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Dieciocho días después de apagar Fable 5, Anthropic volverá a abrirlo al público este miércoles.
La marcha atrás del Gobierno de Estados Unidos retrata una contradicción incómoda. El mismo Departamento de Comercio que el 12 de junio ordenó suspender Fable 5 y Mythos 5 por “riesgo para la seguridad nacional” retiró el martes por la noche los controles de exportación que habían dejado fuera a ambos modelos.
Washington frenó el acceso global y luego lo devolvió
Aquella orden no afectaba solo a clientes extranjeros. También obligaba a cortar el uso por parte de cualquier ciudadano extranjero, dentro o fuera de Estados Unidos, incluidos los propios empleados extranjeros de Anthropic.
Visto sobre el papel, el alcance era difícil de exagerar. No se trataba de cerrar una puerta comercial en otro país, sino de levantar una barrera sobre personas concretas con independencia de dónde estuvieran sentadas frente al ordenador.
Anthropic confirmó el cambio con una declaración literal que despeja cualquier duda administrativa.
"Hemos recibido la notificación de que el Departamento de Comercio ha levantado los controles de exportación sobre Claude Fable 5 y Mythos 5" - Anthropic
El giro no llegó de golpe para todos. El viernes, el Departamento de Comercio ya había autorizado a Anthropic a ofrecer Mythos 5 a un grupo reducido de organizaciones y agencias federales aprobadas, una señal de que la reapertura avanzaba por capas y no de una sola vez.
Lutnick defendió que las salvaguardas ya bastaban
Howard Lutnick, secretario de Comercio, situó la revisión en un trabajo conjunto de dos semanas con la empresa. En una carta aseguró que ya existían “salvaguardas apropiadas” para permitir el acceso a determinados socios de confianza.
Después, el propio Lutnick resumió ese proceso con otra frase textual.
"Durante las últimas dos semanas hemos trabajado estrechamente con Anthropic para analizar y aprobar Fable 5" - Howard Lutnick, secretario de Comercio de Estados Unidos
Su argumento político fue más amplio que el expediente técnico. Lutnick enmarcó la decisión en el propósito de reforzar el liderazgo de Estados Unidos en inteligencia artificial, una fórmula que convierte una medida de seguridad en una pieza de competencia industrial.
Entre tanto, Anthropic aceptó tres compromisos concretos. La empresa detectará y corregirá riesgos de seguridad, coordinará con el Gobierno los protocolos de futuros lanzamientos e informará de cualquier actividad maliciosa.
El bloqueo abrió una discusión sobre quién puede usar la IA
No todo el sector compra la misma receta.
Sam Altman, consejero delegado de OpenAI, dijo que las pruebas de seguridad “no son mala idea”, pero añadió que no le gusta que el Gobierno elija a los clientes. La observación cobra peso porque OpenAI también recibió la petición de limitar el lanzamiento de su modelo GPT-5.6.
Ahí aparece la pregunta de fondo. Una cosa es someter un modelo a controles antes de abrirlo y otra muy distinta decidir qué manos pueden tocarlo, sobre todo cuando el criterio alcanza incluso a empleados de la propia compañía por su nacionalidad.
Durante esas semanas de bloqueo, además, la carrera no se quedó quieta. La empresa china Zhipu lanzó GLM-5.2, y el debate dejó de ser solo técnico para entrar de lleno en el terreno geopolítico, como ya había ocurrido con los modelos GLM de Zhipu.
Europa apareció en la escena cuando Austria ofreció acoger a Anthropic
La reacción europea fue igual de reveladora. Austria pidió a la Unión Europea que estudiara acoger a Anthropic para preservar el acceso a estas herramientas, como si el problema ya no fuera solo quién lidera la inteligencia artificial, sino desde qué territorio puede seguir utilizándose sin interrupciones.
El episodio enlaza con otra tensión reciente de la misma compañía, visible en el bloqueo inicial de Fable 5. En menos de tres semanas, un modelo pasó de acceso público a veto casi total y de ahí a una restauración condicionada por salvaguardas y socios autorizados.
El dato más incómodo sigue siendo el mismo que el 12 de junio. La orden no distinguía entre un cliente en otro país y un empleado extranjero de Anthropic dentro de Estados Unidos.