzar un muro frente a lo que considera una invasión la inteligencia artificial en el arte. En medio, una trayectoria que nunca buscó ser lineal, ni cómoda, ni complaciente.

El arte bajo vigilancia

"La residencIA", que llega a los cines el 27 de febrero, podría leerse como una advertencia. Dirigida por Yann Gozlan y basada en una novela de Tatiana de Rosnay, la película muestra una comunidad de artistas encerrada en un espacio de lujo donde cada movimiento, cada rutina, cada creación está gestionada por algoritmos. Anna Mouglalis da vida a una de las figuras centrales del sistema, una especie de encargada que vigila con precisión quirúrgica el cumplimiento de las reglas. "Lo entiendo, mi personaje es la mala, tan arquetípica que casi da risa, es una buena soldado del capitalismo", dice ella misma, con una sonrisa que mezcla ironía y reconocimiento.

La ironía no es menor. En la vida real, Mouglalis se posiciona en el extremo opuesto. En su papel de activista cultural, denuncia con fuerza los riesgos que supone entregar el arte a las máquinas. No es una crítica abstracta. Es personal. Es visceral. "Soy muy activa en esta lucha porque no quiero que mi voz sea copiada, no quiero que me reproduzcan cuando muera", afirma. Y va más allá señala que todo este avance tecnológico no solo amenaza la autenticidad del arte, sino también el planeta. "Y todo este avance tecnológico es un desastre climático, todo el mundo lo sabe, pero no quiere verlo… Porque todos los medios y las redes están en manos de multimillonarios".

El precio de la independencia

Su trayectoria está marcada por decisiones que desafiaron las expectativas. En el año 2000, fue elegida por Claude Chabrol para enfrentarse a Isabelle Huppert en "Gracias por el chocolate", un papel que la catapultó al centro del cine de autor francés. Dos años después, Karl Lagerfeld la escogió como imagen de Chanel. No fue una elección convencional. "Nunca me han hecho sentir como solo una imagen, Karl siempre elegía los ángulos más extraños de mí, me ayudó en mi carrera", recuerda.

Pero esa doble vida entre el cine y la moda también generó sospechas. Recuerda con claridad una conversación reveladora un director, al enterarse de su vínculo con la marca, le negó un papel diciéndole que ya no era considerada una actriz seria. Su respuesta fue contundente

"Mi independencia financiera no te concierne. Y por cierto, sé muy bien que eres famoso por elegir actrices con las que luego te casas".

 

La anécdota no solo expone los prejuicios de una industria machista, sino también la lucidez con la que Mouglalis ha navegado su carrera.

Una ética frente al poder

En 2024, su compromiso con la justicia en el mundo del espectáculo tomó una forma aún más directa denunció a Jacques Doillon por "conducta sexual inapropiada". Un paso que, en su caso, no fue un acto aislado, sino parte de una postura colectiva. "Haciendo solo lo que quiero hacer. La fama nunca me ha interesado. Pero todo se reduce al poder, si no tienes poder, no puedes ayudar a que las películas que haces vayan bien".

Y ese poder, para ella, no es solo individual. Está ligado a la organización, a los sindicatos, a la solidaridad. Asegura estar profundamente involucrada en movimientos gremiales que intentan frenar el avance descontrolado de la inteligencia artificial en el cine. Para Mouglalis, el problema no es la tecnología en sí, sino su uso sin límites éticos, sin transparencia, sin consentimiento.

El horizonte Draga

En medio de esta batalla, encuentra refugio en la música. Con Draga, una banda de rock formada exclusivamente por mujeres, ha encontrado un nuevo modo de expresión. Ella canta. Ella crea. Ella decide. "Es un frágil equilibrio en el que la única forma de avanzar es tener una ética muy clara. Por ejemplo, yo ahora tengo una banda de rock, Draga, formada solo por mujeres, yo canto, y me da mucha felicidad. Es un horizonte".

Y en ese horizonte, también hay un lugar para España. Con una mezcla de admiración y escepticismo, Mouglalis confiesa "España es el único país al que mudaría ahora mismo… Tenéis Vox... Pero políticamente el mundo es un desastre". Una frase que resume su mirada crítica sobre el presente consciente de las imperfecciones, pero dispuesta a buscar espacios donde el arte, la dignidad y la resistencia aún tengan cabida.

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