Claude, de Anthropic, detecta miles de fallos y 200 agujeros en Firefox; Apple M5 y macOS Tahoe también quedan expuestos

Anthropic asegura que Claude ha encontrado vulnerabilidades en miles de programas y sistemas, incluidos Firefox, el procesador M5 de Apple y macOS Tahoe.

23 de mayo de 2026 a las 15:23h
Claude, de Anthropic, detecta miles de fallos y 200 agujeros en Firefox; Apple M5 y macOS Tahoe también quedan expuestos
Claude, de Anthropic, detecta miles de fallos y 200 agujeros en Firefox; Apple M5 y macOS Tahoe también quedan expuestos

No hace falta imaginar un futuro remoto para hablar de una inteligencia artificial que encuentra grietas en sistemas reales. Ya está ocurriendo en equipos de uso cotidiano, en navegadores instalados en millones de ordenadores y en programas que sostienen buena parte de la actividad digital.

La señal más llamativa llega desde Anthropic. Su inteligencia artificial Claude ha descubierto vulnerabilidades en miles de programas y sistemas en uso, una capacidad que cambia el lugar de estas herramientas dentro de la seguridad informática.

Claude encontró fallos donde antes hacía falta un ejército de analistas

Durante años, localizar un agujero de seguridad exigía equipos especializados, tiempo y muchas pruebas. Ahora, una sola plataforma puede rastrear a gran escala errores que afectan a software ya desplegado, con un alcance que obliga a mirar la IA no solo como asistente, sino también como auditor técnico.

Ese salto no aparece aislado. La inteligencia artificial también ha detectado un fallo de seguridad en la memoria del procesador M5 de Apple y en el sistema operativo maCOS Tahoe.

La amplitud del problema queda aún más clara en otro frente. En Firefox, la revisión ha permitido identificar más de 200 agujeros de seguridad, una cifra que retrata hasta qué punto incluso herramientas veteranas pueden acumular puntos ciegos.

La seguridad ya no depende solo de quién programa, sino de quién revisa mejor

Visto en conjunto, el panorama tiene algo de paradoja. La misma clase de sistemas que acelera tareas complejas también está revelando fallos en capas muy profundas del ecosistema digital, desde navegadores hasta componentes de hardware.

Ese movimiento conecta con debates que ya habían aparecido en IA y ciberseguridad, donde el valor de estas herramientas no estaba solo en generar contenido, sino en rastrear errores que un análisis convencional tarda más en aflorar.

Ahí entra el elemento político. La Casa Blanca estudia mecanismos de control de riesgos ante los avances de la inteligencia artificial, una reacción coherente cuando la misma tecnología puede servir para detectar vulnerabilidades, pero también para explotarlas o ampliar su impacto.

Washington interviene mientras las empresas miden hasta dónde llegan sus modelos

Anthropic no solo ha mostrado potencia técnica. Los creadores de Claude Mythos limitan su uso a medio centenar de entidades por el peligro de sus capacidades, una decisión que sugiere que el problema ya no consiste únicamente en construir modelos más capaces, sino en decidir quién puede utilizarlos.

La tensión crece cuando esa frontera toca al Estado. Anthropic ha demandado al Gobierno de Estados Unidos por la anulación de un contrato de 200 millones tras oponerse a un uso militar sin restricciones de su inteligencia artificial.

No es un conflicto menor, y recuerda otros momentos en los que la IA en defensa dejó de ser una discusión académica para convertirse en una disputa sobre límites, contratos y responsabilidad política.

En paralelo, la empresa de inteligencia artificial de Elon Musk ha anunciado el lanzamiento de Grok Build el día 15. El dato añade presión a una carrera en la que cada nuevo sistema llega acompañado no solo de promesas de productividad, sino también de preguntas sobre seguridad, control y uso efectivo.

Al final, la escena queda definida por una contradicción difícil de ignorar. Mientras una IA encuentra un fallo en la memoria del procesador M5 de Apple, otro sistema descubre vulnerabilidades en miles de programas y, al mismo tiempo, sus creadores reducen el acceso a solo 50 entidades por el riesgo que entrañan esas mismas capacidades.

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