Cuando el olor a pólvora aún flota en el aire y las calles de Valencia se llenan de monumentos efímeros que desafían la lógica y la gravedad, algo nuevo ha irrumpido en la fiesta una inteligencia artificial que saluda en valenciano y te recomienda dónde comer buñuelos cerca de tu ubicación. Se llama Amparito, y aunque su nombre suene a abuela cariñosa, es en realidad el último experimento de Aunoa Software S.L. para llevar la tecnología al corazón de las Fallas.
Hace solo unos años, la idea de tener un asistente digital que te explique qué es un ninot, cuándo es la mascletà más esperada o dónde se quema la falla más espectacular, requería equipos técnicos, meses de desarrollo y presupuestos que solo grandes instituciones podían permitirse. Hoy, conectar una base de datos local a una API de un modelo de lenguaje puede ser suficiente para crear una herramienta funcional en cuestión de semanas. Así nació Amparito, presentada oficialmente como el "Agente IA de las Fallas de Valencia", y que ya lleva varios años puliéndose entre fogata y fogata.
Una asistente con acento valenciano
Amparito está disponible tanto a través de la web de Aunoa como mediante WhatsApp, una elección estratégica que evita que los usuarios tengan que descargar aplicaciones adicionales. Y aunque responde en inglés, valenciano y castellano, es en este último donde muestra su carácter más distintivo le gusta usar giros locales como "no patisques" cuando detecta preocupación en tu pregunta. No es solo una cuestión de traducción, sino de tono, de pertenencia. Es como si hubiera aprendido no solo la lengua, sino el alma de la fiesta.
Su función principal es clara ayudar a vecinos y turistas durante las Fallas 2026. Puedes preguntarle por horarios de eventos, el significado de una ofrenda de flores, o incluso dónde encontrar los mejores buñuelos de calabaza en tu barrio. Y cuando lo haces, no solo te da un nombre, sino que te enlaza a una web que recopila los sitios recomendados. Entiende el contexto, recuerda tus preguntas anteriores y ajusta sus respuestas para que parezca que lleva un hilo conversacional coherente.
La cara humana de la IA fallera
Pero no todo es perfección. Como toda inteligencia artificial, Amparito también alucina. En una prueba reciente, se le subió la foto de una falla antigua, y la identificó como si fuera una de las del año actual. Cuando se le señaló el error, aceptó la corrección con educación… solo para cometer el mismo fallo minutos después. Es un recordatorio claro de que, detrás de cada respuesta aparentemente humana, hay un sistema que aún no entiende el tiempo, la historia o la memoria como lo hacemos nosotros.
Y sin embargo, su utilidad no debe subestimarse. Las Fallas son un caos organizado cientos de eventos simultáneos, horarios cambiantes, tradiciones que se transmiten de generación en generación, y una avalancha de turistas que llegan sin saber por dónde empezar. En ese contexto, tener un agente que responda en segundos a preguntas como "¿dónde está la mascletà de hoy?" o "¿qué significa este cartel de falla?" puede marcar la diferencia entre disfrutar la fiesta o perderse en ella.
El auge de los chatbots de fiesta
Amparito no es un caso aislado. El año pasado, en Málaga, un chatbot llamado TuFerIA ofreció asistencia durante la feria, incluyendo un servicio de llamadas de voz pensado especialmente para personas invidentes o mayores. En Sevilla, también a través de WhatsApp, se lanzó una herramienta similar para guiar a los visitantes durante la Feria. Todos comparten la misma idea la información ya no se consume en menús jerárquicos ni en documentos PDF; se pregunta, y se espera una respuesta inmediata.
Este fenómeno recuerda mucho a lo que ocurrió con el auge de las aplicaciones móviles en 2010, cuando el eslogan "hay una app para eso" se convirtió en una promesa cultural. Hoy, ese eslogan podría reescribirse como "hay un chatbot para eso". La diferencia es que ahora no necesitas ir a una tienda ni instalar nada. Solo necesitas abrir una conversación.
¿Innovación o simple tendencia?
Claro, también hay escepticismo. Muchos podrán argumentar que la mayoría de las preguntas que responde Amparito podrían resolverse con una búsqueda rápida en Google o una guía bien estructurada. Y tienen razón. Pero eso no captura el cambio más profundo que estamos viviendo ya no queremos buscar, queremos conversar. Queremos sentir que alguien nos escucha, aunque ese alguien sea un algoritmo entrenado con datos de fallas, buñuelos y saludos en valenciano.
Las Fallas son una celebración de la transitoriedad. Todo se construye para arder. Y tal vez, en ese espíritu, Amparito también sea efímera. O quizás, como las mejores fallas, deje una huella que va más allá del fuego. Porque al final, no se trata solo de tecnología. Se trata de cómo la usamos para mantener vivas nuestras tradiciones, para hacerlas más accesibles, más inclusivas, más humanas.
Y si para eso necesitamos una IA que nos diga "no patisques" mientras nos recomienda un buen churro, bienvenida sea.