Carrefour y Expedia se adaptan a la IA: si tu producto no es legible, 'dejarás de existir'

La compra online pasa a depender de agentes de IA que comparan, reservan y compran. Carrefour, Expedia y Amazon ya ajustan sus plataformas mientras Gartner y McKinsey prevén billones gestionados por IA.

24 de mayo de 2026 a las 13:50h
Carrefour y Expedia se adaptan a la IA: si tu producto no es legible, 'dejarás de existir'
Carrefour y Expedia se adaptan a la IA: si tu producto no es legible, 'dejarás de existir'

Comprar por internet empieza a parecerse menos a navegar y más a delegar. El escaparate digital ya no lo recorre solo una persona con tiempo, dudas y pestañas abiertas. También lo recorren agentes de inteligencia artificial que comparan, filtran y, en algunos casos, ejecutan la compra.

Esa transición ya tiene nombres propios y cifras que la sostienen. Carrefour anunció a comienzos de año su adhesión al Universal Commerce Protocol de Google para que los agentes de IA puedan comunicarse con su tienda online, y Expedia está reconfigurando su plataforma B2B para entregar inventario y tarifas en tiempo real a sistemas capaces de reservar sin intervención del usuario.

Álvaro Gómez advierte que la visibilidad ya depende de hablar el idioma de la IA

Álvaro Gómez, consejero delegado del operador de negocios digitales Elogia, pone el foco en un cambio que afecta a cualquier marca con catálogo online.

"Si tu producto no es legible por una IA, sencillamente dejarás de existir en el nuevo escaparate digital." - Álvaro Gómez, consejero delegado de Elogia

La idea tiene incluso nombre propio. La optimización de la presencia digital para ser elegidos por agentes de IA en vez de por buscadores tradicionales se conoce como Agent Engine Optimization, una adaptación del lenguaje comercial a un entorno donde la decisión puede tomarla una máquina.

Gómez va un paso más allá cuando describe el límite del SEO clásico. Ya no basta con el SEO tradicional si la información del producto no resulta interpretable por una IA, porque entonces la marca queda fuera del radar del agente que compra en nombre del usuario.

Las plataformas ya adaptan sus catálogos para vender sin intervención humana

No hablamos de una hipótesis lejana. Amazon ya tiene una señal de escala con Rufus, su asistente virtual, que alcanzó 250 millones de usuarios únicos durante el año pasado.

Ese volumen importa porque cambia la cadena de decisión. Si una parte creciente de las búsquedas, comparaciones y recomendaciones pasa por asistentes automáticos, la batalla comercial deja de librarse solo en la pantalla visible para el cliente y empieza a jugarse también en la capa de datos que interpreta la IA.

Ahí encajan movimientos como el de Carrefour y el de Expedia. En el primer caso, la tienda se abre a un protocolo para conversar con agentes; en el segundo, la plataforma prepara suministro de disponibilidad y precios en tiempo real para que la reserva salga hecha desde un sistema generativo, no desde un clic humano.

Las previsiones ya mueven billones y cambian la lógica de compra

Gartner estima que 15 billones de dólares en compras B2B se gestionarán mediante inteligencia artificial para 2028. McKinsey sitúa esa misma ola entre 3 y 5 billones de dólares para 2030, una horquilla distinta pero suficiente para mostrar la magnitud del giro.

Entre una previsión y otra hay diferencia de calendario y de volumen, pero no de dirección. La compra asistida por IA deja de ser un experimento lateral y entra en el terreno donde operan distribuidores, marketplaces y proveedores que viven de afinar márgenes en tiempo real.

Además, los consumidores españoles ya conceden a estos sistemas una credibilidad llamativa. Accenture coloca a la inteligencia artificial como la segunda fuente más fiable para ellos, por delante de reseñas, influencers y recomendaciones de conocidos.

Eso altera una intuición muy asentada en el comercio digital. Durante años, la prueba social parecía el gran atajo de confianza; ahora una respuesta generada por IA supera a voces humanas que habían dominado la recomendación online.

McKinsey sostiene que competir solo por precio puede dañar los márgenes

La consecuencia no afecta solo a la visibilidad, también al beneficio. McKinsey concluye que los comercios tendrán que ofrecer packs dinámicos y personalizados o productos exclusivos si quieren evitar que la IA empuje una guerra de precios capaz de erosionar márgenes.

Cuando un agente compara de forma automática y constante, el precio desnudo gana peso y la diferenciación se encarece. Por eso la personalización y la exclusividad dejan de ser un adorno comercial y pasan a funcionar como defensa ante un comprador algorítmico que no se distrae.

Visto así, el problema no consiste únicamente en aparecer, sino en aparecer con algo que no pueda reducirse a una tabla de importes. Si la inteligencia artificial ya actúa como segunda fuente más fiable para los consumidores españoles y Amazon Rufus ya sumó 250 millones de usuarios únicos en un año, la discusión sobre el comercio digital empieza en los datos del producto y termina en el margen que sobrevive.

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