De 2,31 a 4,95 dólares por hora: el alquiler de una NVIDIA B200 sube 114% y marca el “nuevo suelo” del cómputo en la nube

En seis semanas, el coste por hora de acceso a una NVIDIA B200 pasó de 2,31 a 4,95 dólares (+114%). La demanda de IA supera la oferta y el mercado secundario refleja el cuello de botella.

30 de abril de 2026 a las 17:50h
De 2,31 a 4,95 dólares por hora: el alquiler de una NVIDIA B200 sube 114% y marca el “nuevo suelo” del cómputo en la nube
De 2,31 a 4,95 dólares por hora: el alquiler de una NVIDIA B200 sube 114% y marca el “nuevo suelo” del cómputo en la nube

En febrero nadie podía imaginar que el alquiler de una GPU eso que parece una caja negra para jugadores empedernidos se convertiría en uno de los termómetros más sensibles del pulso de la inteligencia artificial. Hoy, seis semanas después, el precio por hora de acceso a una NVIDIA B200 ha pasado de 2,31 dólares a 4,95, un salto del 114%. No es inflación. Es pánico de capacidad. Es demanda desbocada. Es el mercado diciéndonos algo que los laboratorios ya saben el cómputo es el nuevo petróleo, y escasea.

La subida que nadie detiene

Cada pico en la gráfica coincide con un nombre GPT-5 Codex, Claude 4.5, GPT-5.3 Codex, Claude Opus 4.7, GPT-5.5. No son simples versiones de software. Son eventos que sacuden la infraestructura. Cada nuevo modelo de OpenAI o Anthropic exige más memoria, más velocidad, más flops. Y eso solo lo dan los B200, los monstruos con arquitectura Blackwell. El cómputo más potente disponible en el mercado hoy no da abasto. Y cuando la demanda supera la oferta, ocurre lo inevitable el precio se dispara.

El analista Tomasz Tunguz lo ha trazado con precisión. Sus gráficos, basados en datos del índice Ornn un mercado secundario de cómputo en la nube, muestran cómo cada línea vertical, cada nuevo lanzamiento, empuja el coste hacia arriba. No es acumulación lenta. Es salto cuántico. Y no es solo que los B200 sean caros es que el abismo con la generación anterior, las H200 de arquitectura Hopper, se ha duplicado. Hasta ahora, pagar más por Blackwell valía la pena, pero la prima media era de 1,06 dólares. Hoy, la diferencia se ha disparado a 2,09 dólares por hora. Quien paga ese extra no lo hace por capricho lo hace porque no tiene otra opción si quiere entrenar a la vanguardia.

El mercado secundario y el juego de las sillas

Google ha entrado al ruedo como un jugador sin límites. Según el analista Jack Minor, la compañía ha acaparado todas las B200 que ha podido. Tanto es así que en el mercado gris, el precio de una unidad nueva ronda los 500.000 dólares. No alquilada. Vendida. Estamos ante un escenario de especulación donde el hardware se cotiza como si fuera un commodity estratégico. NVIDIA, claro, ve cómo sus chips se convierten en oro negro. Pero no puede fabricarlos más rápido TSMC, su socio de fabricación, no da abasto. La demanda de IA crece a un ritmo que supera la capacidad de producción global. No es un problema de dinero. Es un cuello de botella físico.

Y mientras tanto, el resto del mundo corre. Amazon apuesta fuerte por sus chips Trainium. Google sigue refinando sus TPU. Huawei, por su parte, impulsa sus Ascend como alternativa en mercados donde el acceso a NVIDIA es limitado. Pero ninguna de estas opciones llena hoy el vacío que dejan las B200. La brecha entre lo que se necesita y lo que hay disponible no se salda con promesas se salda con tiempo y fábricas.

¿Hacia dónde va el precio?

Hay una luz al final del túnel, aunque no llega pronto. Se espera que en la segunda mitad de 2026 entren en funcionamiento nuevas hornadas de B200. Será entonces cuando, quizás, los precios empiecen a ceder. Pero no hay garantías. Porque si la historia ha enseñado algo, es que cada avance en cómputo abre la puerta a modelos aún más grandes, más hambrientos, más intensivos. La IA no se detiene. Y mientras siga avanzando, la presión sobre el hardware será constante.

Lo más revelador, quizás, es que los 4,95 dólares por hora ya no se ven como un pico, sino como un nuevo suelo. Un piso. Por debajo de eso, parece que ya no se puede. No con esta demanda. No con esta velocidad. El cómputo en la nube ya no es solo un servicio técnico es un campo de batalla donde se definen quién puede innovar, quién queda atrás, y quién puede permitirse el lujo de soñar en grande. Y mientras tanto, el reloj sigue corriendo, hora a hora, dólar a dólar.

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