Durante años, OpenAI pareció correr sola en la carrera comercial de la inteligencia artificial. Ahora el tablero cuenta otra historia. Anthropic anunció el jueves una Serie H de 65.000 millones de dólares que elevó su valoración a 965.000 millones, por encima de los 852.000 millones que OpenAI alcanzó en marzo.
El contraste impresiona más al mirar la velocidad. Anthropic, fundada en 2021 por Dario y Daniela Amodei tras su salida de OpenAI, ha triplicado su valoración desde febrero, cuando estaba en 380.000 millones de dólares.
Anthropic creció mientras OpenAI reordenó sus prioridades
La distancia no solo aparece en el mercado privado. También aflora en el negocio diario. La tasa de ingresos anualizada de Anthropic alcanzó 47.000 millones de dólares el jueves, frente a los 30.000 millones de principios de año y unos 10.000 millones del año pasado.
OpenAI tampoco avanza despacio, pero su curva reciente es menos abrupta. En marzo rondaba los 24.000 millones de dólares de ingresos anualizados y esta semana supera ligeramente los 30.000 millones, después de una ronda de 122.000 millones que valoró la empresa en 730.000 millones.
Hay una diferencia de calendario que pesa en la comparación. OpenAI llegó a esa valoración aproximadamente una década después de su fundación en 2015. Anthropic lo ha hecho en apenas cuatro años.
Parte de ese empuje llegó por la puerta de los programadores. El lanzamiento de Claude Opus 4.5 a finales de 2025 impulsó la adopción de Claude Code entre ingenieros de software y empujó los ingresos, un terreno donde OpenAI también ha decidido redoblar su ofensiva con la compra aceptada en marzo de Astral.
La compañía dirigida por Sam Altman, de hecho, ha recortado proyectos secundarios de comercio electrónico experimental y otras iniciativas orientadas al consumidor para concentrarse en software empresarial y herramientas de codificación. La señal es clara. El dinero grande ya no está tanto en deslumbrar al usuario casual como en entrar en el trabajo diario de las empresas.
Los clientes empresariales empezaron a mover la balanza
Los datos de uso ofrecen una foto aún más incómoda para OpenAI. En abril, Ramp registró que la adopción de Anthropic entre usuarios empresariales subió 3,8 % hasta 34,4 %, mientras OpenAI cayó 2,9 % hasta 32,3 %.
Ara Kharazian, economista jefe del laboratorio económico de Ramp, resume ese giro.
"Hemos visto una y otra vez en este mercado que un gran actor dominante puede ser destronado en cuestión de un par de meses. Anthropic acaba de hacerlo" - Ara Kharazian, economista jefe del laboratorio económico de Ramp
Ese vuelco ayuda a entender por qué Anthropic ha diversificado su oferta con rapidez. En enero lanzó Cowork, un producto de inteligencia artificial agentiva pensado para automatizar tareas no técnicas en el puesto de trabajo, una línea que amplía su presencia más allá del código.
Esta semana añadió Claude Mythos Preview, un sistema centrado en ciberseguridad para localizar vulnerabilidades ocultas en el software y disponible solo para un grupo selecto de empresas. No es un detalle menor. La seguridad y el código se han convertido en dos de las puertas de entrada más rentables para vender inteligencia artificial corporativa.
Incluso una promesa concreta puede sacudir a gigantes asentados. El anuncio de que Claude podría modernizar sistemas heredados basados en COBOL provocó la mayor caída bursátil de IBM en un solo día en 25 años, un síntoma de que la IA aplicada al código ya no se percibe como una curiosidad técnica.
El dinero entra, pero el coste del cómputo aprieta
La financiación de Anthropic llegó liderada por Altimeter Capital, Dragoneer, Greenoaks y Sequoia Capital, e incluye 15.000 millones de dólares comprometidos con anterioridad, entre ellos 5.000 millones de Amazon. Tener inversores dispuestos a firmar cheques gigantes ayuda, pero no resuelve por sí solo la ecuación de costes.
Ahí aparece una de las tensiones menos visibles y más decisivas del sector. Sam Altman ha comprometido alrededor de 1,4 billones de dólares para los próximos ocho años en proyectos de infraestructura de inteligencia artificial, incluido Stargate, una red de centros de datos diseñada para sostener la demanda futura.
Dario Amodei, consejero delegado de Anthropic, formuló esa incertidumbre a principios de este año.
"Si te equivocas por un par de años, eso puede ser ruinoso" - Dario Amodei, consejero delegado de Anthropic
La frase retrata un problema muy concreto. Construir demasiada capacidad demasiado pronto puede salir tan caro como quedarse corto. Anthropic ya ha tenido que alquilar cómputo adicional a SpaceX tras interrupciones del servicio por el aumento de la demanda, una señal de que vender más también puede tensar la máquina.
Al mismo tiempo, las empresas empiezan a corregir un viejo hábito comercial. Anthropic ha pasado de modelos de tarifa plana a contratos que cobran por uso real de tokens, mientras el debate sobre los precios de la IA gana peso en todo el sector.
Ali Ghodsi, consejero delegado de Databricks, advirtió que quemar dinero resulta fácil si el objetivo es inflar de forma artificial el consumo de tokens. Nick Turley, responsable de ChatGPT en OpenAI, reconoció también hace poco que los precios ilimitados podrían resultar insostenibles cuando la inteligencia artificial agentiva multiplica el gasto en computación.
La ventaja comercial convive con nuevas fricciones
Anthropic no solo compite por clientes e inversores. También lidia con disputas con el Pentágono por preocupaciones de seguridad nacional ligadas a sus sistemas de inteligencia artificial, un recordatorio de que cuanto más poder ganan estas plataformas, más cerca quedan de los límites políticos y estratégicos.
La paradoja del momento es difícil de ignorar. La empresa que hace cuatro años nació de una escisión de OpenAI vale hoy más que su antigua matriz, ingresa a mayor ritmo y gana terreno en empresas, pero ha tenido que alquilar capacidad a SpaceX para responder a la demanda y discute con el Pentágono sobre los riesgos de sus propios sistemas.