EE.UU. gastó 410.000 millones en IA en 2025 y Goldman Sachs dice que su impacto en el PIB fue casi cero

"Básicamente cero": así resumió Goldman Sachs el efecto de la inversión en IA sobre la economía de EE.UU.

30 de marzo de 2026 a las 18:45h
EE.UU. gastó 410.000 millones en IA en 2025 y Goldman Sachs dice que su impacto en el PIB fue casi cero
EE.UU. gastó 410.000 millones en IA en 2025 y Goldman Sachs dice que su impacto en el PIB fue casi cero

Cuando uno imagina el futuro, a menudo lo hace con imágenes de máquinas inteligentes, ciudades automatizadas y economías impulsadas por algoritmos. Hoy, Estados Unidos parece estar invirtiendo como si ese futuro ya hubiera llegado. En 2025, el país destinó 410.000 millones de dólares a inteligencia artificial. Para 2026, las grandes tecnológicas prevén gastar cerca de 650.000 millones. Es una cifra casi imposible de visualizar equivale a 1,2 millones de dólares por minuto durante todo un año. Suena a revolución. Pero, ¿y si todo ese dinero aún no ha generado el terremoto económico que todos esperaban?

El mito del boom económico

En medio del frenesí tecnológico, circularon análisis que afirmaban que la IA había sido responsable del 92% del crecimiento del PIB de Estados Unidos en 2025. Una cifra tan espectacular que roza lo inverosímil. A esa narrativa se aferraron muchos inversores, políticos, medios. Pero detrás de los titulares, los economistas más rigurosos levantaban la ceja. Jan Hatzius, economista jefe de Goldman Sachs, fue contundente el impacto de la inversión en IA sobre la economía estadounidense en 2025 fue "básicamente cero".

Esa afirmación no niega que la IA esté transformando las empresas. Pero sí pone en duda una idea extendida que más inversión equivale directamente a más crecimiento económico. "Hay mucha desinformación", señala Hatzius, "sobre el impacto de la inversión en IA en el PIB de EE.UU.". Y no está solo. Economistas de JP Morgan y Morgan Stanley coinciden la contribución real de la IA al crecimiento económico es más cercana a cero de lo que los discursos triunfalistas quieren hacer creer.

¿Dónde está el dinero?

La paradoja es fascinante. Se gasta una fortuna, pero el PIB nacional no lo refleja. Parte de la explicación es tan simple como incómoda mucho de ese dinero no se queda en Estados Unidos. La infraestructura de la IA depende de componentes clave fabricados en otras partes del mundo. GPUs, memorias y chips avanzados llegan principalmente de Taiwán y Corea. Así que cuando una empresa estadounidense compra miles de procesadores para alimentar sus centros de datos, buena parte de ese valor se registra en las cuentas nacionales de Asia.

"Mucha de la inversión en IA que estamos viendo en EE.UU. en realidad añade al PIB de Taiwán o Corea, pero realmente no tanto al PIB de EE.UU." - Jan Hatzius, economista jefe de Goldman Sachs

Hanna Rubinton, otra economista, estimó que el gasto en IA contribuyó en un 39% al crecimiento económico durante los primeros nueve meses de 2025. Pero incluso ella reconoció que su cálculo incluía gastos en software y ordenadores que no necesariamente estaban relacionados con IA. En otras palabras el halo tecnológico puede estar inflando la percepción de impacto real.

Economía bifurcada

Este desfase entre inversión y resultados tangibles ayuda a entender un fenómeno extraño que se observó en noviembre del año pasado una economía que crecía al 4% al tiempo que multiplicaba los despidos. Un escenario que algunos han bautizado como "economía bifurcada". Por un lado, los grandes centros tecnológicos y financieros parecen estar en plena expansión. Por otro, millones de personas sienten una inseguridad creciente. Las mejoras de productividad que promete la IA no se distribuyen de forma equitativa. A menudo, se quedan dentro de las empresas, sin traducirse en salarios más altos, empleos nuevos o bienestar generalizado.

La inversión en IA no es un mal en sí misma. Pero tampoco es una varita mágica. Detrás de cada millón de dólares en servidores y algoritmos hay una cadena de decisiones dónde fabricar, dónde instalar, dónde emplear. Y esas decisiones definen quién se beneficia, y quién queda fuera. El crecimiento tecnológico no es lineal, ni automático. Requiere tiempo, adaptación y una redistribución del valor que aún no ha llegado.

Así que mientras las proyecciones para 2026 anuncian más inversión, más infraestructura y más promesas, conviene recordar que el verdadero impacto de la IA no se mide solo en dólares gastados, sino en cómo esos dólares transforman la vida de las personas. Y por ahora, ese efecto sigue siendo más silencioso, más distribuido y mucho menos estadounidense de lo que parece.

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