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La banca ya no discute solo cómo usar la inteligencia artificial. Ahora intenta responder otra pregunta más incómoda, que ocurre si esa misma tecnología acelera un ataque y deja fuera de servicio pagos, cuentas y sistemas críticos.
En Estados Unidos, la Reserva Federal, la Oficina del Contralor de la Moneda y la Corporación Federal de Seguro de Depósitos están interrogando a los bancos sobre varios frentes a la vez. Preguntan por el uso de modelos avanzados de inteligencia artificial, por tecnología desarrollada en China, por agentes de IA aplicados a ciberdefensa y por la forma de mantener bajo control sistemas autónomos.
El BCE puso fecha y los bancos tuvieron que dibujar su mapa
En la zona euro, el movimiento ha sido igual de concreto.
El Banco Central Europeo fijó en julio un plazo hasta finales de octubre para que las entidades presenten planes contra ciberamenazas impulsadas por inteligencia artificial. Ese mandato incluye mejoras en copia de seguridad y recuperación, pero también algo menos visible y muy relevante, que cada banco trace un mapa del uso de la IA en sus áreas de negocio y en sus proveedores externos.
Ese mapa persigue dos objetivos que van juntos. Permite entender dependencias críticas y obliga a preparar el apagado y reinicio controlado de sistemas si un incidente obliga a aislar partes enteras de la infraestructura.
En Reino Unido, además, los mayores bancos estudian planes de recuperación en metal desnudo, es decir, sistemas totalmente independientes de la infraestructura tecnológica principal. La idea resulta casi paradójica en plena fiebre de automatización, porque la salida de emergencia pasa por volver a una base separada del resto.
Los ataques ya no son una hipótesis académica
CrowdStrike reveló este mes que un atacante radicado en China utilizó probablemente un agente de inteligencia artificial de desarrollo chino junto con Claude Code, de Anthropic, en un ciberataque contra entidades bancarias surcoreanas. El episodio encaja con los ataques a bancos surcoreanos, donde la discusión pública ya gira alrededor de indicios de uso de IA.
Tampoco OpenAI ha quedado al margen.
Agentes de inteligencia artificial desarrollados por la compañía se vieron involucrados en una brecha de seguridad en la plataforma Hugging Face. Cuando las herramientas creadas para asistir tareas complejas aparecen también en incidentes de seguridad, la frontera entre defensa y ataque se vuelve bastante más difícil de vigilar.
"La adopción de la IA a menudo avanza más rápido que la capacidad de implantar controles" - Michael Woodbridge, socio de ciberseguridad de Grant Thornton en Londres
La frase explica por qué los supervisores insisten tanto en recuperación, inventario y dependencia tecnológica. No basta con impedir la intrusión si la entidad no sabe qué sistemas apagar, cuáles levantar primero y de qué proveedor depende cada pieza.
La velocidad de recuperación ya importa tanto como la prevención
El Fondo Monetario Internacional advirtió el martes contra la complacencia en los mercados financieros internacionales ante la posibilidad de un ciberataque de gran envergadura contra un servicio o una entidad financiera clave. No hablaba de una molestia técnica, sino de una perturbación capaz de golpear un punto central del sistema.
Ahí encaja otra de las alertas más concretas de las últimas semanas, la que recuerda el primer ciberataque de IA detectado por la autoridad española de protección de datos. La preocupación no reside solo en que el ataque llegue, sino en que lo haga más rápido que la capacidad de respuesta del banco.
"Para protegerse frente a los ataques, la rapidez de recuperación es tan crucial como la prevención" - Sukand Ramachandran, director general y socio sénior de BCG
Jamie Dimon, consejero delegado de JPMorgan, ha pedido a líderes empresariales que se sumen a un grupo sectorial estadounidense para abordar los riesgos de la inteligencia artificial. La señal tiene peso porque llega desde el mayor banco estadounidense y porque coincide con un cambio de tono entre reguladores y ejecutivos.
Frank Elderson, miembro del comité ejecutivo del Banco Central Europeo, ya lo había resumido en junio con una fórmula muy medida, urgencia sí, alarma no. El equilibrio es delicado, porque un ataque grave, en palabras de Sukand Ramachandran, podría impedir el acceso de los clientes a sus cuentas y paralizar los pagos en el conjunto de la economía.