Cuando el rumor comenzó a circular entre los pasillos de la Universidad de Comunicación de China, muchos estudiantes de fotografía lo recibieron con una mezcla de resignación y alivio. No era una sorpresa, sino una confirmación la carrera desaparecía. "Todos suspiramos al escuchar la noticia, pero no hubo grandes emociones", me contó un alumno de cuarto año, con la mirada fija en su cámara, como si ya supiera que el objeto y su futuro estaban siendo redefinidos.
El fin de una era artística
La Universidad de Comunicación de China (CUC), uno de los centros más influyentes del país en artes escénicas, medios y comunicación, ha suprimido 16 programas académicos en los últimos años. Entre ellos, cinco de las carreras más emblemáticas del arte contemporáneo fotografía, cómics, diseño de comunicación visual, arte de nuevos medios y diseño de moda. No se trata solo de ajustes presupuestarios ni de decisiones aisladas. Es parte de un movimiento mucho más amplio, una transformación sistémica que está reconfigurando el mapa universitario chino.
En otras instituciones, el patrón se repite. La Universidad de Nanchang eliminó cuatro carreras artísticas dentro de un total de ocho suprimidas. La Universidad de Jilin retiró diez programas artísticos en solo dos años. En Shanghái, la Universidad Normal del Este anunció la suspensión de tres programas de arte. Tongji eliminó tres más. Incluso la China University of Petroleum decidió suspender todas las admisiones en estudios de arte. A finales de 2025, según informó China News Service, el fenómeno ya se había convertido en una tendencia nacional.
La lógica del ajuste
Detrás de estos cambios no hay caos, sino un plan. Un plan con nombre y apellido el Plan de Acción para el Ajuste y Optimización de Disciplinas y Programas en Educación Superior. Este documento estatal, de carácter trianual, da luz verde a las universidades para cancelar titulaciones con baja empleabilidad y expandir otras consideradas estratégicas. La mirada está puesta en el futuro inteligencia artificial, ciencia de datos, automatización, medios inteligentes.
Según Wu Yan, viceministro de Educación, en 2024 se crearon 1.600 nuevos programas académicos, mientras que se eliminaron casi la misma cantidad. El mensaje es claro la educación superior debe alinearse con los objetivos nacionales. Y esos objetivos, en el contexto actual de China, giran en torno a la competencia global por la hegemonía tecnológica, una caída acelerada de la natalidad y una tasa de desempleo juvenil que rozó cifras preocupantes en ciertos sectores.
La fotografía no muere, se transforma
En la CUC, la supresión de la carrera de fotografía no significa que el arte visual desaparezca. Al contrario se integra en un nuevo programa llamado "fotografía y producción para cine y televisión". Es un giro, no una extinción. Las cámaras no se abandonan; se ponen al servicio de una narrativa más amplia, más conectada con la producción audiovisual industrial. Lo que cambia es el marco ya no se trata solo de capturar imágenes, sino de gestionar flujos visuales en entornos híbridos, donde la cámara humana coexiste con la cámara algorítmica.
Y es ahí donde entra en juego la inteligencia artificial. La CUC ha lanzado nuevos programas como "cine y televisión inteligentes" y "medios inteligentes", donde la IA no es un apéndice, sino un componente central del currículo. La enseñanza ya no se limita a dominar la técnica, sino a entender cómo repartir tareas con una máquina. "Necesitamos encontrar soluciones y dejar que la IA se encargue del resto para que los estudiantes aprendan", dice Liao Xiangzhong, secretario del Partido de la Universidad de Comunicación de China.
"La gran amenaza de la IA no es reemplazar una habilidad específica, sino privar a las personas de su interés y capacidad de pensar" - Liao Xiangzhong, secretario del Partido de la Universidad de Comunicación de China
Para Liao, la IA "no debe considerarse simplemente una herramienta, sino más bien un asistente, un socio, un competidor e incluso una entidad colaborativa completamente nueva". Esta visión no es solo pedagógica, es filosófica. Implica una redefinición del rol del estudiante, del profesor, del artista. Ya no se trata de hacer mejor lo que hace la máquina, sino de hacer lo que la máquina no puede.
¿Qué queda del arte en la era de la eficiencia?
Estas decisiones no son neutras. Tienen un costo humano. Cada carrera eliminada deja tras de sí a estudiantes que ya no saben si su formación tendrá salida, a profesores que ven desmantelado su campo de trabajo, a familias que invirtieron tiempo y dinero en un camino que ahora se desvanece. Pero también abren preguntas incómodas ¿cuánto arte necesita una sociedad en plena carrera tecnológica? ¿Qué valor tiene la creatividad cuando se mide en empleabilidad?
China no es el primer país que reestructura su oferta universitaria. Pero lo hace en un contexto único una economía en transición, una juventud cada vez más escasa y una ambición geopolítica que pasa por dominar el futuro de la tecnología. En este escenario, el arte se convierte en un lujo que debe justificarse. O adaptarse.
En la sala de revelado digital de la CUC, los ordenadores ya no solo editan fotos. Generan escenas, proponen composiciones, incluso simulan estilos de directores de fotografía clásicos. Los estudiantes miran las pantallas, asienten, corrigen. Aprenden a dialogar con una inteligencia que no entiende del miedo al blanco, del peso de la luz natural, de la emoción contenida en un instante. Aprenden a pensar, como dice Liao, con otra lógica. Y en ese proceso, algo se pierde. Pero también, quizás, algo nace.