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La alarma ya no gira solo en torno al empleo que puede destruir la inteligencia artificial. Empieza a colarse otra duda menos visible y quizá más incómoda, porque una encuesta de BCG a altos ejecutivos muestra que más del 60% cree que la pérdida de habilidades como la resolución analítica de problemas y el pensamiento creativo será una amenaza real en los próximos años.
La mitad de esos directivos sostiene además que el problema no viene de mañana, sino de antes.
BCG describe una consecuencia que afecta a la empresa por dentro. Cuando cientos o miles de empleados pierden pensamiento crítico, también se debilitan con el tiempo la inteligencia colectiva y la resiliencia de la organización.
La sospecha apareció una semana después de ChatGPT
Apenas una semana después del lanzamiento de ChatGPT, las universidades ya discutían si delegar demasiado en estas herramientas podía erosionar la capacidad de pensar con criterio propio. La pregunta saltó pronto del aula a la oficina, donde la promesa de rapidez convive con un coste menos evidente.
Juanjo Marle, recruiter, headhunter y experto en talento, sitúa ahí la contradicción central del momento.
"La IA puede ayudarnos a eliminar tareas repetitivas, encontrar nuevas perspectivas, ordenar información y trabajar con mayor rapidez. El problema aparece cuando aceptamos automáticamente su primera respuesta, dejamos de contrastar o delegamos en ella decisiones que requieren experiencia, contexto y criterio humano. Podemos producir más y, al mismo tiempo, pensar menos. Producir más no siempre significa ser más productivos. La productividad no debería medirse únicamente por la cantidad de tareas, textos o decisiones generadas, sino por la calidad del resultado, el impacto y el valor que aportamos." - Juanjo Marle, recruiter, headhunter y experto en talento
No es una objeción contra la herramienta, sino contra el hábito. En esa diferencia se juega buena parte del problema, porque una tarea resuelta en segundos puede ahorrar tiempo y a la vez recortar el ejercicio mental que antes obligaba a contrastar, ordenar ideas y elegir.
Rafa Alonso, psicólogo laboral, lleva la discusión a un terreno más humano que técnico.
"Si pones tu pensamiento crítico, tu creatividad y tu intuición en manos de la IA, le estás dejando lo más preciado que tiene el ser humano, que es hacer las cosas de forma imperfecta, equivocarse, rectificar, crear algo desde cero... Y lo mismo ocurre con el tiempo de uso. Si te acostumbras a delegar todas las tareas al criterio de la IA, seguramente pierdas tu capacidad de análisis, porque detectar patrones es una habilidad que se practica igual que comunicarse bien o trabajar en equipo." - Rafa Alonso, psicólogo laboral
La idea de fondo resulta fácil de reconocer en la vida cotidiana. Igual que una calculadora no elimina las matemáticas pero puede atrofiar el cálculo mental si siempre decide por nosotros, un chatbot puede asistir sin sustituir del todo el proceso de pensar.
Algunas empresas ya entrenan el músculo que la IA relaja
Anthropic ha introducido una práctica llamativa entre sus ingenieros, que de vez en cuando escriben código sin ayuda de inteligencia artificial para no perder destreza. Una empresa estadounidense de telecomunicaciones organiza hackatones anuales sin IA para poner a prueba la creatividad y la resolución de problemas de su plantilla.
Tampoco todos miden el uso por horas de pantalla o número de consultas. Una agencia gubernamental francesa pide a sus directivos que evalúen a los empleados por su capacidad para cuestionar lo que devuelven los chatbots, una preocupación que encaja con la fatiga mental por chatbots y con los primeros indicios de dependencia cognitiva en el trabajo.
Solo una de cada diez empresas consultadas por BCG ha desarrollado una estrategia o un programa específico para afrontar este riesgo. Un tercio ni siquiera lo ha discutido de forma explícita, pese a que el debate sobre pensamiento crítico y automatización ya aparece en decisiones de gestión, selección y evaluación del desempeño.
Marle también plantea qué pierde el trabajo cuando todo pasa por la respuesta más inmediata.
"Así, ¿dónde queda la originalidad y la gracia? La creatividad necesita tiempo, silencio, observación, aburrimiento y pensamiento propio." - Juanjo Marle, recruiter, headhunter y experto en talento
Esa observación apunta a algo que las empresas suelen medir mal. La rapidez se ve enseguida en un panel de productividad, pero el deterioro de la intuición, del criterio o de la capacidad para detectar un fallo solo aparece más tarde, cuando ya falta alguien que haga la pregunta incómoda.
La regla útil no consiste en usar menos, sino en llegar después
Marle propone una secuencia concreta que cambia el lugar de la máquina en el trabajo diario, una lógica cercana a el valor del pensamiento crítico cuando las tareas repetitivas pierden peso.
"La solución no es utilizar menos IA, sino utilizarla mejor. Antes de recurrir a ella, el profesional debería definir su propia hipótesis, criterio o primera propuesta. Después puede usar la herramienta para cuestionarla, ampliarla o encontrar puntos débiles. Finalmente, debe volver a intervenir la persona para validar, decidir y asumir la responsabilidad del resultado. La IA debe reducir el trabajo mecánico, no eliminar el esfuerzo intelectual. Nos equivocaremos si lo hacemos. Una buena regla sería: primero piensa la persona, después participa la IA y finalmente vuelve a decidir la persona. La herramienta puede ser un copiloto extraordinario, pero no debería convertirse en el conductor." - Juanjo Marle, recruiter, headhunter y experto en talento
Solo una de cada diez empresas ha preparado un plan específico para este problema. Mientras más del 60% de los altos ejecutivos ya lo percibe como una amenaza real y la mitad asegura que lleva tiempo ocurriendo, un tercio de las compañías todavía no ha abierto la conversación.