En 2025, la revista Time incluyó a Karen Hao entre las 100 personas más influyentes en inteligencia artificial. No por crear algoritmos ni por entrenar modelos, sino por mirarlos de frente, sin pestañear, y describir lo que ve. Su mirada no es técnica, es ética. No viene desde un laboratorio, sino desde las calles de Nairobi, las oficinas de San Francisco y las librerías de Madrid, donde su libro El Imperio de la IA ha llegado con más de 600 páginas de denuncia, investigación y memoria histórica.
Hao lleva años siguiendo el rastro de la IA como periodista. Desde Hong Kong, ha escrito para The Atlantic y The Wall Street Journal, pero fue su decisión de escribir un libro lo que la convirtió en una voz incómoda para quienes prefieren que la inteligencia artificial siga siendo contada como una historia de progreso inevitable. Su obra, fruto de más de 250 entrevistas, no solo desentraña cómo se construye la IA, sino quién la construye, a costa de qué y con qué narrativa.
El imperio que no se nombra
La metáfora del imperio no es casual. Para Hao, las grandes tecnológicas que desarrollan modelos de IA no están simplemente innovando; están replicando dinámicas de dominio y extracción que ya conocimos en el colonialismo. No colonizan territorios, colonizan datos, tiempo, mente y trabajo humano.
Desde Kenia hasta Filipinas, empresas como OpenAI y otras del sector subcontratan a decenas de miles de trabajadores del Sur Global para que filtren y moderen contenido tóxico generado por la IA. En 2021, Hao viajó a Kenia y descubrió que estos empleados pasaban ocho horas diarias sumergidos en el peor material que internet puede ofrecer violencia, pedofilia, odio. El impacto psicológico fue devastador.
"Desarrollaron estrés postraumático, ansiedad y depresión y, años después, muchos siguen teniendo dificultades para mantener un empleo normal porque no se sienten personas completas" - Karen Hao, periodista y autora de El Imperio de la IA
Estos trabajadores, mal pagados y mal protegidos, son el cimiento invisible de la IA que se vende como limpia, mágica y revolucionaria. La inteligencia artificial no es artificial en su costo humano. Su brillantez se paga con la salud mental de quienes no aparecen en los comunicados de prensa.
La fuga de cerebros y la privatización del conocimiento
Si el trabajo invisible sustenta la IA desde abajo, desde arriba otro fenómeno la distorsiona la industria tecnológica se ha convertido en el mayor cazatalentos del mundo académico. Las universidades pierden a sus mejores investigadores no por falta de interés, sino por salarios que ni siquiera se discuten. Millones de dólares por año, a cambio de que esos científicos dejen de trabajar para el bien común y empiecen a hacerlo para intereses privados.
El resultado es una privatización del conocimiento que Hao compara con una pesadilla climática ¿Qué sabríamos del cambio climático si todos los científicos trabajaran para las petroleras? La respuesta es obvia. Y sin embargo, con la IA estamos viviendo ese escenario. Las empresas deciden qué se publica, qué se oculta, qué se investiga. La transparencia es selectiva, el acceso controlado.
"Si todos los científicos climáticos estuvieran a sueldo de las compañías del petróleo, no tendríamos ni idea de los efectos de la crisis medioambiental" - Karen Hao
El conocimiento ya no es un bien común. Es un recurso estratégico, como el petróleo o el uranio. Y las grandes tecnológicas lo acumulan, lo protegen y lo usan para consolidar su poder.
OpenAI del idealismo al imperio
OpenAI nació en 2015 como un sueño colectivo. Fundada por Sam Altman y Elon Musk, se presentaba como una organización sin ánimo de lucro, abierta, transparente, con el objetivo de desarrollar IA para el beneficio de la humanidad. Pero en 2019, el sueño cambió de rumbo. El dinero se convirtió en el cuello de botella. Entrenar modelos cada vez más grandes requería superordenadores, energía, datos y capital. Demasiado para una fundación.
La empresa cambió de modelo. Abandonó parte de su espíritu original. Y Hao, que visitó sus oficinas en San Francisco ese mismo año, lo notó. Ya no era solo un laboratorio de investigación, sino una máquina de competir. El ambiente académico se mezclaba con un secretismo inquietante, una sensación de carrera sin meta clara.
"No hay una visión estratégica clara por parte de Altman sobre la dirección de la empresa" - empleados de OpenAI, según Karen Hao
Sam Altman, hoy figura central de la IA global, es retratado por Hao como un hombre movido por el acceso al poder, no solo por la tecnología. Le motiva estar en la sala donde se toman las decisiones, ser quien define el futuro. Ha dicho que su trabajo es el más importante del mundo. Y lo repite según la audiencia a los consumidores les vende magia, a los reguladores les habla de curar el cáncer, a los inversores les promete 100.000 millones de dólares.
"Lo motiva estar en la sala donde ocurren las cosas, ser quien toma las decisiones" - Karen Hao
En 2023, fue despedido de OpenAI y reincorporado cinco días después. Un episodio caótico que reveló tensiones internas, pero también la fragilidad de una gobernanza que parece más cercana al reinado que a la gestión colectiva.
La narrativa del imperio bueno
Uno de los movimientos más hábiles del poder no es imponer su visión, sino definir al enemigo. Para Hao, las tecnológicas occidentales se presentan como un imperio bueno, con una misión mesiánica salvar a la humanidad con la IA. Y frente a ellos, hay un imperio malvado China. Si los chinos llegan primero, la humanidad se condena. Es una narrativa poderosa, repetida sin cesar, que justifica cualquier medida, cualquier costo, cualquier secreto.
Pero esta dicotomía sirve para ocultar lo esencial que el problema no es quién llegue primero, sino hacia dónde va el tren. Porque si el tren está construido con datos robados, trabajo explotado, conocimiento privatizado y decisiones en manos de unos pocos, no importa quién lo conduzca. El destino será autoritario.
Un libro que quiere cambiar la conversación
Karen Hao escribió El Imperio de la IA porque vio un vacío. No faltan libros técnicos ni informes de mercado. Faltaba una mirada crítica, documentada, humana. Faltaba alguien que contara no solo cómo funciona la IA, sino cómo nos está transformando como sociedad.
Su esperanza no es derrotar a los imperios, sino hacerlos visibles. Porque los imperios son antitéticos a la democracia. Ambos no pueden coexistir en el mundo. Y si queremos democracia, primero tenemos que nombrar lo que está en juego. No es solo tecnología. Es poder. Es memoria. Es futuro.
Leer a Hao no es cómodo. Pero tampoco lo es dejar que otros escriban nuestra historia mientras creemos que solo estamos usando una app.