En los primeros dos meses de 2026, China cruzó un umbral simbólico en su carrera tecnológica exportó circuitos integrados por valor de 43.300 millones de dólares. Es una cifra que suena a récord, y lo es. Pero lo más llamativo no es solo el tamaño del número, sino el salto que representa. Ese volumen de ventas al exterior supone un crecimiento del 72,6% frente al mismo periodo del año anterior. Un crecimiento que no camina al ritmo de la economía general, sino que la deja atrás. Mientras las exportaciones totales del país crecieron un 21,8%, los chips chinos se han disparado. Es un dato que no puede leerse como un detalle más de las estadísticas aduaneras. Es una señal de que algo ha cambiado en el corazón de la industria global de semiconductores.
El pulso por la inteligencia artificial
Detrás de esta explosión está una demanda mundial insaciable la de los chips para inteligencia artificial. Desde centros de datos hasta startups de modelos de lenguaje, desde vehículos autónomos hasta asistentes virtuales, todo requiere más potencia de cálculo. Y ese cálculo lo ejecutan los semiconductores. La demanda de chips para IA se ha convertido en el motor más potente del mercado tecnológico global. Y China, lejos de quedarse al margen, está ocupando un espacio cada vez más central.
Hace apenas cinco años, el escenario era muy distinto. Estados Unidos y sus aliados, especialmente los Países Bajos, endurecieron las restricciones para impedir que China accediera a las máquinas más avanzadas de ASML, la empresa neerlandesa que domina la fabricación de equipos de fotolitografía. Sin esas máquinas, fabricar chips de última generación como los de 5 nm o 3 nm parecía una misión imposible. Pero lo que se diseñó como un freno, acabó convirtiéndose en un acelerador. Las sanciones forzaron a China a apostar por la autosuficiencia en toda la cadena de producción de semiconductores. Y ahora, los resultados empiezan a verse en las cifras de exportación.
El salto de las empresas chinas
Hoy, compañías como Huawei, Moore Threads o Cambricon Technologies ya ofrecen GPU para inteligencia artificial con prestaciones competitivas. No necesariamente compiten en todos los aspectos con los chips fabricados por TSMC para NVIDIA o AMD, pero en muchos casos son suficientes. Y, sobre todo, están disponibles. Algunos de estos chips chinos están siendo adquiridos por empresas extranjeras que no logran acceder a los modelos más avanzados por restricciones de suministro o por limitaciones geopolíticas.
SMIC, el mayor fabricante de semiconductores del país, ya tiene capacidad para producir chips de 7 nanómetros, y posiblemente también de 5 nm. Lo hace con equipos de litografía ultravioleta profunda adquiridos antes de que las sanciones se cerraran del todo. Pero hay un matiz importante para fabricar chips de 7 nm sin las máquinas de litografía de última generación, SMIC recurre a una técnica conocida como "multiple patterning", que implica transferir el diseño del chip a la oblea en varias pasadas. Es un proceso más lento, más costoso y menos eficiente. Se dice que presumiblemente no fabrica chips de 7 nm a gran escala, y que buena parte de los que produce podrían estar destinados a Huawei.
La fuerza de los chips maduros
Si la atención suele centrarse en los nanómetros más pequeños, en China están mirando también hacia atrás pero con una estrategia clara. La mayor parte de su producción masiva se concentra en tecnologías maduras, como los chips de 28 nm o incluso más antiguos. Y no es un retroceso. Es una apuesta inteligente. La mayoría de los dispositivos electrónicos, electrodomésticos y automóviles del mundo funcionan con semiconductores de estas generaciones.
Empresas como Hua Hong Semiconductor, China Resources Microelectronics o Guangzhou ZenSemi han consolidado su posición en este segmento. Y nuevas inversiones llegan con fuerza. Beijing Yandong Microelectronics (YDME) está construyendo una planta valorada en 4.600 millones de dólares para producir semiconductores de 28 nm en obleas de 300 mm. Es una infraestructura pensada para durar, para abastecer no solo al mercado interno, sino también al global.
Esta apuesta por los chips maduros no responde solo a limitaciones técnicas. Responde a una realidad de mercado hay escasez, hay demanda y hay margen de beneficio. Y en medio de una guerra tecnológica que divide el mundo en bloques, tener una cadena de suministro estable y nacional es una ventaja estratégica.
Un nuevo mapa del poder tecnológico
Las cifras de exportación de 2026 no solo muestran crecimiento. Revelan una transformación. China ya no es solo un gran consumidor de chips, ni un simple ensamblador de dispositivos. Está construyendo una industria completa, con pies en las tecnologías avanzadas y cabeza fría para explotar las que funcionan hoy. La demanda interna ha sido el trampolín, pero ahora es la demanda externa la que da legitimidad a su posición.
¿Significa esto que ha superado las barreras tecnológicas que le impusieron Occidente? No del todo. Pero sí demuestra que ha encontrado caminos alternativos. Y en muchos casos, esos caminos están funcionando. El pulso por la inteligencia artificial no se gana solo con los chips más pequeños, sino con los que están disponibles, asequibles y funcionales.
El mercado global de semiconductores está cambiando. Y China ya no está solo compitiendo. Está exportando su capacidad, su tecnología y, poco a poco, su influencia.