En el mapa de la inteligencia artificial europea, las ciudades ya no compiten solo con universidades o empresas. Ahora lo hacen con megacentros de datos, kilómetros de fibra óptica y acuerdos entre gobiernos y gigantes inmobiliarios. Y en este nuevo tablero geopolítico tecnológico, una inmobiliaria española ha hecho una jugada que nadie esperaba Merlin Properties, hasta hace poco conocida por sus edificios de oficinas en Madrid, ahora aspira a construir una de las cinco gigafactorías de IA que la Unión Europea quiere levantar para no quedarse atrás frente a Estados Unidos y China.
Del ladrillo a los gigawatts
Merlin no empezó en el negocio de la computación avanzada. Es una de las principales compañías inmobiliarias cotizadas en el Ibex 35, con décadas de experiencia en activos urbanos. Pero en 2023 dio un giro radical. Comenzó a invertir en infraestructura tecnológica, apostando por centros de datos eficientes y escalables. Su apuesta no es menor la primera fase de su plan prevé 64 megavatios (MW) operativos antes de octubre de este año, repartidos entre Madrid, Álava y Barcelona.
Lo que parecía una expansión lógica dentro de España ha tomado un rumbo inesperado. Tras anunciar previamente sus intenciones de construir en Getafe y Álava, Merlin cambió de estrategia. El Gobierno de Pedro Sánchez, en enero, decidió presentar una candidatura nacional para una gigafactoría europea, pero eligió otras ubicaciones San Fernando de Henares y Móra de la Nova. Esa decisión abrió la puerta a que Merlin buscara fuera.
La alianza transfronteriza
Y la encontró en Lisboa. Merlin ha decidido aliarse con el Gobierno portugués para presentar una candidatura conjunta a una de las cinco gigafactorías del programa InvestAI, impulsado por Bruselas. Esta iniciativa busca movilizar 20.000 millones de euros para construir infraestructuras de computación avanzada en la UE. El premio para quien gane en Lisboa podría ser de hasta 4.000 millones de euros en financiación europea.
El proyecto no parte de cero. Merlin ya está construyendo una infraestructura en la capital portuguesa, con una capacidad inicial de 80 MW. Pero la ambición es mucho mayor hay espacio para ampliar otros 220 MW en fases posteriores, lo que la convertiría en una de las instalaciones más potentes del continente. Además, el consorcio incluye a su socio estadounidense Edge Energy, así como a la eléctrica portuguesa EDP, una pieza clave para garantizar el suministro energético sostenible.
Una decisión estratégica, no emocional
Que una compañía española opte por Portugal no es solo una cuestión de ubicación. Es un cálculo frío de oportunidades. Mientras España canaliza su propuesta a través de un consorcio liderado por Telefónica, ACS, MasOrange, Nvidia y la llamada SEPI digital, Merlin no ha querido quedarse esperando. Ha decidido mover ficha con rapidez. La candidatura de Lisboa se presentará en el primer semestre de 2026, con decisión prevista por la Comisión Europea a finales de ese año.
Y mientras tanto, Merlin ya está asegurando clientes. Recientemente firmó un contrato con Coreweave, una empresa estadounidense especializada en infraestructura para IA, para ofrecerle 48 MW en su centro de Álava. Un dato revelador aunque la candidatura española no incluyera sus ubicaciones, Merlin sigue desarrollando su red. En el fondo, su estrategia es clara construir infraestructura, alquilar capacidad y escalar, sin depender únicamente de subvenciones.
Refrigeración sin ríos
Uno de los aspectos más técnicos pero decisivos en este negocio es la refrigeración. Los centros de datos tradicionales consumen cantidades ingentes de agua para enfriar los servidores. Merlin y Edge Energy han apostado por tecnologías que no dependen de un flujo constante de agua. Esto no solo reduce el impacto ambiental, sino que elimina un freno clave en regiones con escasez hídrica. Es una ventaja competitiva silenciosa, pero fundamental.
La compañía prevé estabilizar su primera fase de desarrollo en 2027. Para 2029, aspira a superar los 200 MW adicionales, incluyendo Lisboa. Y más allá, hay planes aún más ambiciosos dos megacentros en Extremadura, con una capacidad combinada de 2 gigavatios. Aunque aún sin fecha de inicio, el mensaje es claro Merlin ya no es solo inmobiliaria. Es infraestructura crítica.
El nuevo campo de batalla europeo
Detrás de esta carrera por las gigafactorías hay una preocupación real Europa no quiere repetir el error de la década pasada, cuando se quedó atrás en la fabricación de chips o en el desarrollo de plataformas digitales globales. InvestAI no es solo un programa de financiación. Es un escudo estratégico. Bruselas quiere que Europa tenga capacidad propia para entrenar modelos de IA sin depender de servidores en Virginia o Shanghái.
Y en ese escenario, empresas como Merlin pasan de ser actores secundarios a piezas fundamentales. No diseñan algoritmos ni fabrican GPUs. Pero sin sus centros de datos, nada de eso funcionaría. Son los nuevos proveedores de energía digital, los que construyen los cimientos sobre los que se levantará el futuro de la inteligencia artificial europea.
La frontera entre países ya no se define solo por ríos o montañas. Ahora también por megavatios, alianzas y decisiones empresariales que reconfiguran el mapa tecnológico del continente. Y en ese mapa, Lisboa podría convertirse en un nodo clave, no por su historia, sino por su capacidad de cómputo. Mientras tanto, Getafe y Álava seguirán albergando centros de datos, aunque no sean los elegidos para la gran apuesta estatal. Porque en esta nueva era, la tecnología no espera. Y los que vacilan, se quedan fuera.