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Washington ha colocado la inteligencia artificial en el centro de su pulso con Pekín.
La Agencia de Ciberseguridad y Seguridad de las Infraestructuras de Estados Unidos acusa a China de extraer funcionalidades y capacidades patentadas de modelos estadounidenses mediante campañas de extracción de conocimiento a escala industrial. La denuncia describe un movimiento menos vistoso que el robo de un chip, pero igual de sensible en una carrera donde copiar la salida de un sistema puede ahorrar años de trabajo.
La acusación dibuja un atajo técnico para competir
El mecanismo que cita la agencia es la destilación, una técnica con la que un modelo más pequeño aprende a imitar las respuestas de otro más capaz. Dicho de forma sencilla, no hace falta abrir la máquina para intentar reproducir parte de su comportamiento, basta con observar millones de respuestas y entrenar después al alumno. Ahí encaja la acusación de accesos no autorizados y violaciones de los términos de uso.
Desde finales de 2024, sostiene el comunicado, empresas chinas habrían usado múltiples vías para obtener ese acceso con probable conocimiento del Gobierno chino.
En la lista aparecen DeepSeek, Moonshot AI, Alibaba, MiniMax, StepFun y Z.AI. Del otro lado figuran Claude, GPT, Gemini y Grok, sistemas de referencia cuya producción habría servido para extraer millones de tokens a través de millones de intercambios.
La acusación no llega en un vacío político, porque coincide con un mes en el que la Casa Blanca prevé recibir a Xi Jinping para una reunión con Donald Trump. Cuando una disputa técnica entra en ese nivel diplomático, deja de ser un problema de laboratorio y pasa a tocar comercio, seguridad y prestigio nacional.
Pekín rechaza el relato y reivindica su propia base científica
Mao Ning, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, respondió en rueda de prensa a esas acusaciones.
"El desarrollo de la inteligencia artificial en China es el resultado de haber alcanzado un alto nivel de autosuficiencia y solidez en ciencia y tecnología" - Mao Ning, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino
Después pidió a Estados Unidos que se abstenga de lanzar acusaciones infundadas y de difamar a China. También defendió que ambos países, por su peso en la IA, deben reforzar la cooperación, una idea que choca con el tono del aviso estadounidense.
Esa doble escena, acusación por un lado y llamamiento a cooperar por otro, resume bien el momento. Los dos gobiernos hablan del mismo campo tecnológico, pero lo describen con lenguajes opuestos, uno de amenaza y otro de autosuficiencia.
Las startups piden cautela cuando el mercado ya depende de ambos países
En julio, decenas de startups escribieron a la Administración Trump para pedirle que se lo pensara dos veces antes de imponer una prohibición total o restricciones estrictas a los modelos extranjeros. El argumento de fondo resulta fácil de entender, porque una barrera absoluta no solo castiga a rivales geopolíticos, también puede estrechar el margen de maniobra de empresas estadounidenses que compiten y construyen productos en un mercado cada vez más entrelazado.
Ese equilibrio entre seguridad y acceso ya había aparecido en el reparto global de modelos, donde la competencia entre ambos países absorbe casi todo el uso real. También asoma en la brecha técnica con DeepSeek, medida ya en meses y no en décadas.
Al final, la tensión no gira solo en torno a quién inventa primero, sino a quién aprende más deprisa del rival. Y en esta disputa la cifra que más pesa no es un porcentaje ni una fecha, sino esa imagen de millones de tokens obtenidos en millones de intercambios.