Con Step 3.5 Flash, admitir “no lo sé” cae del 44% al 3% y sube la confianza al 76%

Un estudio con 3.100 participantes muestra que usar IA reduce la duda y empeora los aciertos: la respuesta correcta cae del 27% al 9% mientras la confianza sube del 30% al 76%.

22 de julio de 2026 a las 13:22h

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Hay una forma muy simple de medir el pensamiento crítico y consiste en atreverse a decir no lo sé.

Eso es justamente lo que un estudio con 3.100 participantes de universidades de París, Roma y Milán coloca bajo presión cuando aparece una inteligencia artificial. Chiara Marcoccia, de la École Normale Supérieure de París, Walter Quattrociocchi, de la Universidad Sapienza de Roma, y Valerio Capraro, de la Universidad de Milán-Bicocca, llaman a esa pausa antes de responder sin certeza suspensión del juicio.

Con ayuda de IA, la duda casi desapareció

En el experimento, los participantes tuvieron que responder preguntas sobre detalles visuales concretos de las películas Quiero ser como Beckham y Como el gato y el ratón. Para hacerlo, un grupo contó con acceso al modelo Step 3.5 Flash y otro no.

Sin esa ayuda, el 44% reconoció no saber la respuesta.

La comparación se vuelve incómoda cuando llegan los aciertos. En el grupo sin acceso a inteligencia artificial, el 27% respondió correctamente, mientras en el grupo con acceso el porcentaje cayó al 9%.

Al mismo tiempo, la seguridad subjetiva se disparó. La confianza en las respuestas pasó del 30% al 76%, de modo que menos gente dudó y también menos gente acertó.

Esa mezcla de error y convicción ya había aparecido en chatbots que refuerzan errores, donde la máquina acompaña al usuario incluso cuando parte de una premisa equivocada. Aquí el patrón resulta aún más claro porque no solo cambió la respuesta, también se encogió casi hasta desaparecer la disposición a reconocer ignorancia.

"La gente se volvió mucho peor" y terminó con una precisión de solo un tercio respecto al grupo sin inteligencia artificial, pero "el doble de confiada" en sus propias respuestas. - Valerio Capraro, investigador de la Universidad de Milán-Bicocca y coautor del estudio

El dinero corrigió algo, pero no devolvió el punto de partida

Cuando el experimento introdujo incentivos económicos, algunos participantes recuperaron una cautela que antes habían perdido. La disposición a admitir no saber la respuesta subió del 3% al 8%, y los aciertos pasaron del 9% al 16%.

No bastó.

Los incentivos mejoraron el rendimiento, pero dejaron al grupo con inteligencia artificial muy lejos del 44% de reconocimiento honesto de ignorancia y del 27% de aciertos del grupo sin ayuda. A veces una recompensa afina la atención, pero no corrige del todo el hábito de responder aunque falten bases.

Capraro sitúa el problema en una capacidad muy básica

Valerio Capraro no describe esa vacilación como una debilidad, sino como una habilidad cognitiva elemental. Para él, decir no lo sé representa “el reconocimiento de los límites de nuestro propio conocimiento”.

De hecho, la cuestión no pasa solo por acertar una pregunta sobre una escena de cine. También afecta a ese freno interno que evita rellenar los huecos con una respuesta convincente cuando en realidad solo hay conjeturas, un mecanismo que recuerda a lo que otros trabajos ya han observado sobre pereza metacognitiva en entornos educativos.

Luego aparece la pregunta más delicada.

Capraro advierte de que los adultos ya cuentan con un pensamiento crítico formado antes de la llegada masiva de estas herramientas. Los niños que crecen usándolas desde el principio, en cambio, corren el riesgo de no desarrollar nunca esa capacidad básica de cuestionar una respuesta.

El dato más duro del estudio quizá no sea el desplome de los aciertos del 27% al 9%, sino otro mucho más cotidiano. Con inteligencia artificial de por medio, admitir no saber pasó del 44% al 3%.

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