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Hay preguntas de entrevista que buscan talento y otras que intentan desnudar una convicción.
Anthropic lleva tiempo planteando a algunos candidatos un dilema incómodo. La empresa les pide imaginar qué sentirían si un día tuviera que frenar su ambición en inteligencia artificial por motivos de seguridad y sus acciones acabaran valiendo cero.
La escena resulta todavía más llamativa porque llega en pleno despegue financiero. En mayo, Anthropic elevó su valoración hasta los 965.000 millones de dólares y, en junio, presentó de forma confidencial la documentación para salir a bolsa. En octubre podría producirse el mayor debut bursátil de la historia, justo cuando dentro de la empresa se examina si el incentivo económico pesa más que el límite ético.
La entrevista cultural busca algo más que currículos
Dario Amodei, CEO de Anthropic, sospecha que parte de la gente intenta entrar por el motivo equivocado. Por eso la entrevista cultural incluye preguntas diseñadas para medir la reacción ante un sacrificio económico extremo.
Un aspirante anónimo recuerda la formulación con bastante crudeza.
"¿Qué pasa si tus acciones no valen nada por no construir algo peligroso?" - aspirante anónimo en un proceso de selección de Anthropic
No es una ocurrencia reciente ni un gesto improvisado para tiempos de euforia bursátil. Daniela Amodei confirma que esa entrevista de cultura existe desde el primer día y añade que la pregunta concreta sobre una acción a cero se incorporó en 2025.
Ahí aparece una contradicción difícil de pasar por alto. La misma compañía que se prepara para seducir a Wall Street intenta filtrar a quienes podrían dejarse seducir demasiado por Wall Street.
El dinero no lo explica todo, aunque pesa mucho
Anthropic tampoco negocia los salarios con los candidatos. Aun así, algunos aspirantes invierten miles de dólares en preparación para optar a puestos que pueden suponer 200.000 dólares más de sueldo.
Visto así, la pregunta sobre unas acciones reducidas a cero no suena retórica, sino casi contable. Obliga a poner en la misma balanza la promesa de riqueza, el prestigio de trabajar en una de las firmas centrales de la carrera por la IA y la posibilidad de decir no cuando el negocio empuja en sentido contrario.
Dario Amodei ha prometido donar el 80% de su fortuna.
Ese dato no resuelve la tensión, pero sí ayuda a entender el tipo de cultura que la dirección quiere proyectar. También encaja con otras decisiones recientes, como el rechazo a un contrato con el Ejército de Estados Unidos que permitía un uso sin restricciones o la limitación de acceso a Mythos, su modelo más potente en ciberseguridad, un debate que enlaza con las alertas europeas sobre Mythos.
La prudencia también deja rastros contradictorios
No todas las decisiones de seguridad han resistido igual de bien.
Anthropic lanzó una marca de agua para los textos de Claude, pero esa protección fue eliminada a las 24 horas. La secuencia retrata un problema habitual en la IA actual, porque incluso las medidas pensadas para contener riesgos pueden durar menos que el ciclo de entusiasmo que las acompaña.
La empresa, además, vio cómo Claude llegaba a ser la aplicación número uno de Estados Unidos después del choque con el Departamento de Guerra. Ese salto de popularidad convive con una política interna que pregunta a sus futuros empleados si aceptarían perderlo todo antes que construir algo peligroso, una tensión que recuerda a el freno público a la IA de vanguardia.
Al final, la prueba no mide solo la lealtad a una empresa.
Mide algo más incómodo para cualquiera que aspire a entrar en esta industria. Si una compañía valorada en 965.000 millones de dólares y lanzada hacia una salida a bolsa pregunta a sus candidatos cómo reaccionarían ante una acción reducida a cero, la duda de fondo no está en el mercado, sino en cuánto cuesta de verdad poner un límite.