Armas autónomas: el Pentágono pide 14.200 millones y Rusia lanzó 33.000 drones en 2025

El mercado de armas autónomas movió 9,25 mil millones de dólares en 2023, mientras EE. UU. acelera la IA militar, Ucrania la prueba en combate y la ONU intenta frenar su despliegue.

25 de mayo de 2026 a las 09:48h
Armas autónomas: el Pentágono pide 14.200 millones y Rusia lanzó 33.000 drones en 2025
Armas autónomas: el Pentágono pide 14.200 millones y Rusia lanzó 33.000 drones en 2025

La carrera por automatizar la guerra ya no vive en los márgenes del laboratorio. En 2023, el mercado global de armas militares autónomas movió 9,25 mil millones de dólares, mientras gobiernos, contratistas y startups empujan una misma idea que inquieta tanto como seduce, apartar a soldados humanos de la línea de fuego sin apartar a las máquinas de la decisión letal.

Washington ha convertido esa idea en presupuesto. El Pentágono pidió 14.200 millones de dólares para investigación en inteligencia artificial y sistemas autónomos en el ejercicio fiscal 2026, y el programa Replicator dispone de mil millones de dólares en 2025 para desplegar miles de drones autónomos antes de finales de 2026.

No es solo dinero público. La inversión de capital riesgo en startups de defensa estadounidenses rondó los 38.000 millones de dólares en 2025, una cifra que ayuda a entender por qué compañías jóvenes han pasado de prometer software a vender capacidad de combate.

Las startups ya entraron en contratos y valoraciones de escala militar

Anduril, fundada por Palmer Luckey, cerró en junio de 2025 una ronda de 2.500 millones de dólares que situó su valoración en 30.500 millones. Un mes después, el mapa del sector volvió a moverse con operaciones que hace pocos años parecían reservadas a gigantes industriales.

En agosto de 2025, Palantir firmó con el Ejército estadounidense un contrato de hasta 10.000 millones de dólares a diez años. La guerra automatizada ya no depende solo de arsenales estatales, también de plataformas de datos, sensores y modelos capaces de coordinar decisiones en tiempo real.

Scout AI llevó esa lógica al extremo cuando demostró en febrero de 2026 una cadena de ataque completamente autónoma, con sistemas de inteligencia artificial que identifican objetivos, evalúan amenazas y coordinan el despliegue de armas.

"Las armas autónomas serán una parte clave de lo que se hace y se hará en el futuro." - Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto estadounidense

La frase del general no cae en el vacío. Encaja con un programa de despliegue masivo de drones, con contratos de miles de millones y con un ecosistema empresarial donde la frontera entre herramienta de apoyo y sistema con capacidad ofensiva resulta cada vez más fina.

Ucrania convirtió el campo de batalla en una prueba continua

En Ucrania, esta transición ya tiene barro, metralla y tareas concretas. Plataformas robóticas como la estonia THeMIS de Milrem Robotics y los sistemas ucranianos Lyut, también citado como Liut, sirven para evacuar heridos, reabastecer posiciones y operar armamento remoto.

Ahí aparece una de las contradicciones centrales del debate. La misma tecnología que puede sacar a un soldado herido de una zona de fuego también puede acercar la violencia automatizada a ritmos y escalas que antes exigían más personal y más tiempo.

La empresa ucraniana Swarmer desarrolló un software para que grupos de drones actúen como una unidad cohesionada, y una unidad militar ucraniana ya lo había empleado en más de cien misiones según datos de septiembre de 2025.

Mientras tanto, Rusia elevó su uso mensual de drones de ataque en Ucrania desde unos 200 al inicio del conflicto hasta aproximadamente 5.000. Solo en 2025 lanzó unos 33.000, y en restos de esos aparatos aparecieron chips Nvidia y módulos de visión térmica durante ese mismo año.

Esa cifra retrata algo más que intensidad militar. También muestra cómo componentes de uso avanzado, como ya ocurrió con chips Nvidia en sistemas de IA, terminan incrustados en una cadena de guerra donde el hardware comercial y el armamento convergen con rapidez.

Los robots armados ya desbordan los compromisos voluntarios

La imagen más incómoda quizá no sea un dron, sino un cuerpo mecánico con forma reconocible. La startup estadounidense Foundation desarrolló el humanoide Phantom MK-1, capaz de empuñar un revólver o un fusil M-16.

Ese paso incumple el acuerdo de 2022 de no armar humanoides que firmaron fabricantes como Boston Dynamics y Agility Robotics. Un compromiso voluntario puede marcar un límite simbólico, pero deja de valer mucho cuando otra empresa decide que el mercado militar compensa el coste reputacional.

"El uso de estos robots es un imperativo moral para salvar vidas de soldados humanos." - Mike LeBlanc, cofundador de Foundation y exmarine

La justificación apela a una intuición poderosa, sustituir cuerpos humanos por máquinas en las tareas más peligrosas. Pero esa promesa convive con una evidencia menos cómoda, cuanto más capaces son los robots para portar armas, más cerca quedan de asumir funciones que antes requerían juicio humano directo.

China también explora esa vía con otra estética. El ejército chino ha montado fusiles, lanzagranadas y sensores en los perros robot cuadrúpedos comercializados por Unitree Robotics, una escena que hace unos años parecía propia de una demostración de feria y hoy forma parte del lenguaje militar.

La ONU intenta regular justo cuando la tecnología acelera

La diplomacia avanza a un ritmo muy distinto. En octubre de 2023, Mirjana Spoljaric, presidenta del Comité Internacional de la Cruz Roja, y António Guterres, secretario general de la ONU, pidieron a los Estados negociar un instrumento jurídicamente vinculante sobre armas autónomas y concluirlo en 2026.

Un año después, en diciembre de 2024, la Asamblea General de la ONU aprobó una resolución con 166 votos a favor y tres en contra para celebrar consultas informales en Nueva York durante 2025. Luego, en septiembre de 2025, 39 Estados, entre ellos España, Alemania, Francia, Austria, México, Suiza y Brasil, reclamaron pasar a negociaciones formales.

La discusión no gira solo en torno a la máquina que dispara. También importa el sistema que clasifica personas, interpreta señales y prioriza amenazas, un terreno donde los sesgos de la inteligencia artificial dejan de ser un problema estadístico y pasan a tener consecuencias físicas inmediatas.

El Stockholm International Peace Research Institute publicó en agosto de 2025 un informe sobre sesgos en la inteligencia artificial militar y su impacto en el cumplimiento del Derecho Internacional Humanitario, con atención a los principios de distinción, proporcionalidad y precaución.

"No son agentes morales ni legales y nunca comprenderán las implicaciones éticas de sus acciones." - Peter Asaro, filósofo, experto en robótica y presidente del International Committee for Robot Arms Control

Ese reproche apunta al núcleo del problema. Un sistema puede detectar, clasificar y atacar, pero no carga con responsabilidad penal, ni con culpa, ni con la comprensión de lo que significa confundir un objetivo militar con una persona civil.

Entre 166 votos en la ONU, 14.200 millones de dólares pedidos por el Pentágono y 33.000 drones lanzados por Rusia en un solo año, la discusión sobre armas autónomas ya no trata de una posibilidad remota. Trata de quién decide, con qué límites, cuando la velocidad de la máquina supera la del derecho.

Sobre el autor
Redacción
Ver biografía