Codex ya supera 2 millones de usuarios semanales, pero Anthropic gana terreno en empresas

"Estamos actuando como si esto fuera un código rojo": la alarma interna que revela la presión en OpenAI

18 de marzo de 2026 a las 09:03h
Codex ya supera 2 millones de usuarios semanales, pero Anthropic gana terreno en empresas
Codex ya supera 2 millones de usuarios semanales, pero Anthropic gana terreno en empresas

El pasado otoño, algo cambió en los despachos de las principales empresas de tecnología. No fue un anuncio ruidoso ni una ruptura mediática, sino un fenómeno silencioso que se extendió entre ingenieros de software en Silicon Valley, Londres o Berlín comenzaron a usar una herramienta distinta para programar. No era la de OpenAI, que hasta entonces parecía tener el monopolio de la conversación. Era Claude Code, el producto de programación de Anthropic. Y en poco tiempo, se convirtió en el compañero obligado de muchos equipos técnicos.

Este cambio de rumbo entre los desarrolladores no pasó desapercibido. Fidji Simo, una de las directivas clave de OpenAI, fichada por Sam Altman el verano pasado, envió recientemente un mensaje interno que hoy suena como una llamada de emergencia. "No podemos desaprovechar este momento porque estemos distraídos por proyectos paralelos", advirtió. Y añadió, con un tono que no deja lugar a dudas "Estamos actuando como si esto fuera un código rojo".

El terreno que se pierde

El mensaje no era solo una advertencia. Era un reconocimiento OpenAI está perdiendo terreno. Sobre todo en dos frentes estratégicos el de los desarrolladores de software y el de los clientes empresariales. Mientras Anthropic centra su esfuerzo en modelos fundacionales robustos, ofrece APIs eficientes y un servicio web pensado para integrarse en flujos de trabajo profesionales, OpenAI ha optado por una estrategia más amplia, más visible, tal vez demasiado dispersa.

Sora, su generador de vídeo, es un ejemplo. Es impresionante, visualmente deslumbrante, y ha generado titulares en todo el mundo. Pero no es una herramienta que las empresas paguen por integrar a diario. Lo mismo ocurre con su navegador con IA, su generador de imágenes o sus experimentos en comercio electrónico. Todos son productos ambiciosos, pero consumen recursos que podrían estar destinándose a consolidar su posición en el corazón del mercado el profesional.

La apuesta de Anthropic

Anthropic, en cambio, no está intentando hacer de todo. No genera imágenes ni vídeo, no tiene navegador propio ni está desarrollando sus propios chips. Su enfoque es distinto construir modelos fiables, seguros y escalables, y venderlos a empresas que necesitan integrar IA en sus procesos. Y lo están haciendo bien.

Claude Code se convirtió el pasado otoño en un fenómeno viral entre los ingenieros de software. No por su marketing, sino por su utilidad. Resuelve errores, sugiere mejoras, acelera el trabajo. Y ese tipo de herramientas, las que se convierten en parte del día a día, son las que generan lealtad. Y contratos. Porque en el mundo de la IA, lo que realmente paga no es el usuario ocasional, sino la empresa que firma por cientos de licencias.

La respuesta de OpenAI

OpenAI no se ha quedado parada. El mes pasado lanzó una nueva versión de Codex, su herramienta de programación, acompañada por el nuevo GPT-5.4, un modelo mucho más orientado a entornos profesionales. Y los resultados, al menos en cifras, son prometedores Codex ya supera los dos millones de usuarios activos semanales, casi cuatro veces más que a principios de año.

Pero la respuesta va más allá del producto. Para acelerar la adopción en empresas, OpenAI está desplegando ingenieros directamente en consultoras y socios clave. Es una estrategia de proximidad, de mano sobre mano, que busca ganar confianza. Porque en el mundo corporativo, no basta con tener una tecnología potente hay que demostrar que es segura, estable y compatible.

El reparto del poder interno

Dentro de OpenAI, el recurso más escaso no es el talento ni el dinero. Es la capacidad de cómputo. Y ese poder se redistribuye constantemente entre equipos, según las prioridades. Hasta ahora, el equipo de Sora, pese a ser uno de los productos más visibles, estaba integrado en la división de investigación. Eso habla de un modelo de gestión más académico que industrial.

La reorientación actual obliga a replantearse ese equilibrio. ¿Qué merece más ciclos de GPU un modelo que genera vídeos espectaculares o uno que corrige código en tiempo real para miles de desarrolladores? La respuesta podría definir no solo el futuro de la compañía, sino su valor en el mercado.

La carrera hacia Wall Street

La pugna por el mercado empresarial no es solo técnica. Es financiera. Ambas compañías, OpenAI y Anthropic, están dando pasos concretos hacia una salida a bolsa que podría producirse este mismo año. Y en ese contexto, los ingresos recurrentes, los contratos firmados, los clientes corporativos, son la moneda que justifica las valoraciones.

OpenAI lanzó ChatGPT en noviembre de 2022 y desató la expansión de la IA generativa. Fue un momento histórico. Pero ahora vive una paradoja debe corregir una estrategia marcada por la diversificación, justamente cuando todo el mundo mira sus productos más espectaculares. Queda abierta la incógnita sobre el futuro de herramientas como Sora, Atlas o su generador de imágenes. ¿Se convertirán en productos secundarios? ¿O seguirán consumiendo recursos mientras la competencia gana terreno en lo que realmente cuenta?

La inteligencia artificial ya no es solo una carrera tecnológica. Es una de enfoque, de disciplina, de decisiones difíciles. Y en esta nueva etapa, quizás la mayor ventaja no sea tener la IA más brillante, sino la más útil.

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