La fiebre de la inteligencia artificial ha entrado en una fase incómoda. Mientras el mercado da por hecho una inversión de unos 800.000 millones de dólares en los próximos doce meses, Bank of America avisa de que muchas valoraciones ya descuentan un desenlace casi perfecto.
Bank of America ve un exceso donde otros ven una apuesta segura
Este viernes, el banco publicó su informe de estrategia europea con un mensaje que corta el entusiasmo. Las expectativas incorporadas en los ganadores parecen excesivas, afirma la entidad al describir cómo cotizan muchas compañías ligadas al boom de la IA.
No es una advertencia menor.
Además, Bank of America calcula que las acciones europeas de mayor momentum viven el mayor nivel de excesos en más de veinte años. El dinero se concentra en semiconductores, bancos, industriales, minería y firmas vinculadas al gasto en IA, mientras alimentación, farmacéuticas y software tradicional se han quedado atrás.
El dinero corre hacia la IA, pero pagarla ya cuesta más
Ahí aparece la primera grieta del relato. Las empresas están limitando el uso de herramientas de inteligencia artificial entre sus empleados porque el coste de consumir modelos avanzados se ha disparado.
Sam Altman, consejero delegado de OpenAI, admite que la resistencia de los clientes a aceptar precios elevados se ha vuelto una preocupación mucho más importante de lo que él anticipaba hace apenas unos meses. La escena resulta llamativa porque el mercado sigue valorando el sector como si esa fricción comercial fuera secundaria.
Mientras tanto, la migración hacia modelos de código abierto más baratos se acelera. Ese desplazamiento puede presionar los ingresos que esperan las grandes plataformas, igual que ya ocurre en la carrera por el capital y la infraestructura que describía la búsqueda de capital en IA.
Las plataformas ya no funcionan como negocios ligeros
Durante años, buena parte de la gran tecnología se apoyó en modelos de activos ligeros. Ahora las plataformas que lideran el despliegue global de inteligencia artificial avanzan hacia un esquema mucho más intensivo en centros de datos, chips, energía, redes eléctricas, refrigeración y capacidad computacional.
Con ese giro también cambia la aritmética financiera. Algunas tecnológicas han dejado de recomprar acciones y han pasado a emitir más capital, un movimiento ligado al deterioro de su conversión de caja.
No es solo un problema de gasto.
El sector tecnológico concentra el 22% de todo el beneficio corporativo esperado a nivel global para los próximos doce meses. Ese porcentaje queda por encima del pico registrado durante la burbuja puntocom, una comparación que Bank of America refuerza al señalar similitudes entre algunos indicadores tecnológicos actuales y los niveles vistos en el estallido del año 2000.
El mercado descuenta beneficios plenos antes de probar la disposición a pagar
La paradoja es sencilla de formular y difícil de ignorar. Los usuarios pueden valorar la IA y usarla cada vez más, pero eso no garantiza que acepten pagar por ella al nivel que hoy sostienen muchas previsiones.
Bank of America lo resume con una advertencia directa. Si los usuarios aprecian la inteligencia artificial, pero no están dispuestos a pagar lo esperado, las hipótesis de rentabilidad que sostienen el actual boom de inversión pueden quedar en entredicho.
Esa tensión ya asoma en dos frentes a la vez, el coste real de desplegar la tecnología y el precio que el cliente acepta asumir. Entre ambos extremos, el mercado ha colocado una expectativa de 800.000 millones de dólares y un peso del 22% del beneficio global en el sector tecnológico, cifras que empiezan a parecerse menos a un colchón y más a una cuerda tirante.