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Australia ha decidido que una canción hecha total o mayoritariamente con inteligencia artificial no podrá entrar en sus listas oficiales de éxitos.
La medida no expulsa la IA del estudio, pero sí traza una línea en el escaparate. La Asociación Australiana de la Industria Discográfica acepta su uso como apoyo técnico siempre que la composición, la voz principal y los instrumentos básicos nazcan de personas, y deja margen para la masterización asistida.
Una versión de Madonna empujó el debate hasta el número uno
Detrás de ese giro hay un caso muy concreto que convirtió una discusión técnica en un problema de reglas. La versión con ayuda de IA de ‘Como una plegaria’ de Madonna llegó al número uno en la lista de sencillos de baile y alcanzó el segundo puesto en la clasificación general tras superar los 48 millones de reproducciones en la plataforma de audio.
Josh Fawaz, pinchadiscos australiano, colocó así en primer plano una pregunta incómoda. ¿Qué premian exactamente unas listas de éxitos cuando una parte del público escucha, comparte y eleva una canción cuya base creativa ya no resulta fácil de delimitar?
Annabelle Herd, directora ejecutiva de la Asociación Australiana de la Industria Discográfica, sitúa ahí el límite del debate.
"Los artistas ya utilizan herramientas de IA en su trabajo, las listas pueden y deben evolucionar para hacerles hueco, pero la música generada íntegramente por servicios construidos sobre las grabaciones de los artistas es otra cosa". - Annabelle Herd, directora ejecutiva de la Asociación Australiana de la Industria Discográfica
La distinción no es menor porque intenta separar la herramienta del sustituto. En esa frontera también aparece la avalancha de canciones sintéticas que ya circula por las plataformas y compite por atención, reproducciones y posición en los rankings.
Casi cuatro de cada diez canciones ya llevan rastro de IA
El volumen ayuda a entender la prisa regulatoria.
Un estudio de una plataforma de envío de música analizó más de un millón de canciones y concluyó que el 38,5% de la música publicada en el mundo en julio utilizó inteligencia artificial. Dentro de ese total, el 23,2% estaba generado íntegramente por IA y otro 15,3% contenía audio creado por IA que después fue modificado o procesado por humanos.
Jason Grishkoff, fundador de esa plataforma, propone otra salida basada en la visibilidad del proceso creativo y no solo en la prohibición.
"Creo que el camino a seguir para la música con IA pasa por la transparencia. La gente debería poder decidir por sí misma si quiere relacionarse con música generada con IA". - Jason Grishkoff, fundador de la plataforma
Esa idea ya baja al terreno práctico. La plataforma de audio empezará a añadir desde septiembre una etiqueta de perfil artificial a algunos artistas cuya música pueda haberse creado con IA, y excluirá esos perfiles de las recomendaciones editoriales y algorítmicas para dar más espacio a la música creada por humanos.
No es una prevención teórica.
La misma plataforma eliminó 75 millones de canciones en un periodo de 12 meses el año pasado por baja calidad y fraude asociado a herramientas de inteligencia artificial. Esa cifra describe una escala industrial donde ya no se discute solo estética o autoría, también saturación, ruido y manipulación del sistema.
La discusión no enfrenta a dos bandos tan nítidos como parece
Mientras unas instituciones endurecen las reglas, otras voces del sector rechazan la idea de que toda IA amenace a la música. Dre, productor ganador de siete premios Grammy, dijo en una entrevista con un diario estadounidense que no la ve como una amenaza y que quienes reaccionan así se parecen a quienes se opusieron en su día a las cajas de ritmos o a los sintetizadores.
Su comparación toca un nervio histórico que la música popular conoce bien. Cada herramienta nueva ha despertado sospechas, pero aquí la fricción no gira solo alrededor del sonido, sino también de qué material se usó para entrenar esos sistemas y de quién cobra cuando una canción sintética sube en las listas.
Otro dato complica todavía más el paisaje. Un proyecto musical ficticio de estilo psicodélico que apareció en la plataforma en 2025 reunió a más de un millón de oyentes mensuales y más tarde actualizó su perfil para definirse como música sintética guiada por dirección creativa humana, con música, voces, letras e imágenes creadas con ayuda de IA.
Hoy mantiene más de 100.000 oyentes mensuales y varias canciones superan el millón de reproducciones, un recorrido que recuerda a los artistas invisibles del streaming. A eso se suma otro precedente igual de llamativo, porque un proyecto campestre generado con IA ya alcanzó el número uno el año pasado en la lista de ventas digitales de música campestre de la principal publicación de éxitos estadounidense.
Ahí está la contradicción que Australia intenta fijar por escrito. La IA puede entrar en la producción, en la limpieza del sonido y en parte del acabado, pero no en la médula de una canción si esa obra aspira a competir como creación humana.