Clawdbot puede reservarte mesa, enviar emails y reorganizar tu PC solo con un mensaje de WhatsApp

Tiene acceso total al sistema: consola, navegador, correo, calendario y almacenamiento completo. No se queda en el diálogo. Pasa a la acción.

26 de enero de 2026 a las 18:40h
Clawdbot puede reservarte mesa, enviar emails y reorganizar tu PC solo con un mensaje de WhatsApp
Clawdbot puede reservarte mesa, enviar emails y reorganizar tu PC solo con un mensaje de WhatsApp

Un par de semanas no son nada en la historia de la tecnología. Pero a veces, en ese breve lapso, aparece algo que despierta tanto entusiasmo como inquietud. Así ha sido con Clawdbot, un agente de inteligencia artificial creado por Peter Steinberger y lanzado en GitHub como software gratuito. No es solo otro chatbot que responde preguntas. Es un asistente capaz de tomar el control de tu ordenador, pulsar botones, abrir aplicaciones, escribir correos, gestionar tu calendario e incluso hacer reservas por ti. Clawdbot no habla por hablar: actúa.

Un asistente que no pide permiso, lo tiene

Imagina que envías un mensaje desde tu móvil a través de WhatsApp: "Reserva una mesa para dos en el italiano de la plaza, el viernes a las ocho". Tu teléfono lo reenvía. En un ordenador remoto, Clawdbot lo recibe, abre el navegador, busca el restaurante, navega por la web, completa el formulario y confirma la reserva. Luego te responde: "Hecho. Te he guardado la confirmación en la carpeta de viajes". Suena como ciencia ficción. Pero ya está aquí.

Y no solo eso. Puede organizar tus archivos, crear documentos, descargar contenido, interactuar con sensores de domótica, programar tareas futuras, resumir webs o generar páginas enteras. Tiene acceso total al sistema: consola, navegador, correo, calendario y almacenamiento completo. No se queda en el diálogo. Pasa a la acción.

La interfaz es sencilla: puedes hablarle desde WhatsApp, Telegram, Slack, Discord, Google Chat o incluso iMessage. Desde cualquier app de mensajería habitual, como si le escribieras a un amigo. Pero este amigo tiene llaves de tu casa digital.

El precio del poder: riesgos bajo la superficie

Al instalar Clawdbot, el propio sistema te advierte: "Los agentes pueden ejecutar comandos, leer y escribir archivos, y actuar con cualquier herramienta que habilites". Y añade: "Si eres nuevo en esto, comienza con un entorno aislado y con los privilegios mínimos". Es una advertencia que suena a manual de seguridad informática de los años 90, cuando descargabas un programa y no sabías si te dejaría el disco duro vacío.

El riesgo no es hipotético. Si Clawdbot recibe un PDF con instrucciones ocultas, una técnica conocida como *prompt injection*, podría, sin que tú lo notes, copiar tus claves SSH, las cookies del navegador o cualquier archivo sensible, y enviarlo a un servidor externo. Un solo mensaje malicioso podría abrir la puerta a tu vida digital. No por fallo del sistema, sino por diseño: está hecho para obedecer.

Expertos en seguridad ya han señalado que su modelo de autorización "da miedo". No impone los límites estrictos de otros agentes como Operator de OpenAI o Cowork de Anthropic. No hay una capa que diga "esto no puedes hacerlo". En cambio, dice: "¿Estás seguro?". Y si respondes que sí, adelante.

¿Cómo usarlo sin perder la cabeza?

La recomendación más sensata es clara: no instales Clawdbot en tu ordenador principal. Hazlo en una máquina virtual, en un dispositivo dedicado o en un VPS económico. Usa túnel SSH para proteger la conexión. Si lo vinculas a WhatsApp, que sea con un número desechable, uno que no uses para nada más. Es como tener un empleado nuevo con acceso a tu casa: mejor empezar con una llave de prueba.

Tras la instalación, existen scripts que refuerzan la seguridad del entorno, limitando lo que el agente puede hacer. Pero incluso así, la confianza es clave. Clawdbot es poderoso e inherentemente arriesgado, como dice su propia advertencia. No es un juguete, pero tampoco está pensado solo para expertos.

Más allá del control: un asistente proactivo

Lo más inquietante, y fascinante, es que Clawdbot no solo responde. Aprende. Tiene memoria persistente de sesiones, conoce tus hábitos, puede anticiparse. Si sueles organizar los archivos del trabajo los lunes por la mañana, podría empezar a hacerlo por ti. Si notas que le cuesta recordar tus preferencias, se equivoca menos con el tiempo.

Puede usar modelos de IA como Claude, ChatGPT, o modelos locales instalados en tu máquina. Tanto en versiones de pago como gratuitas. Esto le da flexibilidad, pero también dependencia: su inteligencia depende de lo que le alimentes.

Y permite interacción por voz, no solo texto. Puedes grabar un audio diciendo "Pásame los informes del trimestre a PDF y envíalos al equipo", y lo hará. El asistente no te pregunta cinco veces. Lo hace. Como si fuera parte de ti.

La paradoja del control absoluto

Clawdbot representa una paradoja de nuestra era: cuanto más autónomo es un sistema, menos control parece tener el usuario. No es un bot que responde. Es un agente que actúa. Y cada acción, por pequeña que sea, puede tener consecuencias enormes.

En los 80, los ordenadores personales prometieron liberarnos. Ahora, los agentes de IA prometen hacerlo por nosotros. Pero a cambio, piden acceso total. La pregunta no es si Clawdbot funciona. Funciona. La pregunta es: ¿hasta dónde estamos dispuestos a delegar?

Quizá, como con cualquier herramienta poderosa, la clave no esté en prohibirla, sino en entenderla. Y en saber que, en el fondo, lo más peligroso no es la máquina, sino la confianza ciega que depositamos en ella.

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