Diez fábricas de baterías para 2 millones de coches eléctricos cambian rumbo hacia centros de datos de IA

"La energía, no el coche, se está convirtiendo en el motor de los beneficios" y Tesla ya lo refleja en sus cuentas

13 de febrero de 2026 a las 17:50h
Diez fábricas de baterías para 2 millones de coches eléctricos cambian rumbo hacia centros de datos de IA
Diez fábricas de baterías para 2 millones de coches eléctricos cambian rumbo hacia centros de datos de IA

Diez fábricas en Estados Unidos que nacieron con un propósito claro abastecer la revolución de los coches eléctricos están cambiando de rumbo. Hoy, buena parte de su producción se desvía hacia un nuevo cliente los centros de datos que alimentan la inteligencia artificial. No se trata de un giro menor. Es una reconfiguración estratégica que revela cómo los vientos tecnológicos están redibujando industrias enteras, dejando atrás viejas apuestas y abriendo nuevas brechas en la economía global.

El motor ya no es el coche

La transición energética se está bifurcando. Mientras el camino hacia la movilidad eléctrica enfrenta baches en Estados Unidos, otro frente el del almacenamiento de energía para infraestructura digital está ganando velocidad. Las diez plantas implicadas han cancelado capacidad suficiente para fabricar baterías destinadas a dos millones de vehículos eléctricos. Siete de ellas ahora apuntan principalmente al mercado de sistemas de almacenamiento energético, conocidos como ESS. Es un cambio de rumbo que no se limita a la producción es un cambio de destino.

Ford está modificando una fábrica en Kentucky. Stellantis, junto con su socio Samsung SDI, está reconvirtiendo líneas de producción en Indiana. General Motors, por su parte, ya ha anunciado que también está considerando fabricar sus propias baterías para almacenamiento energético. Lo que antes era infraestructura para mover personas, ahora sirve para mover datos.

La IA necesita batería, no gasolina

Los centros de datos que entrenan modelos de inteligencia artificial no funcionan con combustible fósil ni con software únicamente. Requieren una alimentación eléctrica ininterrumpida. Un corte de corriente de apenas segundos puede arruinar horas de procesamiento intensivo. Las fluctuaciones de voltaje son enemigas del rendimiento. La estabilidad eléctrica se ha convertido en un bien estratégico, casi tan valioso como el propio algoritmo.

Este boom en la construcción de centros de datos en suelo estadounidense ha convertido las baterías de almacenamiento en un componente crítico. Y no cualquier batería se necesitan sistemas de larga duración, capaces de mantener el flujo de energía durante picos de demanda o fallos en la red. Las mismas tecnologías que impulsan coches eléctricos como las de iones de litio y, en particular, las de fosfato de hierro y litio son ahora clave en servidores y racks de GPU.

Un salvavidas para la industria automotriz

Este cambio no es solo tecnológico. Es económico. Mientras el mercado de vehículos eléctricos en Estados Unidos se desacelera, el almacenamiento energético se convierte en una vía de ingresos alternativa para fabricantes que enfrentan dificultades. Desde que la administración anterior eliminó incentivos fiscales para compradores de vehículos eléctricos y relajó normas de emisiones, la demanda ha flaqueado. Hoy, los eléctricos representan apenas el 8% de las ventas nuevas.

BloombergNEF lo ha cuantificado de esperar que los eléctricos alcanzaran el 48% del mercado en 2030, ahora proyecta solo un 27%. La euforia inicial se ha enfriado, y con ella, la urgencia por producir baterías para coches.

Tesla, el faro del cambio

Nadie ilustra mejor esta transición que Tesla. La compañía de Elon Musk, pionera en vehículos eléctricos, reportó en su último trimestre ingresos por energía y almacenamiento de 12.800 millones de dólares. Un crecimiento del 27% respecto al año anterior. En 2021, esa cifra era de apenas 2.800 millones. Mientras tanto, sus ingresos por ventas de vehículos eléctricos han caído un 9%, hasta los 64.000 millones.

El mensaje está claro la energía, no el coche, se está convirtiendo en el motor de los beneficios. Y Tesla no es una excepción. Es un adelanto del futuro.

El mapa de incentivos ha cambiado

El giro no es solo de mercado. También es político. Mientras los subsidios para compradores de vehículos eléctricos se han reducido o eliminado, los incentivos para el almacenamiento energético se mantienen firmes. Existe un crédito de producción de 35 dólares por kilovatio-hora y un crédito fiscal del 30% para inversiones en almacenamiento.

Además, los aranceles a las baterías chinas de almacenamiento rondan el 60%. Esto permite a los fabricantes estadounidenses competir en precio sin depender de importaciones baratas. Una ventaja estratégica. Y no menor producir aquí ya no es más caro, sino más inteligente.

"Los fabricantes de baterías no trasladarán necesariamente lo que se ahorran en costes a sus clientes. Pueden aumentar sus márgenes, pa" qué" - Sam Adham, analista de CRU

Los nuevos mineros de datos

La transformación llega incluso a los antiguos mineros de criptomonedas. Según Morgan Stanley, muchas instalaciones que antes dedicaban sus potentes sistemas de cómputo a extraer bitcoins ahora ven un negocio más rentable convertirse en centros de datos para inteligencia artificial. La recompensa por minar ha caído. La demanda de procesamiento para IA, en cambio, explota.

Transformar todas las instalaciones de minería de bitcoin en Estados Unidos podría reducir el déficit de capacidad eléctrica para centros de datos entre 10 y 15 gigavatios. Es como si, de la noche a la mañana, un país pequeño apareciera con nueva capacidad energética. Los viejos templos de la blockchain se están convirtiendo en catedrales de la inteligencia artificial.

¿Un paso adelante o una trampa?

Pero no todo es camino libre. Los datos de Wood Mackenzie indican que, hasta finales de 2030, los vehículos eléctricos seguirán absorbiendo una mayor proporción de las instalaciones de baterías que el almacenamiento energético. Y hay un riesgo claro si la demanda de eléctricos repunta, las empresas que hayan apostado todo al almacenamiento podrían quedarse atrás.

Milan Thakore, analista de la consultora, lo advierte con claridad el cambio hacia el almacenamiento es rentable ahora, pero no garantiza el futuro. El reloj de la movilidad eléctrica podría volver a acelerarse.

El precio de la adaptación

Estados Unidos está viviendo un momento de reconfiguración industrial sin precedentes. Fábricas que nacieron para un sueño el de un transporte limpio y autónomo están siendo reconvertidas para sostener otro el de una inteligencia artificial siempre encendida, siempre disponible.

La ironía no es menor la transición energética, pensada para reducir emisiones, está ayudando a sostener una industria digital que consume energía a un ritmo creciente. Y mientras tanto, las empresas que apostaron por el futuro del transporte descubren que su verdadero mercado puede estar, literalmente, en otro lugar.

El mundo cambia. Y a veces, las baterías que diseñaste para mover un coche terminan moviendo algo mucho más pesado el futuro.

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