De 100.000 a 30.000 millones: cómo NVIDIA redibuja su apuesta por OpenAI

"Nunca hubo un compromiso al 100%": la cena en Taiwán que enfrió el megacuerdo NVIDIA‑OpenAI

06 de marzo de 2026 a las 18:56h
De 100.000 a 30.000 millones: cómo NVIDIA redibuja su apuesta por OpenAI
De 100.000 a 30.000 millones: cómo NVIDIA redibuja su apuesta por OpenAI

El chip es el nuevo petróleo. No es una metáfora desbordada por el entusiasmo tecnológico, sino una descripción casi literal del poder actual de las compañías que fabrican los cerebros invisibles de la inteligencia artificial. Y en ese mapa del poder, NVIDIA ocupa hoy un lugar que ninguna empresa de hardware ha tenido desde la llegada del ordenador personal. Sus procesadores gráficos no solo aceleran imágenes en videojuegos; ahora impulsan descubrimientos científicos, traducen idiomas en tiempo real y diseñan medicamentos. Pero incluso un imperio puede enfrentar límites cuando sus aliados se convierten en competidores.

El gigante que alimenta a los gigantes

NVIDIA no inventó la inteligencia artificial, pero sin sus GPU, la revolución actual sería imposible. Cada vez que un modelo de lenguaje responde una pregunta, cuando un coche autónomo identifica un peatón o un sistema de salud predice una enfermedad, hay una buena probabilidad de que detrás esté un chip de NVIDIA. Sus tecnologías son el sustrato físico sobre el que se construye el futuro digital. Y eso les ha dado un poder económico y estratégico inédito.

La compañía, dirigida por Jensen Huang, ha visto crecer su valor de mercado hasta cotas astronómicas. Pero su influencia va más allá de las acciones en bolsa. Es un arquitecto silencioso del ecosistema de IA, cuyos centros de datos se alimentan de millones de sus procesadores. En algún momento, incluso se barajó un acuerdo colosal una inversión de 100.000 millones de dólares en OpenAI, a cambio de que esta comprara una cantidad equivalente en chips. Era más que financiación; era una alianza de supervivencia mutua.

Un trato que se desinfló

Ese pacto, que habría marcado una era, ahora parece un espejismo. En una cena informal en Taiwán, a comienzos de 2025, Jensen Huang dejó caer una revelación casi casual "nunca hubo un compromiso al 100%" para invertir esos 100.000 millones. La operación, que habría permitido a OpenAI construir infraestructuras con entre cuatro y cinco millones de GPU una cifra que Huang describió como el doble de las que distribuyeron en todo un año, quedó en agua de borrajas.

En su lugar, NVIDIA inyectará unos 30.000 millones de dólares. Una cantidad enorme por cualquier estándar, pero lejos del gigantismo inicial. Y lo más significativo Huang insinuó que esto podría ser la última vez que NVIDIA apuesta directamente por OpenAI. ¿El motivo? "La razón es porque van a salir a bolsa", dijo con la tranquilidad de quien ya ha anticipado el movimiento del rival.

Del regalo a la distancia estratégica

La relación entre NVIDIA y OpenAI no nació en un salón de juntas, sino con un gesto casi simbólico. En 2016, Jensen Huang entregó un servidor DGX-1 a Elon Musk, entonces parte del proyecto que derivaría en OpenAI. Era un regalo caro, pero también una semilla un reconocimiento temprano de que la IA no sería solo software, sino una danza entre algoritmos y hardware. Ahora, esa alianza de orígenes casi románticos parece diluirse.

OpenAI, con Sam Altman al frente, ya no necesita padrinos. Está a punto de sumar 110.000 millones de dólares en capital fresco 30.000 millones de NVIDIA, 50.000 millones de Amazon y 30.000 millones de SoftBank. Es una consolidación masiva, pero también una señal de madurez y de independencia que NVIDIA parece respetar con distancia.

Apuesta por el ecosistema, no por un campeón

Mientras se aleja de grandes apuestas concentradas, NVIDIA redirige su estrategia. Junto al tramo reducido para OpenAI, prepara otros 10.000 millones de dólares para Anthropic, descrita por Huang como la gran rival de OpenAI, no solo en el plano tecnológico, sino también por tensiones personales entre sus líderes "Altman y Amodei no se soportan". Una observación que, dicha así, revela lo humano que aún hay en los grandes movimientos tecnológicos.

Pero incluso esta inversión en Anthropic "probablemente también será la última", anticipó Huang. Ambas empresas están camino de salir a bolsa, y con eso cambia la naturaleza de la relación. NVIDIA ya no será su financiador, sino su proveedor. Y ese cambio de rol marca una nueva fase la del ecosistema abierto.

La estrategia ahora parece clara en lugar de apostar todo a uno o dos jugadores, NVIDIA quiere multiplicar sus apuestas. Menos gigantismo, más diversidad. Menos dependencia, más control. El objetivo es claro que sus GPU y plataformas sigan siendo el estándar universal, el suelo sobre el que cualquiera que quiera construir inteligencia artificial tenga que caminar.

El futuro, fragmentado y acelerado

Lo que está en juego no es solo dinero, sino la gobernanza del desarrollo tecnológico. Mientras las empresas de IA crecen, NVIDIA busca asegurar que la infraestructura que las sostiene siga bajo su influencia. Es una apuesta por la democratización del acceso al poder computacional, aunque desde una posición de dominancia absoluta.

Y en este tablero, hasta un comentario lanzado tras una cena puede tener la fuerza de un comunicado oficial. La tecnología avanza a saltos, pero también se construye con alianzas frágiles, decisiones cambiantes y relaciones personales que pesan tanto como los balances económicos. El futuro no lo escriben solo los algoritmos. Lo escriben los humanos, con sus ambiciones, sus desconfianzas y sus cálculos estratégicos.

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