Millones de contribuyentes españoles están a punto de enfrentarse de nuevo al ritual anual rellenar la declaración de la Renta. En 2025, el escenario no ha cambiado tanto como cabría esperar. A pesar del auge de la inteligencia artificial y las herramientas automatizadas que prometen simplificar hasta lo más complejo, la Agencia Tributaria mantiene una postura clara no confíes en ChatGPT para hacer tu declaración.
Una advertencia con peso
Las palabras no vinieron de un técnico anónimo, sino de la directora general de la Agencia Tributaria, Soledad Fernández. Y su mensaje fue contundente "Con lo que se ha volcado el equipo de la Agencia Tributaria en aportar las mejores herramientas de ayuda y asistencia, no me arriesgaría a hacerla con ChatGPT".
Esa advertencia llega en un momento en el que muchas personas, abrumadas por el lenguaje técnico, los plazos ajustados y las dudas sobre deducciones, buscan atajos. ChatGPT y otras herramientas de IA son tentadores. Resuelven dudas al instante, parecen saberlo todo. Pero, como recuerda Hacienda, una respuesta errónea puede costar cara desde devoluciones injustificadas hasta sanciones por errores en datos esenciales.
El esfuerzo por hacerlo más fácil
La Agencia Tributaria no se ha quedado de brazos cruzados. Para esta campaña, ha mejorado notablemente su plataforma Renta Web. Ahora permite más accesos directos a ventanas de captura de datos, facilita la interacción entre apartados y ofrece información ampliada sobre subvenciones que pueden afectar a la base imponible.
Además, la aplicación móvil ha recibido importantes actualizaciones, pensadas para quienes prefieren gestionar trámites desde el teléfono. Navegación más intuitiva, recordatorios automáticos y una guía paso a paso buscan reducir la ansiedad fiscal que tantos experimentan cada primavera.
Y aunque la tecnología avanza, los canales tradicionales siguen vigentes. El plan "Le Llamamos", que permite que un agente de Hacienda contacte directamente al contribuyente, arranca el 6 de mayo. La cita para este servicio puede solicitarse desde el 29 de abril. La atención presencial en oficinas comienza el 1 de junio. Es decir el Estado mantiene múltiples puertas abiertas, no solo digitales.
IA sí, pero con cuidado
Curiosamente, aunque la Agencia desaconseja el uso de IA por parte de los ciudadanos, algunos se preguntan si ella misma la utiliza. La respuesta es matizada. Desde Hacienda aseguran que no emplean inteligencia artificial en la tramitación de expedientes ni en el control extensivo de declaraciones.
Sus sistemas de análisis de riesgos esos algoritmos que detectan incongruencias entre ingresos, gastos y patrimonio tampoco se consideran IA "en sentido estricto". Se trata, más bien, de modelos estadísticos avanzados, capaces de cruzar datos, pero sin capacidad de aprendizaje autónomo ni toma de decisiones. Por ahora, cada caso sospechoso sigue requiriendo la intervención humana.
¿Quién puede hacerlo solo?
Detrás de esta advertencia hay una realidad social poco comentada no todos tienen los mismos recursos para cumplir con sus obligaciones fiscales. Mientras algunos pueden confiar en asesores privados una opción que cuesta cientos de euros, otros dependen exclusivamente de herramientas públicas.
Para quienes no dominan la fiscalidad, la alternativa suele ser contratar a un gestor. Pero ese coste añadido pesa más en los hogares con menos ingresos. Así, lo que debería ser un trámite neutral se convierte, en la práctica, en un ejercicio de desigualdad. La brecha digital no es solo técnica, también es económica.
Quizá por eso Hacienda insiste tanto en la fiabilidad de sus servicios porque sabe que, para muchos, no hay plan B.
La campaña de la Renta 2025 empieza con una paradoja en plena era de inteligencia artificial, la mejor herramienta sigue siendo la que combina tecnología pública bien diseñada con el respaldo de una atención humana. Hacienda no prohíbe usar ChatGPT, pero sí nos recuerda que, cuando de dinero y leyes se trata, a veces lo más moderno no es lo más seguro. Y en un trámite que afecta a casi 20 millones de personas, confiar en una máquina que "aprende" pero no entiende, puede ser un riesgo que nadie debería asumir a ciegas.