Disney acusa a Seedance 2.0 de tratar a Mickey Mouse como simple clipart del siglo XXI

El día siguiente al lanzamiento, Disney envió un requerimiento formal a ByteDance. Acusaba a la empresa china de haber entrenado su modelo con una biblioteca de obras protegidas, incluyendo personajes de Star Wars, Marvel y otros universos de fantasía.

22 de febrero de 2026 a las 15:45h
Disney acusa a Seedance 2.0 de tratar a Mickey Mouse como simple clipart del siglo XXI
Disney acusa a Seedance 2.0 de tratar a Mickey Mouse como simple clipart del siglo XXI

El 12 de febrero, ByteDance lanzó Seedance 2.0, un modelo de inteligencia artificial capaz de generar vídeos realistas a partir de texto. En cuestión de horas, circularon imágenes que dejaron boquiabiertos a muchos Brad Pitt y Tom Cruise enzarzados en una pelea épica, como si hubieran salido de una película de acción de los 90. Pero detrás de ese asombro, algo empezó a tambalearse. No era arte. Era una bomba de relojería.

Cuando la creatividad pisa derechos ajenos

La tecnología avanza a velocidad de vértigo, pero las leyes y los derechos de autor no siempre logran seguir el ritmo. Seedance 2.0 permitía crear imágenes y vídeos de personajes icónicos como Mickey Mouse, Iron Man o Luke Skywalker, todo desde una simple descripción textual. El problema no era que funcionara bien, sino que funcionaba demasiado bien. Y eso encendió todas las alarmas en Hollywood.

El día siguiente al lanzamiento, Disney envió un requerimiento formal a ByteDance. Acusaba a la empresa china de haber entrenado su modelo con una biblioteca de obras protegidas, incluyendo personajes de Star Wars, Marvel y otros universos de fantasía. Según Disney, la IA trataba sus personajes como si fueran simples dibujos libres de derechos, como clipart del siglo XXI. Esa comparación no fue casual fue un golpe directo al modo en que muchas empresas manejan hoy la propiedad intelectual en la era de la IA.

Pocos días después, Paramount y Skydance también llegaron con sus propias cartas de cese y desistimiento. No se trataba ya de una queja aislada, sino de una señal clara el entretenimiento no está dispuesto a regalar su patrimonio cultural a algoritmos no supervisados.

La respuesta freno de emergencia

Frente a la presión, ByteDance no tardó en reaccionar. En un comunicado emitido el domingo, reconoció que había escuchado las preocupaciones.

"Hemos escuchado las preocupaciones en torno a Seedance 2.0. Estamos adoptando medidas para reforzar las actuales salvaguardas mientras trabajamos para evitar que los usuarios hagan un uso no autorizado de la propiedad intelectual y de la imagen de otras personas"

 

La declaración suena a diplomacia corporativa, pero las acciones ya comenzaron. Según informaciones, la compañía suspendió la posibilidad de que los usuarios suban imágenes de personas reales. Un paso pequeño, pero significativo. Es como si, de pronto, le quitaran las llaves del coche al conductor más rápido del barrio.

El grito de los actores

Mientras las grandes corporaciones defienden sus marcas, los que están detrás de los personajes también alzan la voz. SAG-AFTRA, el sindicato de actores y artistas de EE. UU., emitió un comunicado expresando su preocupación por el uso no autorizado de la voz y la imagen de sus miembros. Para ellos, no se trata solo de propiedad intelectual, sino de identidad, de dignidad, de control sobre el cuerpo y la voz que han trabajado toda una vida.

Brad Pitt puede parecer inmortal en pantalla, pero no tiene por qué pelear contra Tom Cruise en un ring virtual sin su permiso. Y mucho menos si ese combate se usa para entrenar modelos de IA sin compensación alguna.

El patrón se repite

Este no es un caso aislado. En 2025, Disney hizo lo mismo con Character.ai, obligando a la retirada de chatbots basados en sus personajes. Ese mismo año, junto a MBCUniversal, demandó a Midjourney por generar imágenes que vulneraban sus derechos. Ambos casos siguen abiertos, pero ya dejaron huella.

Y hay un giro aún más revelador Disney también firmó un acuerdo de tres años con OpenAI, valorado en 1.000 millones de dólares, para permitir que el generador de vídeo Sora AI use personajes como Cenicienta o Mickey Mouse. Aquí está la clave Disney no rechaza la IA, la regula. Y lo hace a cambio de un control absoluto y un beneficio económico claro.

Es un doble mensaje. A unos les dice no pueden usar esto. A otros les ofrece si pagan, pueden usarlo. Y entre medias, una industria entera que intenta entender las nuevas reglas del juego.

El futuro no es solo tecnológico, es ético

La tecnología no es buena ni mala por sí misma. Pero su desarrollo exige responsabilidad. Seedance 2.0 es un ejemplo perfecto de cómo un avance espectacular puede convertirse en un campo minado si no se construye con límites claros. La creatividad no debe pisotear los derechos de los creadores, ni los personajes deben ser despojados de su historia solo porque un algoritmo los pueda recrear.

En este nuevo escenario, las preguntas ya no son solo técnicas. Son humanas. ¿Quién tiene derecho a representar a un actor después de que retire? ¿Puede una máquina heredar la voz de un cantante fallecido? ¿Dónde está el límite entre la inspiración y el robo?

ByteDance dio un paso atrás. Pero el camino sigue abierto. Y esta vez, no basta con corregir el código. Hay que programar también la ética.

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