El gobierno de Estados Unidos ha dado un giro abrupto en su estrategia tecnológica al pactar con Google DeepMind, Microsoft y xAI la revisión obligatoria de sus modelos de inteligencia artificial antes de que lleguen al mercado. Las empresas deberán someter sus sistemas a escrutinio previo para garantizar que no suponen una amenaza antes de su despliegue público.
Esta decisión marca el fin de la era de la no intervención que caracterizó a la Administración de Trump durante sus primeros años. Hasta ahora, Washington había optado por dejar vía libre a Silicon Valley con la esperanza de vencer a China en la carrera por la supremacía digital.
La sombra de Mythos cambia las reglas
Un detonante clave para este cambio de rumbo fue el reciente anuncio de Anthropic sobre su modelo de ciberseguridad llamado Mythos. La empresa decidió no liberar esta herramienta al público general debido a su extrema capacidad para identificar vulnerabilidades críticas en cualquier software existente.
Anthropic limitó el acceso a Mythos exclusivamente a un grupo selecto de compañías americanas. Este movimiento evidenció los riesgos latentes de publicar tecnologías de doble uso sin filtros de seguridad adecuados.
«La ampliación de la colaboración con los principales laboratorios de IA de EE.UU. permitirá realizar evaluaciones previas al despliegue y otras investigaciones» - Instituto Nacional de Estándares y Tecnología del Departamento de Comercio de EE.UU.
El Centro de Estándares e Innovación en IA (CAISI) anunció estos acuerdos el martes 5 de mayo de 2026. Esta entidad dependiente del Departamento de Comercio asumirá la tarea de llevar a cabo las evaluaciones previas al despliegue e investigaciones específicas.
Su objetivo principal es evaluar mejor las capacidades de la inteligencia artificial de vanguardia. De este modo buscan mejorar la seguridad global de estos sistemas cada vez más complejos.
Nuevos actores en la Casa Blanca
La reestructuración de la política tecnológica llegó tras la salida en marzo de David Sacks, conocido popularmente como el «zar de la IA». Su marcha dejó un vacío de liderazgo que ha sido ocupado por figuras con perfiles distintos.
Susie Wiles, jefa de gabinete de la Casa Blanca, y Scott Bessent, secretario del Tesoro, han asumido ahora un papel protagonista. Ambos definen la nueva hoja de ruta que prioriza el control sobre la velocidad de implementación.
El equilibrio entre innovación y seguridad se ha vuelto frágil.
La tensión entre ganar la carrera tecnológica y evitar catástrofes digitales define el nuevo escenario. Las grandes corporaciones ahora deben navegar un entorno donde la confianza gubernamental depende de la transparencia absoluta en sus laboratorios.