Imagina una fábrica donde los trabajadores no tienen piel, ni cansancio, ni necesitan vacaciones. Solo brazos articulados, sensores en los ojos y un software que aprende cada día. Ahora imagina miles de esos robots, no en una película de ciencia ficción, sino en las líneas de montaje de Shenzhen o en las casas de las clases medias chinas dentro de dos décadas. Este futuro no está tan lejos. Y aunque Elon Musk lo vende como una apuesta arriesgada de Tesla, la realidad es que China ya está escribiendo el primer capítulo de la era de los robots humanoides.
El pulso tecnológico entre dos potencias
En 2023, Musk declaró que Tesla podría valer "decenas de billones de dólares" si lograba escalar su robot Optimus. Una cifra tan descomunal como el reto mismo. Pero hay un detalle clave Tesla aún no ha vendido ni un solo Optimus al público. No hay mercado real. Solo prototipos, promesas y vídeos de demostración pulidos hasta el brillo.
Mientras tanto, en China, los robots humanoides ya salen de las líneas de producción. AgiBot anunció recientemente que su robot número 5.000 salió de fábrica. UBTech planea fabricar 10.000 al año en 2027. Xpeng, fabricante de vehículos eléctricos, presentó su robot Iron, de segunda generación, y prepara la producción en masa para el próximo año. No son sueños. Son cronogramas.
"China actualmente lidera a Estados Unidos en la comercialización temprana de robots humanoides" - Andreas Brauchle, socio de la consultora Horváth
Esto no es casualidad. El Comité Central chino, bajo el liderazgo de Xi Jinping, incluyó en sus propuestas para el próximo plan quinquenal el término "inteligencia artificial encarnada", un eufemismo elegante para referirse a robots con cuerpo y mente. Es una señal clara este no es un capricho tecnológico, sino una apuesta estratégica nacional.
¿Por qué China va por delante?
La respuesta está en una mezcla de necesidad y ambición. China envejece rápido. Su población joven se reduce, y con ella, la fuerza laboral que impulsó su crecimiento durante décadas. Los robots humanoides no son un lujo, sino una solución demográfica. Si no hay suficientes personas para trabajar, que lo hagan las máquinas.
Pero también es una apuesta económica. McKinsey estima que el desarrollo de robots humanoides puede abrir un nuevo horizonte de crecimiento. Y hay un tercer factor la competencia global. China quiere no solo fabricar robots, sino definir cómo será el futuro del trabajo, la industria y la vida cotidiana.
"El impulso de China hacia el desarrollo de la robótica humanoide está motivado por una combinación de factores: hacer frente a las presiones demográficas, impulsar la próxima etapa de crecimiento económico y reforzar su papel en la competencia global" - Karel Eloot, socio senior de McKinsey & Company
El ecosistema chino de robótica es denso. Más de 150 empresas compiten y colaboran en un entorno donde la cadena de suministro es profunda, rápida y barata. Ethan Qi, de Counterpoint Research, lo resume sin rodeos las empresas chinas pueden fabricar robots con una ventaja de costos que otras regiones no pueden igualar.
El reloj del mercado y el riesgo de la burbuja
Las proyecciones son espectaculares. RBC Capital Markets calcula que el mercado global de robots humanoides podría alcanzar los 9 billones de dólares en 2050, con China representando más del 60%. Unitree, una empresa china, podría salir a bolsa con una valoración de 7.000 millones de dólares. UBTech recaudó 400 millones en una colocación de acciones. La rueda financiera gira rápido.
Pero no todo es oro. En noviembre, la Comisión Nacional de Reforma y Desarrollo de China (NDRC) lanzó una advertencia hay riesgo de burbuja. Demasiadas empresas, productos similares, y una tendencia a sobrevalorar el potencial inmediato. El entusiasmo puede desbocarse y, al hacerlo, frenar la innovación real.
"Una corrección del mercado podría frenar el impulso de la innovación y la comercialización" - Charlie Dai, analista principal de Forrester
Y es que, detrás de los vídeos virales y los anuncios triunfales, hay limitaciones muy concretas. Los robots actuales aún tropiezan con tareas simples. Sus manos, por ejemplo, tienen pocos grados de libertad. Como dice Karel Eloot de McKinsey la mayoría de las manos robóticas están muy lejos de igualar la destreza humana.
"La mayoría de las manos robóticas no alcanzan los grados de libertad efectivos, lo que limita drásticamente su alcance" - Karel Eloot, socio senior de McKinsey & Company
Los prototipos avanzados cuestan entre 150.000 y 500.000 dólares. Para competir con el trabajo humano, ese precio debe caer al rango de 20.000 a 50.000 dólares. UBTech espera reducir sus costes entre un 20% y un 30% anual. Si lo logran, el camino se acelera. Si no, el mercado podría estancarse.
El espejismo del progreso y las verdaderas barreras
Andreas Brauchle tiene una frase contundente: "Muchos asumen que los robots humanoides pronto superarán la versatilidad, velocidad y autonomía humanas. Los fabricantes refuerzan esta percepción con vídeos pulidos y demostraciones en ferias que muestran capacidades que aún no se pueden reproducir en entornos industriales reales".
Es una crítica necesaria. La tecnología avanza, pero el marketing avanza más rápido. Los robots caen en escaleras, se atascan con puertas, fallan en entornos impredecibles. La IA aún no sabe cómo reaccionar cuando todo cambia de golpe.
"En conjunto, estos desafíos ralentizarán la comercialización durante los próximos dos años y requerirán innovación, seguridad y marcos de políticas coordinados" - Charlie Dai, analista principal de Forrester
Y hay otra dependencia clave los chips. Jacqueline Du, de Goldman Sachs, lo señala con claridad China sigue dependiendo fuertemente de chips estadounidenses, como los de Nvidia. Es una paradoja compite con EE.UU. en hardware, pero aún necesita su cerebro.
El futuro no es solo de los robots, sino de las decisiones que tomemos ahora
Washington no está parado. El secretario de Comercio de EE.UU., Howard Lutnick, se ha reunido con CEOs de robótica. Una orden ejecutiva sobre el sector podría llegar el próximo año. Pero Estados Unidos parte con retraso en la comercialización.
Brauchle vaticina que, a largo plazo, ambos mercados convergerán. Tras 2040, ambos países podrían ver una penetración masiva de robots en los hogares. No será solo en fábricas, sino en nuestras cocinas, nuestras salas de estar, nuestras vidas.
Pero ese futuro no está escrito. Depende de si logramos superar las limitaciones técnicas, evitar burbujas especulativas, y construir marcos éticos y regulatorios sólidos. Porque al final, no se trata solo de cuántos robots podemos fabricar, sino de qué clase de humanidad queremos construir junto a ellos.