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Un libro de segunda mano puede acabar hoy en un estante, en una librería de viejo o en la cadena de montaje de un sistema de inteligencia artificial.
CEDRO abrió ese frente el 6 de agosto, cuando pidió explicaciones a Zoom Books, de Canadá, e ISBNdb, de Portugal, por la posible adquisición y digitalización de títulos de su repertorio y por sus vínculos con empresas de inteligencia artificial. La entidad también les instó a cesar la actividad si reutilizaron obras de sus socios sin autorización.
CEDRO llevó la disputa al terreno de la reproducción digital
La cuestión no gira solo alrededor de quién compra los ejemplares, sino de qué ocurre después con ellos.
Jorge Corrales, director general de CEDRO, sitúa ahí el núcleo jurídico del conflicto.
"La adquisición de un ejemplar físico no implica la autorización para reproducir su contenido, digitalizarlo, incorporarlo a bases de datos o utilizarlo para desarrollar sistemas de inteligencia artificial" - Jorge Corrales, director general de CEDRO
Esa diferencia entre comprar un objeto y explotar su contenido explica por qué la compra masiva de libros usados ha dejado de ser una rareza comercial para convertirse en un problema de propiedad intelectual. En España, además, varias empresas desarrolladoras de IA operan con compras a gran escala de libros de segunda mano, muchos en catalán, incluidos manuales especializados o títulos descatalogados protegidos por derechos de autor.
A veces, tras el escaneo, los ejemplares son destruidos.
Ahí aparece una paradoja difícil de ignorar. La industria que nació alimentándose de la abundancia digital busca ahora material físico y escaso, como ya apuntaban compras masivas de libros impresos detectadas en otros casos recientes.
Internet ya no basta y las máquinas vuelven al papel
Corrales ofrece una explicación que conecta este movimiento con el agotamiento de otras fuentes de texto.
"Tras haber reutilizado gran parte de la información accesible en Internet, en abierto y también la pirata, la nueva estrategia de algunas compañías es acudir al mercado del libro de segunda mano para no tener que recurrir a contenidos generados por otras inteligencias artificiales" - Jorge Corrales, director general de CEDRO
La frase retrata un cambio de ciclo. Si la red ya está demasiado contaminada por textos sintéticos o ya ha sido explotada de forma intensiva, el libro físico recupera valor como depósito de lenguaje humano no mediado por otras máquinas.
Madrid fue el escenario elegido por CEDRO para comunicar el 2 de septiembre que en agosto había solicitado información formal a ambas compañías. No hablaba de una sospecha abstracta, sino de operaciones concretas de compra y digitalización que afectan a obras todavía protegidas.
El caso tampoco vive aislado.
En Estados Unidos, diversas organizaciones han pedido a la Comisión Federal de Comercio que investigue la compra, la digitalización y la destrucción masiva de libros por parte de empresas de inteligencia artificial. Ese telón de fondo enlaza con los pleitos sobre obras protegidas que ya discuten no solo el entrenamiento de modelos, sino también la forma en que se obtienen los materiales.
La disputa también pregunta qué lugar ocupa la cultura escrita
Corrales formula el debate en términos más amplios que una mera controversia mercantil.
"La clave de este asunto no está en si hay compras masivas de libros, sino en si queremos que la cultura escrita acabe reducida a materia prima para entrenar a la IA, sin control sobre su uso, sin transparencia y sin garantizar los derechos de quienes la crean y editan" - Jorge Corrales, director general de CEDRO
Su planteamiento enlaza la propiedad intelectual con algo más cotidiano y más frágil a la vez. Un manual técnico descatalogado o un libro en catalán pueden parecer piezas menores dentro del mercado de ocasión, pero en esta carrera pasan a valer por lo que contienen, no por lo que cuestan en una mesa de saldo.
De ahí que CEDRO insista en dos exigencias muy concretas a las tecnológicas, transparencia sobre el origen de los contenidos y autorización con remuneración justa para autores y editores afectados. Entre la compra legal de un ejemplar y su conversión en combustible para entrenar IA, la distancia sigue siendo todo el conflicto.