En medio de un paisaje tecnológico dominado por el brillo de los modelos de inteligencia artificial más visibles, como los chatbots y asistentes conversacionales, una empresa con sede en San Francisco está acumulando músculo sin llamar demasiado la atención. Databricks acaba de cerrar una ronda de financiación que supera los 7.000 millones de dólares, una cifra que incluye 5.000 millones en capital y 2.000 millones en deuda. Una inyección de oxígeno que la convierte en una de las compañías privadas más valiosas del planeta.
Una bestia silenciosa en el ecosistema de la IA
Databricks no fabrica robots. Tampoco lanza asistentes de voz que se hacen virales en redes. Su trabajo es más discreto, pero absolutamente fundamental. La empresa no se define como una compañía de inteligencia artificial, sino como una proveedora de infraestructura para la gestión y análisis de datos a escala empresarial. En otras palabras, Databricks construye los cimientos sobre los que otras empresas levantan sus torres de IA. Sin datos bien organizados, ni siquiera el modelo más potente del mundo puede funcionar.
Es aquí donde entra en juego su plataforma, un entorno donde las empresas almacenan sus datos propietarios, los procesan y, sobre todo, entrenan modelos personalizados. A diferencia de las APIs públicas de OpenAI o Anthropic, que ofrecen modelos genéricos, Databricks permite a las empresas mantener el control absoluto sobre su información y adaptar la inteligencia artificial a sus necesidades específicas. Esto es oro en polvo para sectores como banca, salud o logística, donde los datos son estratégicos y sensibles.
Un valor que retumba en Wall Street
La valoración de Databricks tras esta ronda alcanza los 134.000 millones de dólares. Esa cifra la sitúa al mismo nivel que gigantes consolidados como Qualcomm o Sony, y por encima de empresas como Xiaomi o Adobe. Pero lo más llamativo no es solo el número, sino lo que representa un mercado dispuesto a pagar primas enormes no solo por modelos de IA, sino por la infraestructura que los hace posibles.
- Ingresos anualizados superiores a 5.400 millones de dólares
- Crecimiento interanual del 65%
- Más de 800 clientes que facturan más de un millón de dólares anuales para la compañía
- Una tasa de retención neta superior al 140% en su línea de productos de IA
Estos datos no son de una startup en fase de crecimiento acelerado, sino de una empresa que ya opera en modo gigante. Y lo hace con márgenes brutos superiores al 80%, gracias a su modelo B2B basado en infraestructura. Además, ha mantenido un flujo de caja libre positivo durante el último año, una rareza en el mundo de las tech companies de este tamaño.
Alianza con los gigantes del dinero
Detrás de esta ronda hay nombres pesados. JPMorgan Chase, Goldman Sachs, Morgan Stanley, Microsoft y hasta fondos soberanos como el de Catar han decidido apostar fuerte. Su presencia no solo aporta capital, sino legitimidad. Estos inversores no están buscando la próxima moda. Quieren activos con trayectoria, escalabilidad y, sobre todo, capacidad de generar ingresos reales. Y Databricks los tiene.
Microsoft, en particular, mantiene una relación estratégica con la empresa. Aunque ambos compiten en algunos frentes, también colaboran estrechamente, especialmente en la integración de herramientas de análisis de datos con plataformas en la nube. Es un eco de cómo el mundo de la tecnología ya no se divide en amigos o enemigos, sino en ecosistemas interconectados.
El futuro está en los agentes de IA
Databricks no se conforma con lo que ya tiene. Está construyendo el futuro desde abajo. Dos productos destacan en su nueva cartera Lakebase y Genie. Lakebase es una base de datos diseñada específicamente para agentes de IA, esos sistemas autónomos que pueden tomar decisiones, ejecutar tareas y aprender sin intervención humana constante. No se trata solo de almacenar datos, sino de prepararlos para que los propios agentes los interpreten y actúen.
Genie, por su parte, es un asistente conversacional que permite a empleados de cualquier departamento consultar datos empresariales usando lenguaje natural. Imagina a un director comercial preguntando "¿cuál ha sido la evolución de ventas en Europa este trimestre?" y recibir una respuesta inmediata, con gráficos y recomendaciones. Esto democratiza el acceso a la inteligencia de datos, sacándolo de los laboratorios de analistas para llevarlo a la mesa de cualquier reunión.
¿Salida a bolsa? Aún no
Pese al enorme crecimiento y la madurez financiera, el CEO de Databricks, Ali Ghodsi, ha sido claro "ahora no es un buen momento para salir a bolsa". La declaración, directa y sin rodeos, refleja una estrategia calculada. La empresa prefiere acumular liquidez, fortalecer su posición y esperar a que los mercados se estabilicen después de correcciones como la vivida en 2022, cuando muchas tech companies vieron desinflarse sus valoraciones.
"ahora no es un buen momento para salir a bolsa" - Ali Ghodsi, CEO de Databricks
La paciencia, en este caso, no es signo de debilidad, sino de poder. Databricks no necesita el dinero de Wall Street. Puede permitirse esperar el momento oportuno. Y cuando llegue, su entrada podría marcar un antes y un después demostraría que los mercados están dispuestos a valorar muy alto no solo las caras visibles de la IA, sino también las entrañas que la mantienen viva.