Claude Code ya firma el 4% de los commits públicos en GitHub: la IA toma el teclado

"La era de los humanos escribiendo código ha terminado", según Ryan Dahl, creador de Node.js

09 de febrero de 2026 a las 06:05h
Claude Code ya firma el 4% de los commits públicos en GitHub: la IA toma el teclado
Claude Code ya firma el 4% de los commits públicos en GitHub: la IA toma el teclado

El mundo del desarrollo de software está cambiando a una velocidad que hace apenas dos años parecería ciencia ficción. En el corazón de esta transformación se encuentra una herramienta que no solo escribe código, sino que lo entiende, lo planifica y lo ejecuta como si fuera un programador experimentado. Hablamos de Claude Code, la inteligencia artificial de Anthropic que ya representa el 4% de todos los commits públicos en GitHub. Una cifra que suena modesta a primera vista, pero que esconde una revolución silenciosa.

El código ya no lo escriben solo humanos

Imagina abrir tu terminal y decirle a una herramienta "arregla este fallo en la API, mejora la documentación y sube los cambios". Y que, sin más intervención, lo haga. Eso es exactamente lo que hace Claude Code. No se limita a autocompletar líneas. Lee bases de código completas, entiende el contexto, planifica tareas complejas en múltiples pasos y las ejecuta con acceso total al sistema del desarrollador. Puede empezar desde una hoja de cálculo, un repositorio o incluso un enlace web. Estamos ante una inteligencia artificial que no asiste, sino que protagoniza.

El 4% de los commits públicos en GitHub ya llevan su firma, o más bien, su firma digital. Y ese número podría estar infraestimado, porque por defecto Claude Code añade una nota de coautoría en cada commit. Los usuarios pueden desactivarla. ¿Cuánto código se está generando sin que lo sepamos? En marzo del año pasado, apenas un mes después de su lanzamiento en beta privada, fue coautor de unos 15.000 commits en solo 48 horas. No es una tendencia emergente, es una avalancha en marcha.

La voz de los que están dentro

Las declaraciones de algunos de los nombres más respetados en el mundo del software pintan un panorama inquietante y fascinante. Andrej Karpathy, uno de los pioneros en acuñar el término *vibe coding*, lo dice sin rodeos

"empezando a perder la capacidad de escribir código manualmente"

Es una confesión que suena casi como una rendición, pero también como un reconocimiento la herramienta es tan buena que está reconfigurando la forma en que los humanos interactúan con el código.

Para Ryan Dahl, creador de Node.js, el mensaje es aún más contundente:

"la era de los humanos escribiendo código ha terminado"

Una sentencia que, aunque extrema, refleja una percepción creciente si una IA puede planificar, codificar, probar y desplegar, ¿qué queda para el programador tradicional?

Y luego está Boris Cherny, el propio creador de Claude Code, cuya afirmación desarma cualquier escepticismo:

"prácticamente el 100% de nuestro código está escrito por Claude Code + Opus 4.5"

No se trata de una herramienta de apoyo ocasional. Es el centro del proceso. Hasta Linus Torvalds, el creador de Linux, ha probado el *vibe coding* en proyectos personales. Si el arquitecto del kernel más importante del mundo lo está usando, algo está cambiando en las bases del desarrollo.

La magia y el caos

Claro que no todo es perfección. Kelsey Piper, periodista de The Argument, describe la experiencia con una metáfora tan gráfica como cierta

"el 99% del tiempo usar Claude Code es como tener un genio mágico e incansable, pero el 1% del tiempo es como gritarle a una mascota por mear en el sofá"

La herramienta puede cometer errores, atascarse en bucles o malinterpretar intenciones. Pero incluso esos fallos no restan valor a su capacidad, sino que la humanizan. Estamos ante una inteligencia que no es infalible, pero que aprende, adapta y persiste.

Esto no es simplemente automatización. Es una redefinición del trabajo intelectual. Tal como señala SemiAnalysis, cualquier tarea que siga el patrón LEER-PENSAR-ESCRIBIR-VERIFICAR es candidata a ser automatizada. Y eso no solo afecta a programadores. Sectores como los servicios financieros, el legal, la consultoría o el análisis de datos están ya en la mira. Hablamos de miles de millones de trabajadores en todo el mundo cuyas funciones podrían transformarse de forma irreversible.

Más allá del código la oficina del futuro

La apuesta de Anthropic no se queda en el desarrollo de software. Hace unas semanas lanzaron Cowork, una versión de Claude Code adaptada al trabajo de oficina general. Puede crear hojas de cálculo a partir de recibos escaneados, organizar archivos por contenido, redactar informes completos a partir de notas dispersas y hacerlo todo con acceso al ordenador del usuario. Lo más asombroso fue desarrollado por solo cuatro ingenieros en diez días, y la mayor parte del código fue generado por… Claude Code.

Este círculo virtuoso una IA que crea herramientas que a su vez son creadas por ella misma es un indicio de lo que viene. Y las grandes empresas no se lo están pensando. En diciembre, Accenture firmó un acuerdo para formar a 30.000 profesionales en Claude. Es el mayor despliegue hasta la fecha. Mientras tanto, OpenAI ha lanzado Frontier, su propia apuesta por la adopción empresarial de inteligencia artificial. La carrera no es ya por mejorar una herramienta, sino por redefinir quién hace el trabajo y cómo se organiza el conocimiento.

El futuro del trabajo no se está escribiendo en foros de tecnología o en discursos corporativos. Se está codificando, literalmente, en repositorios de GitHub, en hojas de cálculo, en correos electrónicos redactados por máquinas. Y aunque todavía hay quien escribe código a mano, cada día son más los que sienten, como Karpathy, que ya no saben cómo hacerlo sin ayuda. Tal vez no sea el fin de los humanos programando. Pero sí el comienzo de una nueva era en la que el código ya no es solo nuestro.

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