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La web ya no la escriben solo las personas. Tras la llegada de ChatGPT en noviembre de 2022, un tercio de las páginas publicadas muestra indicios de haber sido escrita o editada por inteligencia artificial.
El dato tiene algo de giro histórico porque coincide con otro cambio de fondo. La inteligencia artificial ya ha superado por primera vez al tráfico web procedente de humanos a escala global, de acuerdo con los registros de Cloudflare, justo cuando herramientas como ChatGPT, Gemini y Claude han dejado de ser una rareza de laboratorio para instalarse en la rutina digital.
Un análisis de casi medio millón de páginas dibujó el cambio
En julio, el Centro de Investigaciones Pew comprobó que el 35% de las páginas web publicadas tras la irrupción de ChatGPT presentaba indicios de autoría o edición por inteligencia artificial.
Para llegar a esa cifra, el equipo reunió casi medio millón de páginas web en inglés de los últimos cinco años del archivo Common Crawl. Después aplicó Open Pangram, una herramienta de detección pensada para estimar si un texto había pasado por un modelo generativo.
Los dominios .com concentran más señales de escritura asistida por inteligencia artificial que los sitios .org, .edu y .gov.
La pista no está solo en quién escribe, también en cómo suena
No siempre hace falta mirar el contenido de frente para notar el cambio. A veces basta con fijarse en pequeños tics de estilo, esas marcas de escritura que antes parecían elecciones personales y ahora empiezan a repetirse con una frecuencia llamativa.
El uso de la raya larga en textos generados por inteligencia artificial se ha duplicado frente a 2023. La coma de Oxford ha aumentado un 63% y el paralelismo negativo se ha triplicado, tres señales que convierten la prosa en algo más uniforme de lo que muchos lectores perciben a simple vista.
También aparecen con más frecuencia palabras como profundizar, interactuar o testamento.
El entrenamiento dejó huellas en el lenguaje
Los responsables del Centro de Investigaciones Pew ofrecen una explicación menos misteriosa de esa tendencia. Sostienen que estas peculiaridades lingüísticas se repiten más porque los modelos fueron entrenados con una sobrerrepresentación de textos que ya incluían esos rasgos.
La consecuencia es curiosa y bastante cotidiana a la vez. Cuanto más se usan estos asistentes para redactar, corregir o pulir textos, más fácil resulta que ciertas fórmulas regresen a la web multiplicadas, como si internet empezara a devolverse a sí mismo una versión cada vez más reconocible.
Ahí asoma una paradoja parecida a la que ya apareció en la visibilidad de las empresas en asistentes, porque la red parece ensancharse mientras su lenguaje se estrecha. Si una tercera parte de las páginas recientes ya presenta indicios de edición o autoría automática, la abundancia de contenido convive con un repertorio verbal cada vez menos variado.
El detalle más revelador quizá no sea que una máquina escriba, sino que empiece a notarse cuándo lo hace.