'CapuchinAI' lleva pruebas cognitivas al bosque de Costa Rica: 16 monos capuchinos tocan una pantalla por plátanos

Investigadores de Emory y Georgia Tech desarrollan CapuchinAI para evaluar aprendizaje, memoria y decisiones de 16 capuchinos en su hábitat natural sin sacarlos del bosque.

10 de agosto de 2026 a las 13:47h
'CapuchinAI' lleva pruebas cognitivas al bosque de Costa Rica: 16 monos capuchinos tocan una pantalla por plátanos
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Una pantalla táctil en una reserva forestal de Costa Rica está sirviendo para algo poco habitual fuera de un laboratorio. CapuchinAI reconoce la cara de los monos capuchinos y les plantea pruebas cognitivas a cambio de trozos de plátano.

No deja de tener algo de escena cotidiana y extraña a la vez. Algunos animales no solo aprendieron a tocar la pantalla, sino que llegaron a acercarse y besarla durante las pruebas.

Dieciséis capuchinos aprendieron a usar la máquina

El sistema lo han desarrollado investigadores de la Universidad de Emory y del Instituto Tecnológico de Georgia Tech, con la idea de medir capacidades mentales sin sacar a los primates de su entorno habitual.

Un total de 16 monos capuchinos aprendieron a interactuar con la pantalla para conseguir comida. Ese detalle cambia bastante la imagen clásica de la investigación con animales, porque aquí no hay jaulas de laboratorio ni traslados forzados.

Además, la herramienta permite evaluar aprendizaje, memoria y toma de decisiones en pleno hábitat natural. Ahí está el giro interesante, porque observar a un animal en su propio ambiente no ofrece lo mismo que examinarlo en un espacio controlado.

La inteligencia artificial salió del laboratorio y entró en el bosque

CapuchinAI funciona con reconocimiento facial para identificar a cada ejemplar y asociarlo con distintas pruebas cognitivas. Esa combinación convierte una simple pantalla en un punto de encuentro entre etología, informática y conducta animal.

Antes, la inteligencia artificial ya se había usado para identificar elefantes, ballenas, delfines y cuervos con fines de monitorización y detección de patrones, como ocurre en sistemas de reconocimiento con IA. La diferencia aquí es que la máquina no solo observa, también propone tareas y registra cómo responde cada animal.

Por eso los investigadores lo consideran uno de los primeros sistemas escalables para estudiar la cognición de animales salvajes sin arrancarlos de su contexto. Escalable, en este caso, significa que la idea podría repetirse con más individuos o en otros entornos sin rehacer todo desde cero.

El bosque también revela gestos que un laboratorio no enseña

Besaron la pantalla.

Ese comportamiento no es un dato menor ni una anécdota simpática. También sugiere que la interacción con la máquina no fue puramente mecánica, sino que despertó respuestas espontáneas difíciles de anticipar en un experimento más rígido.

Hay una pregunta de fondo que vuelve una y otra vez cuando la tecnología entra en territorios vivos. ¿Qué aprende el animal y qué aprende el investigador cuando la prueba ocurre en el lugar donde el mono come, se mueve y convive con su grupo?

La escena final no es la de una máquina imponiendo reglas al bosque, sino la de 16 capuchinos que entendieron cómo obtener plátano tocando una pantalla, mientras algunos incluso la besaban.

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