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La imagen impresiona, pero conviene leerla sin fantasía. Claude ya lidera el 26 % de las tareas internas de investigación y desarrollo de Anthropic, cuando en febrero esa cuota estaba por debajo del 1 %.
Anthropic habla incluso de “construir la siguiente versión de sí mismos” para describir cómo sus modelos participan en el desarrollo de nuevas generaciones de inteligencia artificial. La frase suena a relevo entre máquinas, aunque la propia empresa delimita ese proceso con bastante cuidado.
Claude ya empuja buena parte del trabajo interno
Cuando Anthropic dice que Claude lidera una tarea, no está diciendo que opere sin supervisión humana. La empresa usa esa etiqueta cuando un investigador fija un objetivo general y la inteligencia artificial resuelve la mayor parte del proceso hasta entregar un resultado.
Ese cambio no ocurre en un rincón aislado del laboratorio. Más del 90 % del trabajo de investigación y desarrollo ya implica una colaboración importante entre humanos e inteligencia artificial, de modo que la frontera entre herramienta y compañero de trabajo empieza a volverse menos nítida.
Durante agosto, Anthropic tuvo alrededor de 30.000 agentes de inteligencia artificial trabajando al mismo tiempo en tareas internas de investigación e ingeniería. Ese volumen ayuda a entender por qué el salto desde menos del 1 % hasta el 26 % no es solo una curiosidad estadística, sino una reorganización real del trabajo cotidiano.
De hecho, la empresa ya ha tenido que medir esa actividad a escala industrial con revisiones masivas de pruebas ligadas al comportamiento de sus sistemas.
La autonomía crece, pero no llega al punto final
No trabaja solo.
Los investigadores de Anthropic siguen definiendo objetivos, proporcionando herramientas y revisando resultados, así que Claude no crea de manera autónoma a su sucesor. La empresa añade, además, que no ha identificado ninguna categoría de trabajo de investigación en la que el modelo funcione completamente por su cuenta.
Ahí aparece una contradicción interesante. Cuanto más peso gana la inteligencia artificial dentro del proceso, más necesita Anthropic insistir en que todavía no ha llegado a la automejora recursiva, ese escenario en el que un sistema participa cada vez más en su propio desarrollo hasta alcanzar niveles muy altos de autonomía.
La distancia entre una cosa y otra no es menor. Una máquina puede encargarse de gran parte del recorrido y, aun así, depender de humanos para decidir el destino, abrir las puertas correctas y examinar si el resultado sirve o introduce errores.
La seguridad ya consume una parte visible del músculo computacional
En una semana analizada de julio, alrededor del 6 % de la capacidad de cálculo dedicada a investigación fue a trabajos relacionados con seguridad. En las tareas lideradas por agentes de inteligencia artificial, esa proporción subió al 12 %.
La cifra sugiere algo bastante concreto. Cuando la inteligencia artificial toma más peso dentro del trabajo técnico, la vigilancia también gana peso, como ya se ha visto en alertas sobre riesgos biológicos vinculadas a Claude.
Anthropic ofrece otro dato que ayuda a poner la escala en perspectiva. En agosto, aproximadamente una de cada 47.000 decisiones tomadas por sus agentes de inteligencia artificial fue bloqueada por los sistemas de control.
Una de cada 47.000 decisiones fue frenada por los controles internos. Dicho así, el porcentaje parece pequeño, pero también revela que la empresa ya gobierna un flujo de decisiones suficientemente grande como para vigilarlo con filtros automáticos permanentes.
La escena final no es la de una inteligencia artificial fabricándose sola en una sala cerrada, sino la de miles de agentes trabajando a la vez mientras los humanos fijan metas, ponen herramientas sobre la mesa y corrigen desvíos. Entre menos del 1 % de febrero y el 26 % actual cabe toda la tensión de este momento.